viernes, 17 de noviembre de 2017

(Cataluña - España) Marta Rovira, la fan de ‘House of Cards’ que hizo recular a Carles Puigdemont

El nombre de Marta Rovira, secretaria general de ERC, ha estado en los titulares de todos los diarios los últimos días por varios motivos: primero, por el ofrecimiento de sus rivales del PDeCAT de darle el puesto de presidenciable en una “lista unitaria” en la que también entraría todo el Govern cesado por Mariano Rajoy mediante el artículo 155; luego, por haber viajado a Bruselas para verse con Carles Puigdemont, el ‘expresident’ huido. Y tercero, por la entronización que el presidente de Esquerra, Oriol Junqueras, hizo de ella como candidata a presidenta de la Generalitat tras las elecciones del 21 de diciembre.

“Pocas personas, como Marta Rovira, nuestra secretaria general, remaron y desbrozaron tanto haciendo camino. Démosle nuestra confianza, se lo ha ganado como nadie. Siempre empujando, resolviendo dificultades y superando toda clase de obstáculos; sin ella no habría sido posible. Y lo digo desde la prisión de Estremera, con serenidad y tiempo para pensar (…) ERC no me preocupa porque no podría estar en mejores manos. Va siendo hora de que una mujer esté al mando, una mujer que no se rinde, con una determinación y un convencimiento inigualables, sensata y audaz al mismo tiempo, tozuda y obstinada, pero también dialogante y pactista. Todos a su lado, no la dejemos nunca sola. República tiene nombre de mujer”, escribía Junqueras.

A Rovira, la determinación política no le viene de nuevo. Y no porque sea una fan convencida de 'House of Cards', la serie dramática política que, protagonizada por Kevin Spacey, retrata los entresijos de la lucha política y la manipulación del poder entre bastidores. Que lo es, y, además, algo de esa serie se deja entrever en la realidad catalana.
Nacida en enero de 1977, Marta Rovira llegó a la política “por convicción”. De hecho, fue una elección personal. Su abuelo paterno era de Òmnium Cultural, mientras que su abuelo materno fue alcalde franquista de Sant Pere de Torelló. Entre secesionistas y unionistas, la joven Marta escogió la épica de los Països Catalans. Y desde niña se vio envuelta en la espiral cuatribarrada que la llevó a coquetear también con Òmnium. Su marido, el también republicano Raül Presseguer, es socio de esta entidad. Activista de las redes sociales, el pasado 27 de octubre tuiteaba: “Ja somos República. Ya no reconocemos las voluntades del PP y del PSOE”. A tenor de lo que dicen ahora sus camaradas de partido, esa afirmación era, cuanto menos, muy errada. Porque Raül vive la política casi tanto como su pareja: con anterioridad, había sido presidente de ERC en Vic, su ciudad natal, y los negocios no desentonaban: Raül regentaba un negocio de restauración junto al expresidente de Òmnium de Vic Jeroni Vinyet y el concejal de ERC de una localidad cercana Txevi Rovira.
Renovación en ERC
Un estrecho colaborador suyo señala a El Confidencial que “no es una política al uso. No es pragmática, sino que es muy ideológica”. También es muy trabajadora y una gran estratega. Reconocen, asimismo, su capacidad para formar equipos. “Cuando comenzó a colaborar con Junqueras en Europa, en el equipo estaba también Jordi Solé, que es hoy eurodiputado. Pero la gente que trabajaba con todos ellos sigue, en gran medida, formando parte de sus equipos personales”, añaden las fuentes. En los últimos años, la sacudida en ERC fue brutal. Junqueras y Rovira, tanto monta monta tanto, impulsaron una marea de cambios con la llegada de caras jóvenes y la apertura de la organización a colectivos castellanohablantes. Prueba de ellos es la incorporación del colectivo Súmate: Gabriel Rufián, cabeza de lista en las generales, pertenece a este colectivo. Esta estrategia fue secundada e impulsada especialmente por Rovira, que ahora ha colocado a una de sus escritoras favoritas, Jenn Díaz, de número ocho en las elecciones del 21-D.

Lo cierto es que supo ganarse la confianza de Junqueras, cuyo entorno “siempre ha sido muy cerrado y de mucha confianza”. Y se ha convertido en la auténtica ‘dama de hierro’ de la política catalana. “No es Carme Forcadell la más dura. Es Marta Rovira”, advierte otro miembro de ERC que la conoce a fondo. Ella fue la que impidió que Carles Puigdemont decidiese, finalmente, no convocar elecciones y llevar la declaración unilateral de independencia al Parlament. “Puigdemont ya estaba convencido. Había hablado con Artur Mas y con Marta Pascal, del PDeCAT, y tenía todo preparado para convocar elecciones anticipadas antes de seguir con la DUI. Llamó a todos a su despacho y fue entonces cuando Marta Rovira se levantó y le exigió que olvidase la convocatoria de elecciones y que declarase la independencia. En ese momento, fue apoyada por Lluís Corominas, presidente del grupo parlamentario de JxS, que amenazó también con dimitir si se convocaban elecciones”, relata a este diario una fuente parlamentaria.
Fue así como la inquebrantable Marta Rovira logró su propósito: llevar la DUI al Parlament contra viento y marea, cuando nadie daba un céntimo por ella. De hecho, fue ella la que resucitó el ‘procés’ que, en aquellos momentos, estaba en parada cardiorrespiratoria y al que todos, incluido el propio Puigdemont, consideraban ya muerto.

La carismática secretaria general de Esquerra se había salido, una vez más, con la suya. Rovira es abogada y licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración. Desde 2011 es secretaria general de ERC. De 2006 a 2007, fue secretaria de Joves Advocats de Catalunya y es miembro de la 'colla castellera' Sagals de Osona y de la Cruz Roja. Aficionada al senderismo, tiene como autor de cabecera a Zygmunt Bauman y en los últimos tiempos se ha decantado por autores como la autodestructiva Lucia Berlin o la joven Jenn Díaz.
Carrera meteórica
Militante de ERC desde 2005, enseguida formó parte de la sectorial de Justicia del partido. En tres años, pasó a ser la responsable de internacional de Esquerra, lo que hizo que su camino se cruzase con Oriol Junqueras, candidato republicano en las europeas de 2009. Ella le ayudó a preparar la campaña y su relación fue estrechándose por otro motivo más prosaico: Rovira era la secretaria general de la Alianza Libre Europea (ALE) entre 2008 y 2012, por lo que sus viajes a Bruselas eran periódicos y las duras jornadas de trabajo casi interminables.
Profesionalmente, ejerció como profesora de Derecho Administrativo en la Escuela de Policía de Cataluña y trabajó en la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD), en una época en que este organismo estuvo bajo la lupa de la Sindicatura de Cuentas (su director general era el republicano David Minoves) por el descontrol que había en su seno. La ACCD dependía del controvertido vicepresidente Josep Lluís Carod-Rovira. Un demoledor informe de la Sindicatura de Cuentas sobre el ejercicio de 2007 señalaba que solo en comidas el personal de la ACCD se había gastado 12.000 euros aquel año, pagados con tarjetas de crédito (muchas de estas comidas eran de la comisión de dirección del organismo). Había en total 29 tarjetas, dos de ellas a nombre de dos personas en excedencia. Había también adelantos de pagos a personal de la agencia (entre ellos, al director general) sin documentación y sin constancia de retorno o cargos dobles por el mismo concepto a las cuentas de la ACCD. Por último, achacaba a este organismo poco rigor a la hora de conceder subvenciones (que ascendían a 36,5 millones de euros anuales) y le echaba en cara que en su plan de auditorías no incluyese a los beneficiarios de dichas subvenciones. Rovira no tenía entonces mando en plaza y, según quienes la conocen, era entonces “una simple técnica”.

Pero lo cierto es que allí estuvo poco más de un año. Le sirvió para foguearse en los escenarios internacionales —recorrió medio mundo mientras estuvo en la ACCD, y de eso da fe un blog que escribió por aquella época— y por eso dio el salto y aterrizó como responsable de la sectorial internacional de Esquerra en 2008. Su trabajo europeo la puso en la parrilla de salida y su carrera política a partir de entonces fue fulgurante. Llegó a la cúpula de ERC sin apenas experiencia en el año 2011 y durante los últimos años aprendió a maniobrar en las vertiginosas aguas de la política.
Sus convicciones de hace una década siguen incólumes. “Continúa siendo una política con pocos matices, muy directa, clara y previsible”, la describe una persona que la conoce de cerca. Le echan en cara que le falta cintura política y que se deja llevar por las emociones. Y aventuran que la elasticidad dialéctica es una asignatura pendiente que aún no ha aprobado. Ya lo decía su admirado Zygmunt Bauman: “Si no existe una buena solución para un dilema, si ninguna de las actitudes sensatas y efectivas nos acercan a la solución, las personas tienden a comportarse irracionalmente, haciendo más complejo el problema y tornando su resolución menos plausible”.

FUENTE: Con información de ANTONIO FERNÁNDEZ - https://www.elconfidencial.com