lunes, 23 de enero de 2017

(España) Del módulo de madres al cuchillo del padre: así vivía la 'niña de la cárcel' de Picassent

Son casi las nueve de la mañana del viernes 30 de diciembre y Stytlianos Messinezis comparte un premonitorio y macabro mensaje en su cuenta de Facebook: “La cura para el dolor está en el dolor”. En esos días la relación sentimental con su pareja de hecho Sara Majarenas ya está rota.
Faltan apenas tres meses para que Izar, la hija menor de ambos, abandone el módulo de madres del centro penitenciario de Picassent. Cumple tres años y la ley la obliga a abandonar la prisión. Antes salían a los seis años, hasta que hubo un cambio normativo para acortar la estancia entre rejas de los llamados “niños de la cárcel”, más de un centenar repartidos por las prisiones españolas.

Messinezis ya sabía ese viernes que los planes de Majarenas no pasaban por que la niña se fuese a vivir con su padre, un etíope con antecedentes penales por tráfico de drogas al que había conocido en 2013 en la cárcel leonesa de Villahierro. Una historia personal que sale a la luz tras la detención del padre que confesó a la policía haber apuñalado a su hija en el tórax.

Majarenas comparte patio con otras 15 madres presas (cuatro etarras) y sus hijos. En Picassent corre que temía que se llevase a Izar a Londres

La etarra cumplía allí su pena de 13 años de prisión por pertenencia al comando Levante. Se conocieron, se inscribieron como pareja de hecho y concibieron a su hija, que nació ya en Soto del Real. La cárcel y fines de semana con su padre es la única vida que ha conocido la niña. Primero Soto, luego Aranjuez y, desde julio de 2015, Picassent, el mayor centro penitenciario de España y uno de los más conflictivos, por el número de incidencias registradas entre sus 1.975 presos censados.

El módulo de madres de Picassent, como en otros centros que cuentan con este tipo de instalaciones específicas, es una isla dentro de la prisión. Tiene 28 celdas de nueve metros cuadrados y actualmente están ocupadas 15 de ellas por presas que viven con sus respectivos niños o niñas. Son ellas las que eligen que los pequeños residan allí. Es voluntario. Majarenas y su hija compartían rutina con otras cuatro madres etarras. A las 9.30 horas los pequeños van a una guardería infantil atendida por profesionales especializadas en infancia. Allí permanecen hasta las 17 horas. Cuando terminan, otra vez celda y patio, con sus muros pintados de colores que recuerdan cada día la ausencia de libertad. Izar no conocía otra cosas que esos muros y las horas con su padre algún fin de semana hasta el domingo por la tarde.

Messinezis compartía piso en Benifaió. Uno de los inquilinos estaba con los cascos puestos cuando irrumpió la Guardia Civil. La niña gemía de dolor

Puede que sea por su condición de madre, pero la actitud de Majarenas en Picassent es más abierta, algo distinta a la norma en el colectivo de presos etarras, siempre distantes y ajenos al resto de la vida carcelaria. No tiene ni una tacha en su expediente carcelario, ni un solo incidente registrado, según ha podido saber El Confidencial de fuentes penitenciarias, aunque esto es habitual entre los presos vascos condenados por terrorismo.

Sara Majarenas temía que su ya expareja se llevase a la niña fuera de España cuando tuviese que salir de la prisión. En Picassent incluso se especula con Londres como posible destino, por los comentarios que habría hecho la etarra condenada. Messinezis vivía desde 2015 en Benifaió, según ha publicado Levante-EMV, en un piso compartido con tres hombres. Uno de ellos estaba presente cuando la Guardia Civil tuvo que reventar la puerta para entrar. La niña, ensangrentada, gemía y lloraba. El compañero de Messinezis contó a los agentes que llevaba unos cascos musicales puestos y que no se había enterado de nada.

La madre quería que la niña se fuese a vivir con su abuela a San Sebastián tras salir de la cárcel. La teoría de la venganza y del deseo de hacer daño a Majarenas a través de la niña es el móvil principal del crimen cometido por el padre sobre su hija. Stylianos, por programación, o alguien cercano a él subió dos fotos de la niña. Una broma macabra y cruel. Ese muro da algunas pistas sobre su vida, como que es simpatizante del sufismo, una versión mística del islam. De hecho, la cita sobre el dolor es de Rumi, poeta místico musulmán y uno de los padres de los derviches, que nunca hizo apología de la violencia.

La tutela de Izar está en manos de la Generalitat valenciana, pero la abuela, que se ha desplazado hasta Valencia desde Euskadi, ya ha comunicado que pedirá la custodia. La pequeña sigue ingresada en el Hospital La Fe, con pronóstico reservado, tratando de recuperarse de las dos cuchilladas que recibió de su padre. Una en la espalda y otra en el tórax. “La cura para el dolor está en el dolor”, escribía Messinezis. Así interpreta la poesía la maldad. (PULSE AQUÍ PARA VER MÁS)

FUENTE: Víctor Romero - http://www.elconfidencial.com