domingo, 15 de octubre de 2017

(España) La Marina de Valencia busca ser el Silicon Valley español (y ha rechazado a Tesla)

Ocurrió hace pocos meses. Asesorados por la consultora inmobiliaria Richard Ellis (CBRE), responsables de Tesla procedentes de la central europea de Ámsterdam aterrizaron en Valencia con la intención de negociar la apertura de uno de los pocos centros de servicio (concesionarios) que prevé poner en marcha en España a corto plazo. La emblemática enseña de Elon Musk, inmersa en el lanzamiento del que pretende convertir en vehículo eléctrico de masas, el Model 3, buscaba aprovechar la imagen privilegiada que otorga la Marina de Valencia, la dársena interior del Puerto ganada a la ciudad desde 2007 con motivo de la celebración del trofeo de vela Copa América.
Tras varias reuniones con el equipo gestor del espacio, la primera respuesta ha sido negativa. No porque Tesla, seguramente la compañía de automóviles más disruptiva y arriesgada del momento, edificada sobre los ideales de los emprendendores de Silicon Valley, no represente los valores que pretenden inculcar en la Marina sus responsables, sino porque la propuesta de los chicos de Musk ha sido considerada insuficiente.
El capital que absorbe una nueva empresa en Londres en un año sostiene una estructura empresarial en Valencia durante tres
Habrá quien considere esta primera negativa un gesto de soberbia, quizás de torpeza. Pero tiene un sentido: los gestores solo contemplan proyectos empresariales que aporten creación de valor añadido; si Tesla quiere instalarse en la Marina de Valencia tendrá que sumar a su concesionario o centro de servicios para coches de clientes una parte de su departamento de innovación en España o Europa. “La pelota está ahora en su tejado. Queremos grandes empresas, pero queremos que arraiguen”, señala a El Confidencial Ramón Marrades, director estratégico del Consorcio Valencia 2007, el ente participado por la Generalitat, el Ayuntamiento y el Gobierno que se encarga de gestionar y tratar de poner en valor los espacios heredados de la competición de vela.
Una década después de la primera de las regatas de esta suerte de 'Fórmula 1 del mar', la Marina está dando pasos para reconvertir la fachada marítima de la tercera ciudad de España en un 'hub' de empresas y proyectos de corte innovador y tecnológico. Todavía está a años luz, por volumen de empresas y capital, de acercarse a una versión urbana del Valle del Silicio americano. Pero hay suficientes factores a su favor como para no juzgar la idea de alocada y en exceso ambiciosa.
Un clima similar al del suroeste californiano, una ciudad asequible, su cercanía a las dos grandes capitales españolas (Madrid y Barcelona) y sus menores costes, tanto de capital humano como residencial, sitúan el 'waterfront' valenciano como un entorno idóneo para externalizar o crear nuevos proyectos que añadan valor al tejido productivo ya existente. El capital que chupa una nueva empresa en Londres en un año sostiene una estructura empresarial en Valencia durante tres. Un euro invertido en Madrid, equivale a 1,5 euros en la capital valenciana, según las estimaciones que manejan en la Marina.
“No es una cuestión de que no haya inversores. Si quisiéramos, esto ya estaría lleno de restaurantes, 'outlets' o gimnasios", dice Ramón Marrades
La primera piedra la puso el dueño de Mercadona, Juan Roig, que convenció a las autoridades la pasada legislatura para que le cedieran terrenos con la intención de poner en marcha Marina de Empresas, el complejo que aglutina la escuela de negocios EDEM, la inversora Angels y Lanzadera, la aceleradora de 'startups' y proyectos emergentes.
La iniciativa del influyente empresario valenciano es, por ahora, el gran tractor de la dársena, aunque con el tiempo han ido surgiendo nuevos proyectos y la previsión es que antes de 2020 prácitamente todos los espacios estén cubiertos y sirvan de imán para inversores en su entorno, desde El Cabañal (en pleno proceso de transformación, aunque más lenta de lo que quisieran sus vecinos) hasta el futuro desarrollo del PAI del Grao, el barrio que debe surgir de los escombros del antiguo Valencia Street Circuit.

Tras la iniciativa del dueño de Mercadona, llegó el centro de innovación en tecnología para finanzas (‘fintech’) de Bankia, gestionado por lnnsomnia. Esta consultora valenciana, encabezada por Fran Estevan, ha iniciado a su vez un programa de digitalización de pymes financiada con fondos europeos. La inversión es modesta, no más de 300.000 euros al año, pero el proyecto es una cuña como modelo de gran empresa, un banco en este caso, que opta por externalizar una parte de su política de innovación.
Con esas dos banderas como enganche, el plan estratégico de Marina de Valencia, presentado la pasada primavera, propone la generación de un distrito industrial de innovación que no excluye los usos culturales, lúdicos y ciudadanos, en línea con los nuevos modelos de nodos industriales que proponen ‘think tanks’ especializados en políticas públicas como el Brooklyn Institute Social Research, según explica Marrades. “No es una cuestión de que no haya inversores. Si quisiéramos, esto ya estaría lleno de restaurantes, outlets o gimnasios. Pero este es el sitio con mayor valor de la ciudad y es importante encajarlo con la innovación y la transformación del modelo productivo”, señala.

Siguiendo esa estela neoyorquina de creación de espacios como el New Lab de Brooklyn (un antiguo astillero reconvertido en oficinas de apoyo enfocadas al fomento de la Industria 4.0), el Consorcio acaba de licitar la reinvención de la vieja Estación Marítima en un gran espacio de 8.000 metros cuadrados capaz de albergar 300 nuevas empresas emergentes. El proyecto llega de la mano de los socios de Cirkuit Planet, el fabricante español de ‘smartphones’ bajo la marca MyWigo. La enseña de Jonatan Fatelevich, que ha consolidado una negocio de más de cuatro millones de euros con sus teléfonos diseñados en Valencia y fabricados en China, quiere replicar el Barcelona Tech City, el pujante ‘hub’ catalán de ‘startups’. De hecho, el plan para la Estación Marítima emula hasta el nombre: Valencia Tech City.
Operadoras de telefonía, sí; pero para innovar
A la espera de conocer si Cirkuit Planet tendrá competencia en esa licitación, el cronograma del Consorcio que dirige Vicent Llorens es que este espacio esté en marcha en 2018, al igual que la transformación de la que fue base del equipo suizo de vela Alinghi, del millonario Ernesto Bertarelli, en sede de agencias públicas como Valencia Emprende, el Instituto Valenciano de la Edificación o la Agencia Valenciana de Innovación.

En 2019 se pondrá en marcha la segunda fase de desarrollo de este entorno urbano-marítimo, que debería completar la ocupación de la Marina en su vertiente empresarial, con la licitación del llamado Tinglado Número 5, un gran espacio, ahora diáfano, para ubicar empresas medianas dedicadas a nuevos desarrollos industriales como robótica, impresoras 3D, sensores o nuevos materiales y contectividad. También está previsto sacar al mercado el llamado edificio de los Docks, el inmueble que empresarios afincados en Singapur quisieron convertir en hotel de lujo con casino, un proyecto que fue rechazado por el Ayuntamiento de Joan Ribó. El plan ahora es incorporarlo al distrito de innovación que busca generarse.
A la Marina de Valencia le falta todavía que una gran multinacional o enseña tractora dé el paso de instalarse y abra el camino al capital foráneo. Marrades explica que su ‘cuaderno de venta’ ya ha circulado por los despachos de las grandes empresas y consultoras del país. Desde Telefónica a Orange han mostrado interés, por poner ejemplos. Una empresa de telefonía proponía trasladar 600 de sus empleados a la Marina, pero fue rechazada. “Le dijimos que lo que queríamos es que trajera su laboratorio de innovación”, insiste el director estratégico.
Del hotel torre al gran contenedor para eventos culturales

La Marina de Valencia no es un polígono industrial. El espacio encardina con el resto de la fachada marítima de la ciudad. Debido a su amplitud, el Consorcio se afana por combatir la sensación de vacío que, a veces, provoca pasear por los cantiles de la dársena. Tiene amarres para barcos, algunos locales de ocio y un edificio de 20 millones de euros diseñado por el arquitecto David Chipperfield, el Veles e Vents, cedido a Heineken y La Sucursal como espacio de restauración, aunque hay dudas serias sobre el grado de cumplimiento de las obligaciones de mantenimiento y promocion cultural por parte de los concesionarios.
Entre los planes del Consorcio está fomentar el uso de espacios públicos dando entrada a nuevas actividades ciudadanas, reforzar el llamado Tinglado Número 2 como plaza diáfana para eventos deportivos y populares y hacer del Tinglado 4 un gran contenedor cultural capaz de albergar grandes exposiciones, o eventos musicales o de danza.
Un hotel de 28.000 metros cuadrados en altura sobre una parcela de 7.000 metros es la única iniciativa de nueva construcción que hay encima de la mesa (más allá de la rehabilitación de edificiaciones ya existentes). El proyecto, por los plazos de la concesión, debe licitarlo el Ayuntamiento de Valencia, pero seguramente albergará también usos comerciales, de oficinas y de alojamientos de mayor estancia.
El gran 'handicap' del Consorcio gestor de este espacio urbano es su elevada deuda, más de 400 millones de euros, principalmente con el Instituto de Crédito Oficial. Este endeudamiento proviene de la inversión realizada para preparar la dársena para la America's Cup de 2007. Las negociaciones entre las tres administraciones para liberar de esa mochila financiera a la Marina de Valencia están atascadas, aunque sus gestores aseguran que este año cerrarán con equilibrio en la cuenta de explotación. (PULSE AQUÍ PARA VER MÁS)

FUENTE: Con información de VÍCTOR ROMERO - https://www.elconfidencial.com