miércoles, 1 de noviembre de 2017

(Cataluña - España) La Guardia Civil busca escuchas de los grupos especiales de los Mossos a políticos

Los agentes de la Guardia Civil que ayer entraron en las comisarías de los Mossos d’Esquadra de Girona, Manresa, Sant Feliu, Granollers, Tortosa, Egara (la central de los Mossos) y Plaza de España, en Barcelona, iban a tiro fijo: sabían perfectamente lo que buscaban, que no era otra cosa que comunicaciones telefónicas donde se daban órdenes de no intervenir durante la jornada del 1 de octubre, de no forzar máquinas y de ponerse de perfil. En algunas comunicaciones, se calificaba a los agentes de la Benemérita y de la Policía Nacional de “hijos de puta”. Pero también buscaban evidencias de un supuesto espionaje sin orden judicial a políticos catalanes.
En el Ministerio del Interior había una información detallada de conversaciones, órdenes y contraórdenes de mandos de los Mossos sobre los operativos relacionados con el referéndum ilegal. Fuentes bien informadas señalan a El Confidencial que desde el mes de agosto, “algunos cuadros intermedios de los Mossos contactaron con el Ministerio del Interior y pasaron informes de valoración de la situación interna, poniéndose a disposición del Gobierno español para advertir sobre las irregularidades que estaban viendo”.

Todas estas informaciones fueron centralizadas en un miembro del Cuerpo Nacional de Policía de Madrid que había sido militar con anterioridad, según las fuentes. El volumen de información llegado a Madrid fue elevadísimo, tanto que “ha sido muy laborioso administrar tal cantidad de información”. Pero durante esta estrategia también llegaron algunas informaciones más preocupantes: algún grupo de los Mossos habría hecho escuchas a políticos catalanes sin garantías judiciales. Hay evidencias de que algo así sucedió. Por ejemplo, en un caso concreto, se aportaron pruebas de escuchas realizadas con anterioridad al auto judicial que permitía esas escuchas.
La disculpa oficial fue que el escuchado en esas grabaciones no era el político, sino su interlocutor, pero eso no dejaba de ser una burda maniobra, ya que, en tal caso, las escuchas aparecieron en un expediente en el que no debían estar. “Me consta que se escuchaba de manera generalizada, aunque en mi caso está demostrado. No le prestamos mayor atención al tema, pero a la vista de los acontecimientos ya veremos si desempolvamos el caso y pedimos responsabilidades”, explica a este diario una de las víctimas de esas escuchas. Diversas fuentes apuntan a que paralelamente a las conversaciones grabadas sobre el 1 de octubre, se buscan pruebas de esas supuestas escuchas políticas que se pudieran haber realizado los últimos años. Quien las realizó, se sospecha, es un grupo especial de los Mossos que funciona al margen del organigrama oficial.
'Vaciada' una furgoneta de la Brigada Móvil
La iniciativa de ayer, sin embargo, servirá también para desentrañar el papel de la cúpula policial sobre la actitud indolente del cuerpo policial catalán durante la celebración del referéndum. Los agentes registraron los despachos de la cuarta planta de Egara, donde se ubican mandos de los Mossos. También clonaron toda la información de los dispositivos electrónicos de una furgoneta de la Brigada Móvil (Brimo) utilizada para nodo de radiocomunicaciones. Además, la Guardia Civil precintó otro vehículo camuflado de la misma sección de la policía autonómica.

Se trata de acreditar todo lo que han estado explicando los dos últimos meses los informantes desde el interior de los propios Mossos. Se conoce, en muchas ocasiones, las órdenes dadas, quién las dio, la fecha de la comunicación y los teléfonos desde los que se realizaron determinadas llamadas. Ahora sólo falta la prueba documental para exigir responsabilidades”, explican las fuentes.
Reconocen, no obstante, que en alguna ocasión se pueden haber colado algunas informaciones por deseo de venganza. “No se descarta que hubiera ese componente personal de gente a la que fastidiaron en algún momento, pero si sus acusaciones son ciertas, esa circunstancia no tiene importancia alguna”, subrayan.

En realidad, la situación dentro del propio Cuerpo de los Mossos se ha crispado últimamente. El sector independentista, que fue tomando ínfulas conforme se acercaba el 1 de octubre, está ahora en franca retirada. Ha habido discusiones e insultos entre agentes por cuestiones políticas, ya sea por la actitud que debe tomar el Cuerpo o por el simple hecho de utilización de banderas. Mientras, los escoltas, sin consejeros ya a quien escoltar, han sido concentrados en la sede de Sant Cugat, donde matan el tiempo como pueden.
En esta localidad también reside el ‘exmajor’ Josep Lluís Trapero, que según fuentes cercanas a él pasa por una etapa de depresión. No es para menos. Sus compañeros de sumario, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, presidentes de la ANC y de Òmnium Cultural respectivamente, están en prisión sin fianza por los acontecimientos del 20 de septiembre, en que sitiaron a las comitivas judiciales que registraban los despachos del Govern. Él está en libertad, pero pendiente de una resolución final que puede acabar conduciéndolo también a prisión. Todo depende de la juez Carmen Lamela, aunque los augurios que le llegan al policía son muy pesimistas.

FUENTE: Con información de A. FERNÁNDEZ - https://www.elconfidencial.com