sábado, 14 de octubre de 2017

(Cataluña - España) Así se precipitó la salida de las empresas de Cataluña: "El discurso del Rey fue decisivo"

Lo escribe con estimable claridad Enrique Feás, Técnico Comercial y Economista del Estado en Agenda Pública-Blog New Deal: “[…] nadie invitó a la empresas a votar, pero al final lo han hecho: han ejercitado su “derecho a decidir” votando con los pies, evitando a toda costa el riesgo regulatorio de un gobierno regional que ha demostrado estar dispuesto a saltarse sin pestañear tanto la legislación estatal y autonómica como las sentencias judiciales”.
Para este alto funcionario, los motivos de esta “votación con los pies” (pies en polvorosa, metáfora traída de la teorización del federalismo fiscal del economista y geógrafo estadounidense Charles Tiebout) ha sido la pérdida de confianza de los depositantes y el riesgo regulatorio.
Sin efectos recaudatorios inmediatos, la marcha de las empresas de Cataluña conlleva otros a corto y medio plazo como “la pérdida de negocio económico vinculado a la sede social, la actividad de abogados, asesores fiscales, notarios, registradores, consultores” y, más adelante, de producirse una colisión de regulaciones fiscales, se produciría una deslocalización progresiva de actividad puramente empresarial. Una eventual e improbable independencia supondría salir del paraguas de la Unión Europea, lo que, desde el punto de vista empresarial, sería letal. Al trasladar su sede social muchas empresas catalanas (algunas también su domicilio fiscal) emiten importantes mensajes sociales y políticos. Han “votado con los pies” yéndose de la Comunidad Autónoma provocando un auténtico colapso del proceso soberanista.

Varias de las empresas que se han trasladado de Barcelona a Madrid, Palma, Alicante, Bilbao o Zaragoza forman parte de la identidad de Cataluña, de su identidad social, más allá de la política. La fuga, por lo tanto, significa un desgarro social, un fuerte golpe a la cohesión de la sociedad catalana y un rechazo, silente pero contundente, a una posible independencia. Quizás en este intangible identitario se contenga la respuesta a la pregunta que se formuló Josep Borrell en la manifestación del 8-O en Barcelona: “¿Por qué no lo dijeron antes?”. Se trata de una interrogante que tiene una contestación coherente según el empresariado catalán.
“Quisimos aguantar hasta el último momento, advertimos de que este proceso había que pararlo, hablamos con la Generalitat y con la Moncloa, lo señalamos a través de la patronal española y catalana, callamos públicamente pero no en privado, no dejamos de movernos apelando a la sensatez de unos y a la ductilidad de otros. No conseguíamos nada pese a nuestros esfuerzos y advertencias. El mensaje del Rey –con amplia audiencia en el mundo empresarial y financiero– fue decisivo. Comenzaron las llamadas de nuestros accionistas internacionales y se incrementaron alarmantemente las retiradas de depósitos y la cancelación de cuentas. Podíamos quedar rebasados y tuvimos que actuar 'in extremis'”.
Y continúa el relato: “No lo queríamos hacer, pero no nos ha quedado más remedio que salir de Cataluña para preservar el negocio, para tranquilizar a los catalanes de todas las gamas ideológicas y a los demás españoles. Teníamos que hacer un cortafuegos entre lo que sucedía en Cataluña y nuestra vocación de futuro, entre el desastre político y la protección de los intereses de nuestras entidades. Nuestro territorio es el mercado y siempre pensamos que nuestras raíces catalanas nos connotaban con las mejores virtudes colectivas del país: sentido común, seguridad jurídica, profesionalidad empresarial, rigor en el cumplimiento de las normas regulatorias… y todo eso se estaba perdiendo a caño libre y a caño libre nuestros servicios dejaban de demandarse, nuestros activos se depreciaban, nuestros depósitos mermaban y nuestros pedidos descendían. Sí, efectivamente, hemos tenido que votar sin querer hacerlo”.
"Barcelona se puede convertir en un Montreal y Madrid o Valencia en un Toronto. Muchas de las compañías que se fueron de Quebec no regresaron"
Los párrafos anteriores son la transcripción fidelísima de la declaración –anónima, a petición del interlocutor– que explica el dramatismo con el que las grandes empresas catalanes han vivido y están viviendo la actual coyuntura. El interlocutor añade: “La mayoría de las empresas ha tomado una decisión temporal no irreversible, pero si transcurre mucho tiempo sin una normalización plena y sin una garantía de que episodios como el actual no se repetirán, Barcelona se puede convertir en un Montreal y Madrid o Valencia en un Toronto. Muchas de las compañías que se fueron de Quebec no han regresado y aquí podría suceder lo mismo”.
Los responsables de la empresas catalanas que han mudado su sede social (e, incluso, la fiscal) son conscientes de que han “votado con los pies” –teoría de Tiebout– contra la secesión de Cataluña, sabedoras, además, de que forman parte de la identidad del país y del drama personal que para muchos de ellos representa esa decisión que irradia sobre sus círculos familiares, amistosos y profesionales. Seguramente, sin la decisión que han tomado –por necesidad, no por deseo– el proceso soberanista no se encontraría como ahora, empantanado y al borde del colapso.
En el imaginario colectivo vuelve a reiterarse que la palpitación material es siempre mayor que la patriótica y que hay muchas formas de votar: en una urna, con el DNI en la mano, o con los pies, yéndose, marchándose. Una lección que se debió aprender del País Vasco, por más que las diferencias entre Euskadi y Cataluña sean muchas. Restar importancia a este movimiento de fuga empresarial sería la penúltima posverdad de los heraldos de la independencia de Cataluña. Según los cuales no iba a pasar nada. Y está pasando de todo.

FUENTE: Con información de Notebook -  JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS - https://blogs.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)
 

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