lunes, 24 de julio de 2017

(España) De la política y el lujo a cambiar las bombillas del centro municipal

El hombre que suda a chorros es José Luis Peñas, el bedel. Lleva unos pantalones azules cortos y un polo con los botones de arriba abiertos por los que se escapa un poco de vello pelirrojo. En los pies, zapatillas de deporte. “¡Aquí no hay aire acondicionado!”, exclama el tipo mientras se aparta el pelo sudoroso de la frente. Lleva desde las siete y media de la mañana en su puesto de trabajo: regando el jardín, revisando los servicios, preparando las aulas y atendiendo a las personas que acuden al centro cultural municipal de Aravaca. “Hoy está la cosa tranquila porque en verano no hay clases”, dice en un pequeño cuartito algo destartalado del edificio. Aunque hoy tiene doble tarea porque su compañero no está y debe encargarse él solo de todo.

Pero Peñas, madrileño de 54 años, no siempre fue un anónimo conserje sonriente. Hubo un tiempo en el que trabajaba codo con codo con María del Carmen Rodríguez Quijano, la mujer de Francisco Correa, cerebro de la trama Gürtel. Entonces era un político emergente con un puntillo de arrogancia. Era una época en la que disponía de grandes sumas de dinero, conducía coches de gama alta y comía en buenos restaurantes. Corrían los primeros años del siglo XXI, los empresarios le hacían regalos y le dedicaban atenciones: manejaba un presupuesto de más de 17 millones de euros como concejal de Majadahonda. Eso, por no hablar de las fiestas en la coctelería Balmoral o las vacaciones en yates por Ibiza. En esos tiempos, ese tipo de gente "no sabían lo que costaba un litro de gasolina porque no estaban en el mundo real". Peñas llegó a ser Primer Teniente de Alcalde de Majadahonda. Y durante dos años, de 2005 a 2007, perteneció al "núcleo duro" de Correa y sus amigos.

Al hombre que ahora se encarga de dar números para la oficina de atención al ciudadano o de cambiar una bombilla fundida, no le agrada demasiado hablar de derroche, de lujo, de dinero, "de la era de los 'audis' por todas partes, que aquello era tremendo". "No echo nada de eso de menos, ahora vivo mucho más feliz y disfruto mucho más de la vida, de mis hijos, de unas croquetas con mi mujer en un bar y del ocio”, repite el exconcejal como si tratara de convencerse a sí mismo.

Peñas se hizo famoso por llevar al juez más de 80 horas de grabaciones de conversaciones con Correa, unas cintas decisivas para destapar el caso cuyo juicio prosigue. “Dicen que lo hice por despecho, porque no me daban mi parte del pastel, pero no es verdad. Lo hice porque entendí que aquello ya no era una pandilla de amiguetes haciéndose favores sino algo demasiado gordo”, dice ahora. Su versión es que toma conciencia de la gravedad del asunto cuando escucha hablar de una parcela recalificada y una 'mordida' de 300 millones: "Es que ya el tema no era hacer negocios porque eran amigos de José María Aznar, gente con influencia y eso, era un asunto muy serio".
Bedel anómino, pero no tanto

El pasado lunes declaró por última vez en el juicio Gürtel: a él, la Fiscalía, le pide seis años de cárcel. Peñas regresó a su puesto de ordenanza en 2009. “Al principio tenía de vez en cuando algunos altercados con la gente que venía al centro, me insultaban”, cuenta ahora. A su mujer la agredieron. Tuvo miedo de que le hicieran daño, de que lo llegaran a matar porque "pasaban cosas raras". Pero los acontecimientos tornaron de cariz en 2014 cuando se destapó el caso Bárcenas. A partir de ese momento, definitivamente, dejó de ser “un traidor” y pasó a ser un bedel anónimo. Eso sí, desconocido, pero aún con muchos pasillos por recorrer en sede judicial y muchas entrevistas concedidas a los más diversos medios de comunicación.

“Aquí se está muy bien, el sueldo no es alto, pero somos todos ‘indios’ y nos ayudamos”, así describesu ambiente cotidiano de trabajo el hombre que destapó la trama Gürtel. Aunque acumula más de 150 multas de tráfico por tener a su nombre un Mini verde, que en realidad conduce el propio Correa –“me pidió que firmara yo los papeles y lo hice para desenmascararlo”–, Peñas va a trabajar en bicicleta desde Villanueva del Pardillo, donde reside.

Dentro del PP quien lo aupó fue su amigo Guillermo Ortega, "que tenía mucho poder aunque era un zoquete sin estudios"

José Luis Peñas creció en el barrio de Chamberí, en Madrid, donde su padre tenía una carnicería. “Siempre quisieron que estudiáramos yo y mis dos hermanas”, relata el hombre que, precisamente, después de licenciarse en Derecho se presentó a una oposición municipal para “echar una mano en casa porque eran muy mayores y estaban enfermos, muy pachuchos”. Pero el Peñas conformista de hoy era entonces un joven (33 años) “curioso” y, quizá, también ambicioso. Se apuntó a un curso de una escuela de negocios y allí conoció a Guillermo Ortega. Las amistades, ya se sabe, son un trampolín importante para prosperar en la vida.

Así que José Luis Peñas se afilió al Partido Popular y medró a la sombra del alcalde de Majadahonda y número 3 de la estructura del partido conservador en Madrid. “Y eso que era un zoquete sin estudios que no sabía hacer nada”, dice sin demasiado aprecio hacia su 'amigo' Ortega el antiguo concejal. “En los partidos hay una fauna muy variopinta, desde el que no sabe hacer la o con un canuto al que es superinteligente”, confiesa ahora en su cuartito mientras los rayos del sol se filtran por la ventana que da al jardín.

Uno de los suyos

Su ascenso duró siete años, hasta que junto a otro compañero del Gobierno municipal decidió recopilar en una grabadora Olimpus comprada en El Corte Inglés las andanzas de Correa. Sus denuncias quedaron durante años olvidadas en un cajón, hasta que el juez Baltasar Garzón le dio un impulso a la causa en 2009. Para entonces, Peñas ya iba intentando acostumbrarse de nuevo a su vida de sencillo conserje. Sin lujos ni atenciones salvo, en ocasiones, la indeseada de que alguien lo llamase "traidor" de vez en cuando. Ahora solo escuha los "buenos días" con que lo saludan las personas que acuden al centro cultural y preguntan por esto o por aquello. Seguro que salvo que sean estudiosos de los telediarios no adivinarán en esa figura con pinta de hombre sencillo y bonachón a “Uno de los suyos” (así, parodiando la película 'Uno de los nuestros', tituló el libro de memorias en el que narra su relación con la trama mafiosa).

FUENTE: Daniel Borasteros - http://www.elconfidencial.com