jueves, 4 de mayo de 2017

Aseguran que Brexit no será "ni rápido, ni indoloro"

“Los que dicen que el Brexit no va a tener consecuencias no dicen la verdad”. Lo dice ni más ni menos que el negociador jefe de la UE para el Brexit, Michel Barnier. Una advertencia que llega en un momento especialmente delicado, después de la tensa cena que mantuvieron la semana pasada la 'premier' británica, Theresa May, y Jean-Claude Juncker. Su falta de sintonía llevó al presidente de la Comisión Europea a abandonar el número 10 de Downing Street “10 veces más escéptico” de lo que había llegado. Y ha elevado el temor a que sea imposible llevar las negociaciones del Brexit a buen puerto.
No obstante, a la espera de que arranquen tras las elecciones británicas del 8 de junio, la UE sigue calentando motores. Este miércoles, Barnier ha presentado el documento que marca las líneas rojas de la posición comunitaria. El tiempo apremia, ya que en menos de dos años Reino Unido y los europeos tendrán que resolver tanto los pormenores del divorcio como los términos de su nueva relación y, muy probablemente, un acuerdo transitorio. Pero, para ello, tendrán que resolver no solo la delicada cuestión financiera, sino también cómo lidiar con las consecuencias “sociales, políticas y jurídicas” que tendrá la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Un cóctel altamente inflamable.

El Confidencial resume aquí los puntos clave de la situación, a un mes del arranque oficial de las negociaciones, y de la postura negociadora de los Veintisiete:

Los derechos de los ciudadanos

Una de las principales líneas rojas que marca Bruselas a Londres es que se garanticen desde el principio los derechos de los europeos que viven en Reino Unido. Y de los británicos en territorio comunitario. Pero la UE no quiere un acuerdo general, sino que se llegue a un trato detallado, claro y permanente. En concreto, los Veintisiete perseguirán que sus nacionales mantengan sus derechos ”durante toda su vida”, en palabras de Barnier. Y que estos no se limiten simplemente a los permisos de residencia, sino que cubran todo tipo de áreas, como la sanidad, el empleo, las pensiones o la educación.

Theresa May planteó a Juncker resolver esta cuestión ya en junio, algo que Bruselas considera imposible, según explicaron fuentes comunitarias al 'Frankfurter Allgemeine Zeitung' (FAZ). Es más, este y otros planteamientos hicieron que la delegación comunitaria —de la que formaba parte también Barnier— se llevara la impresión de que la 'premier' “está en otra galaxia”.
Una factura multimillonaria

La UE exigirá a Reino Unido que “salde sus cuentas” antes de abandonar el club comunitario. “No se trata de un castigo, ni de una factura de salida”, ha insistido Barnier. Lo que Bruselas reclama a Londres son los muchos millones de euros que se había comprometido a aportar a las arcas comunitarias, para cubrir proyectos de ciencia, infraestructuras, inversiones… Barnier no ha querido dar una cifra concreta, porque afirma que aún hay que pactar con los británicos “la metodología” que se empleará para hacer los cálculos finales.

Desde hace semanas, se baraja la cifra de 60.000 millones de euros, aunque 'Financial Times' ha planteado que podría elevarse hasta los 100.000 millones. Pero el 'think tank' económico Bruegel estima que más bien se situará entre 25.400 y 65.100 millones de euros. Está por ver, aunque la UE ya ha dejado claro en su postura negociadora que quiere el pago en euros. Desde el otro lado del Canal de la Mancha, el secretario de Estado británico para el Brexit, David Davis, ha avisado de que si Reino Unido abandona la UE sin un trato, no pagará nada. Juncker, por su parte, dice que en ese caso el país puede olvidarse de cerrar un acuerdo comercial con la UE.

Los costes del divorcio

Bruselas deja claro en su posición negociadora —que será respaldada el 22 de mayo por los Veintisiete— que le corresponde a Londres pagar los costes que genere el Brexit. Por ejemplo, la mudanza de las agencias europeas que se encuentran actualmente en el país al continente. Este sería el caso de la Agencia Europea de Medicamentos, a la que Barcelona aspira.

Un arranque complicado

La filtración al FAZ de los detalles sobre el encuentro entre Juncker y May ha enrarecido el ambiente entre ambas partes. Tampoco ayuda que Reino Unido esté bloqueando las negociaciones presupuestarias comunitarias, con la excusa de que se encamina a elecciones. Pese a todo esto, Barnier —que se encontraba presente en la cena— ha asegurado que durante las negociaciones “no se dejará llevar por las emociones, ni la hostilidad”.

El acuerdo de comercio

May insiste en que quiere empezar a negociar un acuerdo comercial entre la UE y Reino Unido, antes incluso de resolver las condiciones del divorcio. Algo impensable para los Veintisiete y Bruselas. Además, la primera ministra británica cree que no será tan difícil negociar el acuerdo comercial, algo que ha creado alerta en Bruselas, donde aún escuecen las complicaciones que ha sufrido con el TTIP —paralizado desde la victoria de Donald Trump— y el conato de descarrilamiento del CETA con Canadá.

Juncker hizo valer su preocupación poniendo, literalmente, dos ejemplos sobre la mesa. Uno: el acuerdo de adhesión de Croacia y la Unión Europea, y, dos, las 2.250 páginas que configuran el tratado de libre comercio con Canadá.
¿Pueden fracasar las negociaciones?

Sí. Barnier lo ha dejado claro: Bruselas se prepara para todos los escenarios. Todos. Incluso que no se logre un acuerdo entre Reino Unido y los Veintisiete. Esto supondría, en su caso más extremo, que el país saldría de golpe de la Unión Europea. Lo que tendría consecuencias de todo tipo, desde interrupciones de vuelos entre la isla y el continente a un posible pánico en los mercados.

Juncker y su equipo abandonaron Londres con la sensación de que una ruptura de las negociaciones es más factible de lo que esperaban, según el FAZ. Pero también confían en que, antes o después, Londres reaccione. Barnier, en concreto, espera que esto sea pronto. “El tiempo pasa”, avisa el negociador, “empezaremos tan pronto como Reino Unido esté preparado”.

Las elecciones británicas

Durante la cena, May se mostró convencida de que ganará las elecciones anticipadas. Bruselas se abstiene de hacer consideraciones políticas, pero Barnier valora que el nuevo Ejecutivo tendrá al menos una mayor estabilidad y longevidad, algo conveniente para las negociaciones.
La metáfora: una pasión compartida

Pese a todo, Barnier mantiene su optimismo. Y apela a que la “pasión que comparte” con May, el montañismo, les ayude a encontrar el buen camino. “En el montañismo, aprendemos a poner un pie delante del otro, porque el camino puede ser escarpado. También a tener cuidado con los obstáculos del terreno y a mantener el aliento, porque el camino es largo para llegar a la cumbre”, ha dicho. Queda ahora por ver si los paseantes logran remontar la montaña o si por lo contrario se arriesgan a despeñarse.

FUENTE: María Tejero Martín - http://www.elconfidencial.com