martes, 23 de mayo de 2017

(España) Sandro Rosell, una trayectoria de Nike al Barça salpicada por el “caso Neymar”

Sandro Rosell no se llama Sandro, sino Alexander. Nació en 1964 y llevaba sangre blaugrana en las venas. Su padre fue Joan Rosell, el gerente del FC Barcelona, en la época del histórico presidente Agustí Montal, el hombre que recuperó al club para el catalanismo. Cuando llegó a la presidencia del Barça en 2010 venía de Nike, con toda una carrera construida en el mundo de la gestión deportiva. Rosell tenía todos los ases y al mejor jugador del mundo en su plantilla, Leo Messi. Pero al final fue un presidente con mandíbula de cristal, que no aguantó las presiones del cargo. Dimitió en 2014, salpicado por el escándalo del “caso Neymar”.

La masa social del Barça no entendió su marcha. A pesar de una confusa historia de amenazas personales, lo cierto es que Josep Maria Bartomeu ha aguantado mucho mejor la misma situación de imputación y presión judicial por un fichaje en el que como mínimo hubo diversas irregularidades. Rosell se fue en la temporada del “Tata Martino”. El Barça sólo ganó ese año la Supercopa de España. Bartomeu, un sucesor en teoría mucho más gris, fichó a Luis Enrique de entrenador y sacó al club del hoyo.

La carrera profesional de Sandro Rosell empezó como directivo de marketing internacional de la empresa de perfumería Myrugia. Pero como a muchos, los JJOO de Barcelona le cambiaron la vida. En 1990 se incorporó al Comité Organizador de Barcelona 92, como responsable de los patrocinadores internacionales, dentro del departamento de marketing internacional. Para Rosell fue como descubrir una mina de oro.

Su trayectoria posterior a los Juegos tiene tres fases. Primero trabajando para la empresa de patrocinios deportivos suiza ISL. Después como hombre de Nike, primero para España y Portugal y luego en Brasil. Nike era el primer patrocinador del FC Barcelona, así que las cartas estaban marcadas para lo que vino después. La tercera fase fue posterior a su regreso a España desde Brasil, cuando creó la firma Bonus Sports Marketing, S.L. (BSM) dedicada, como no, también al marketing deportivo.
El hombre de Laporta

Sin embargo, su llegada al Barça fue de la mano de Joan Laporta, integrado en el movimiento ‘Elefant Blau’, que lideraba la oposición al nuñismo. En 2003 Sandro Rosell fue uno de los pilares de la candidatura de Laporta y sus contactos con Nike resultaban clave. Ocupó la vicepresidencia del club durante dos años.

La euforia con “Jan” duró poco. Dos años después Rosell dimitía como vicepresidente. Bartomeu se marchó con él… El “laportismo” iniciaba su desintegración y Rosell fue de los primeros en saltar del tren pero no de los últimos. Ferran Soriano, Marc Ingla y Albert Vicenç siguieron sus pasos años después. De todos los chicos maravilla que acompañaron a Laporta, sólo dos aspiraban con seriedad a la presidencia del club blaugrana: Soriano y él. Soriano escogió la vía más larga y acabó estrellándose en el proyecto de Spanair. En cambio Rosell, buen conocedor de la masa social del Barça, iba a cada partido en su asiento de siempre. Sin prisas. Y esperó literalmente años hasta que fuese el momento justo.
Presidente por fin

En 2010 llegó ese momento. Rosell se presentó a la presidencia con un programa conservador, basado en la austeridad y en evitar la venta del Miniestadi. Ganó con el 61% de los votos. Una victoria aplastante.

Fue presidente durante cuatro años, siempre escudado por el fiel Bartomeu. Pero la presión era mucha. El presidente del FC Barcelona precisa una fuerte capacidad para encajar críticas, algo que Rosell llevaba mal, y un estilo populista que tenían José Luís Núñez o el propio Laporta. El típico carácter para ir de butifarrada con las peñas del Barça, por ejemplo. Pero eso no le iba a Rosell. Su especialidad eran la moqueta, los despachos y los pasillos. Ahí era el rey.

Los cruyffistas nunca perdonaron a Rosell supuestas traiciones simbólicas y esa tensión acabó desgastando su presidencia en el Barça

Además, buena parte de la afición consideró que estaba traicionando el espíritu de Johan Cruyff, que tanto había marcado la época gloriosa de Laporta. Con la oposición de los cruyffistas, Rosell fue víctima, otra más, del cainismo que siempre ha caracterizado al Barça. Alexander había sido Sandro para los amigos y Rosell quiso ser también Sandro para todo el mundo. Pero no fue posible.

En 2014, acosado por el escándalo Neymar y harto de que le considerasen un heredero bastardo del nuñismo, con el que no tenía nada que ver, dimitió y volvió a sus negocios privados.

FUENTE: Marcos Lamelas - http://www.elconfidencial.com