martes, 4 de julio de 2017

(Perú) Caso Sánchez Paredes: los fantasmas del narcotráfico nunca desaparecen

Hace casi diez años empezó la investigación por lavado de dinero contra los hermanos de los asesinados Perciles y Simón Sánchez Paredes. Desde entonces, la Policía Antidrogas de Perú, la Procuraduría General de México y la DEA, han desempolvado los viejos archivos por narcotráfico que pesan sobre la familia originaria de La Libertad. Para el Ministerio Público y la Procuraduría Antidrogas, la fortuna ilegal de los muertos permitió crear un imperio minero que exportó toneladas de oro a Estados Unidos, Europa y Asia.

El 24 de junio de 1980, el confeso narcotraficante Masías León Mariños, un personaje condenado al olvido en los viejos archivos de la Dirección Antidrogas de la Policía (Dirandro), fue detenido en la ciudad portuaria de Chimbote, luego de una operación que involucró el decomiso de pasta básica cerca de Ecuador. En aquella época, Perú era uno de los destinos favoritos de contrabandistas colombianos que, como llegó a ocurrir con un joven Pablo Escobar en los orígenes del cartel de Medellín, cruzaban la frontera para comprar droga en el norte del país y luego venderla en Estados Unidos.

La identidad de aquel personaje nunca hubiera trascendido de las páginas del atestado policial del caso sino fuera porque se atrevió a nombrar al financista de la organización, miembro de una familia que operaba desde las frías alturas de la sierra de la Libertad, y comprador de la pasta básica que él traía desde el valle cocalero del Alto Huallaga: “(Yo) recibí 20 millones de soles (de la época) de Perciles Sánchez Paredes para comprar droga en Uchiza”, reveló León Mariños, días después de su captura. Frente a la fiscal de la investigación llegó a decir que “toda la familia Sánchez se encontraba en buena posición económica por dedicarse al narcotráfico”. Casi cuatro décadas después, el eco de aquella manifestación sigue resonando en la historia de la lucha antidrogas en el Perú.

Los Sánchez Paredes decidieron no contestar a la fiscalía y la procuraduría en el juicio

Ojo-Publico.com –en el lanzamiento de NarcoMapa, una plataforma para investigar temas de narcotráfico en el Perú– identificó al llamado Caso Sánchez Paredes como uno de los más importantes en la lucha contra el lavado de dinero, desde la condena de Fernando Zevallos ‘Lunarejo’ en el 2005. Precisamente, este proceso tiene sus orígenes más remotos en diferentes atestados por incautaciones de pasta base en los años ‘70, de la Procuraduría General de México y de la DEA en los ‘80 y declaraciones de traficantes como Masías León y pesos pesados del negocio ilícito que revelaron que Perciles Sánchez, inicialmente condenado a 15 años de prisión y luego absuelto en medio de un escándalo judicial, al igual que sus hermanos, eran narcotraficantes.

La saga histórica del clan Sánchez Paredes, que hoy se escribe desde la Sala Penal Nacional, empezó con los hijos de los campesinos Simón Sánchez y Sumilda Paredes: los hermanos Perciles (1938), Manuel (1942), Orlando (1944), Fortunato (1948), Amanda (1951) y Simón (1958). Nacidos en Mollebamba, un pequeño y empobrecido distrito ubicado entre La Libertad y Áncash, los herederos de la prolífica familia han sobrevivido a diferentes investigaciones policiales por sus presuntos negocios con firmas colombianas y mexicanas, y a los brutales asesinatos de Simón en México en 1987 y Perciles en Perú en 1991, para luego crear un emporio minero que ha llegado a exportar toneladas de oro a Estados Unidos, Europa y Asia.
Acusado de capo de la droga está en la mira de la DEA

La historia secreta de Miguel Arévalo 'Eteco'.

Los reportes policiales más antiguos revelan que Perciles Sánchez empezó como traficante de pasta básica en los ‘60 en el Huallaga, incluso dos de sus sobrinos nacen en la zona de Juanjuí a fines de aquella década. Sin embargo, los rastros más contundentes de su pasado recién emergen en los ‘70. Entonces, el primogénito de la familia era un hombre con más de 40 años, y estaba asociado con Manuel, Orlando y Fortunato, en compañías de transportes, inmobiliarias y constructoras en Trujillo. Hoy se conoce, según los reportes entregados por la DEA al Ministerio Público, que los hermanos operaban pistas de aterrizajes clandestinas en el norte del Perú en aquellos días, desde donde enviaban supuestas cargas de droga a México, dominado en esos días por el llamado cártel de Guadalajara.

En 1980, momento clave en el historial de la familia, Simón Sánchez arribó a México con apenas 22 años. Ese mismo año, Perciles había caído en prisión por la incautación de la pasta básica que León Mariños compró en Uchiza; mientras que Manuel y Orlando eran acusados como jefes de una organización criminal que traía droga desde el Huallaga, a raíz de la inspección policial de un inmueble y depósito de camionetas en Ate Vitarte. Los atestados de la época confirman que las órdenes de captura contra los naturales de Santiago de Chuco estaban a la orden del día, al mismo tiempo que iniciaba una temporada de sangre y fuego en el Perú por la ofensiva de Sendero Luminoso contra el Estado y el ascenso de los primeros cabecillas del tráfico de drogas.

Desde el norte del país, Jorge López Paredes 'Tío George', ya había iniciado sus viajes a México para establecer contactos con los capos de Guadalajara; Lucio Tijero Guzmán 'Ingeniero', traficaba en el trapecio amazónico con el colombiano Evaristo Porras Ardilla, excliente del entonces abogado Vladimiro Montesinos y exlugarteniente de Pablo Escobar; mientras que Demetrio Chávez Peñaherrera 'Vaticano', empezaba a abastecer las narcoavionetas del cartel de Medellín y de Cali. El negocio vivía su época dorada. Un joven Fernando Zevallos 'Lunarejo', había cumplido su primera temporada de cárcel en Juanjuí (San Martín) y Jorge Chávez Montoya 'Polaco', ya empezaba a registrar sus primeros antecedentes por financiar el terrorismo en el Huallaga.

La violencia –que remecía Colombia con el cártel de Medellín y México por el crimen del agente DEA, Enrique Camarena– no tardaría en alcanzar a los Sánchez Paredes. Simón, instalado en Rancho Luna, un lujoso fundo en Pachuca (a hora y media del Distrito Federal), fue asesinado junto a su pareja en 1987. Tenía 29 años, pero estaba bastante involucrado en el negocio de las drogas. La policía mexicana que llegó al lugar descubrió un narcolaboratorio con 135 kilos de cocaína, insumos químicos y armas de guerra, además arrestaron a un ahijado de Perciles Sánchez, Elmer Vásquez Peláez (18); e incriminaron a dos hijos de Manuel Sánchez: Fidel Sánchez Alayo (18) y Luis Felipe Sánchez Luna (19). Perciles conoció la noticia mientras cumplía 15 años de prisión por narcotráfico. Poco después, en 1991, la muerte también lo alcanzó en Trujillo, tras salir de la cárcel por la anulación de su sentencia. Tenía 53 años. (PULSE AQUÍ PARA VER MÁS)

SOMBRAS. Simón Sánchez Paredes (Izq.) murió asesinado en México en 1987, mientras que su hermano mayor Perciles fue acribillado en Trujillo en 1991.

JUICIO ORAL: De izquierda a derecha, Fidel Sánchez Alayo (48) y su padre Manuel Sánchez Paredes (75), al costado de sus hermanos Orlando (73) y Fortunato (69) junto con Belisario Esteves en la audiencia inicial del caso en enero de este año. Ninguno quiso someterse al interrogatorio de la fiscalía y la procuraduría. / Poder Judicial.

FUENTE: Con información de https://narcomapa.ojo-publico.com