viernes, 16 de junio de 2017

Muere Helmut Kohl, el gigante político que reunificó Alemania y trajo el euro

Helmut Kohl ha muerto este viernes a los 87 años en su casa de Ludwigshafen. El excanciller era una figura clave de la Alemania contemporánea y de la Europa actual. El que fuera canciller más longevo desde la II Guerra Mundial logró gracias a su audacia política el sueño de reunificar las dos Alemanias menos de un año después de la caída del Muro de Berlín. Sin él, que fue acusado de ser un político de provincias, su país no estaría determinando ahora la agenda política del continente.

Europeísta destacado en una generación de europeístas, impulsó además junto al presidente francés François Mitterand la llegada del euro, uno de los mejores cimentadores de la Unión Europea, a pesar de sus constatadas deficiencias estructurales. Su carácter, fuerte, obstinado y emocional, le granjeó sin embargo enemistades y desencuentros y, peor aún, le impidió vislumbrar la llegada de su propio ocaso político, acelerado por las revelaciones acerca de las "cuentas negras" del partido que presidía, la Unión Cristianodemócrata (CDU).

Por un año se salvó de ir al frente -donde murió su hermano- pero no de conocer en primera persona lo que significó la dictadura nazi y la guerraEl patriarca conservador alemán protagonizó a lo largo de su vida un pausado pero inexorable ascenso, acorde con su enorme figura (llegó a medir 1,93 metros y pesar unos 130 kilos). Hambriento siempre de retos y ambiciones, compensó con su afilado sentido de la oportunidad y sus elogiadas capacidad de negociación y de persuasión en las distancias cortas la discreta articulación de su pensamiento político.

Helmut Josef Michael Kohl nació en Luwdigshafen, en el oeste de Alemania, el 3 de abril 1930. Esto le convierte en el último canciller alemán que vivió de manera consciente los horrores del ascenso del nacionalsocialismo y de la II Guerra Mundial, algo que marcó su carácter. Por un año se salvó de ir al frente -donde murió su hermano mayor, Walter, en el otoño de 1944- pero no de conocer en primera persona lo que significó la dictadura nazi y la contienda. Como miembro de un grupo de jóvenes bomberos voluntarios vio gente morir y hogares ardiendo en su ciudad natal. El fin de la guerra le llegó en un campamento de instrucción en Berchtesgaden, en la frontera bávara con Austria, y el adolescente Kohl hizo a pie los 450 kilómetros de vuelta a casa.

En 1950 Kohl comenzó a estudiar en la Universidad de Frankfurt, donde se caracterizó por componer un currículo más bien ecléctico de materias, guiándose más por la curiosidad que por el pragmatismo. En el verano de 1952 se trasladó a la Universidad de Heidelberg, donde se concentró en Historia, Ciencia Política y Derecho Público. Logró doctorarse en 1958, con la mirada ya puesta en una carrera política.

Kohl se había afiliado en 1947, con sólo 17 años, a la CDU, el partido del que con el tiempo se convertiría en patriarca. Sus convicciones sociales y sus valores cristianos le llevaron a esta formación, que lideró durante un cuarto de siglo como una auténtica máquina electoral. Entre sus primeros recuerdos políticos el excanciller siempre destacó su fascinación al asistir a las primeras elecciones municipales tras la II Guerra Mundial, en 1946, que le marcaron profundamente. Él tan sólo pudo acompañar a sus padres al colegio electoral, pero luego se quedó allí contemplando durante un buen rato cómo sus conciudadanos acudían a las urnas.

Tras un decidido y concienzudo ascenso por las juventudes de la CDU y la sección regional de este partido a lo largo de once años, en los que desempeñó varias responsabilidades internas, Kohl logró un escaño en el parlamento de Renania-Palatinado en 1959. Accedió al Legislativo regional con 29 años, para proseguir con su trayectoria imparable. Una década más tarde se convirtió en el primer ministro más joven de este Land alemán. Fue solo entonces cuando abandonó los empleos que había mantenido hasta el momento en el sector privado para asegurar su situación financiera.

Después de cosechar dos mayorías absolutas consecutivas en Renania-Palatinado en 1971 y 1975, Kohl fue llamado por su partido a asumir un cargo a nivel nacional. En las elecciones de 1976 se presentó como candidato a la Cancillería por la CDU y ganó los comicios, pero una coalición entre el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) y el Partido Liberal (FDP), las otras dos formaciones presentes en el Bundestag, evitaron que Kohl formase gobierno. El líder conservador decidió entonces abandonar definitivamente la política regional y se trasladó a Bonn, entonces capital de la República Federal, para ejercer de jefe de la oposición.

Su oportunidad para auparse a la Cancillería llegó en 1982, durante una crisis del gobierno que mantenía el socialdemócrata Helmut Schmidt con los liberales. Kohl presentó entonces la única moción de censura constructiva que ha tenido éxito en la historia reciente de Alemania. Cuatro ministros liberales apoyaron al líder de los conservadores, que hizo con la jefatura del gobierno en una década clave para su país y para Europa. Un año más tarde se reafirmó en su puesto, tras ganar con claridad las elecciones parlamentarias.

Kohl se vio poco después afectado por el estallido del escándalo Flick, una amplia trama de sobornos supuestamente orquestada por el entonces alemán más rico -Friedrich Karl Flick- que repartió "donativos" entre todas las fuerzas políticas parlamentarias durante once años para obtener a cambio jugosos beneficios fiscales (esta trama tuvo una rama española, pues se denunció que el PSOE había recibido un millón de marcos -medio millón de euros- del SPD alemán, algo que el entonces presidente español, Felipe González, negó categóricamente con su famosa frase: "No he recibido ni un duro, ni una peseta. Ni de Flick ni de Flock". El nombre de Kohl aparecía en la lista de beneficiados de la trama pero él, ante la comisión de investigación parlamentaria, aseguró no recordar nada. La sombra de este escándalo nunca le abandonó completamente.

El canciller pudo no obstante reeditar sin problemas su éxito en las urnas y en 1987 comenzó su segunda legislatura, la más determinante de su carrera. Kohl, que siempre persiguió la reunificación como objetivo, supo aprovechar con maestría la revolución pacífica que aceleró el derrumbe del régimen comunista de la Alemania Oriental. Inmediatamente después de la caída del Muro de Berlín en 1989, lanzó su famoso Plan de Diez Puntos para lograr la unidad alemana. Concilió al pueblo entorno a su idea y, lo más importante, convenció con sus tesis a las potencias aliadas que habían decidido fragmentar su país tras la II Guerra Mundial. Una Alemania fuerte no era una amenaza sino un fenomenal aliado le dijo Kohl tanto a George Bush padre, entonces presidente de Estados Unidos, como a Mijaíl Gorbachov, presidente de la Unión Soviética. Y consiguió su respaldo.

El 3 de octubre de 1990, con la firma del Tratado de Unidad, Alemania fue de nuevo una y Kohl, en las elecciones generales que tuvieron lugar apenas unos meses más tarde, se convirtió en el primer canciller de la Alemania reunificada. Este puesto lo volvió a revalidar en las urnas de nuevo cuatro años más tarde, en la que sería su cuarta y última legislatura al frente del Gobierno federal. Durante estos últimos ocho años de su mandato, el patriarca de la CDU ambicionó nuevos planes, más allá de sus fronteras. Su objetivo era ahora Europa.

Junto a Mitterand, con quien protagonizó la reconciliación de Verdún y trabó uno de los ejes franco-alemanes más sólidos de las últimas décadas, Kohl se propuso integrar también económicamente la Unión Europea. El Euro, los criterios de Maastricht y el BCE son algunas de sus principales obras, conceptos clave para entender la realidad actual. También la ampliación al este del bloque, una estrategia guiada tanto por la necesidad de estabilidad política en el continente como por el interés comercial.

Junto a Mitterand, con quien protagonizó la reconciliación de Verdún, Kohl se propuso integrar también económicamente la UENo obstante, Kohl no pudo culminar su obra europea. El agotamiento de su discurso tras 16 años en el poder, la complicada situación económica del país y las desavenencias del canciller con sus socios liberales llevaron a una derrota electoral sin paliativos en 1998 frente a los socialdemócratas de Gerhard Schröder. Los conservadores cosecharon su peor resultado desde 1949 y Kohl presentó inmediatamente su dimisión como presidente de la CDU.

El mazazo definitivo a su carrera política llegó un año mas tarde. En 1999 estalló el escándalo de las cuentas negras de la CDU, acusada ingresar donativos irregularmente. Kohl reconoció la existencia de las cuentas secretas de su formación, pero se negó a dar los nombres de los donantes, precipitando la ruptura con su partido. Angela Merkel, entonces una joven figura emergente de la CDU a la que se llamaba "la chica de Kohl", llamó en una columna de opinión a emanciparse del patriarca. Fue la estocada final a la era Kohl. La fiscalía alemana abrió una investigación contra el ya excanciller por un presunto delito de malversación de fondos en 2000, pero el caso se cerró sin imputación un año más tarde, tras el pago de una multa.

Su distanciamiento de la CDU duró años y su reconciliación con Merkel -convertida primero en líder de los conservadores y luego en canciller- nunca fue completa. Kohl no dudó en acusar a la mujer más poderosa del continente de falta de visión europeísta. El patriarca, cada vez más aquejado por distintos problemas de salud, no logró admitir que su tiempo en el poder había pasado.

Kohl estaba casado en segundas nupcias con Maike Richter, 34 años más joven que él, y tenía dos hijos -Walter y Peter- de su primera mujer, Hannelore Kohl, que se suicidó en 2001.

FUENTE: Antonio Martínez - http://www.elconfidencial.com