viernes, 8 de diciembre de 2017

Bruselas y Reino Unido cierran un acuerdo sobre las condiciones del divorcio del Brexit

Finalmente, hay fumata blanca: Londres y Bruselas han realizado los progresos suficientes para pasar a la segunda fase de negociaciones del Brexit. Una vez sentadas las bases de las condiciones de divorcio, que aún tendrán que ser detalladas, los líderes europeos prevén darles su visto bueno en la cumbre del próximo 14 y 15 de diciembre. Tras el acuerdo logrado hoy, se espera que abran también la puerta a que el próximo año comiencen discusiones para pactar las ansiadas relaciones comerciales que existirán entre el Reino Unido y el bloque una vez el país abandone la UE. También se espera que discutan la posibilidad de negociar un periodo de transición para que el 29 de marzo de 2019 Reino Unido no salga de la UE de golpe, en un salto sin red.
Tras acercar posturas sobre la factura y los derechos de los ciudadanos, la frontera de Irlanda del Norte con la República de Irlanda se presentaba como el principal escollo. Pero finalmente el Partido Democrático Unionista (DUP) ha dado luz verde al acuerdo que la 'premier' Theresa May presentará este viernes en Bruselas. El texto -pactado también con Dublin- asegura que el Reino Unido garantizará que no habrá nuevas barreras regulatorias entre la provincia británica y la república salvo que así lo decida Irlanda del Norte. En cualquier circunstancia, el Reino Unido garantizará el mismo acceso sin restricciones al mercado interno británico. Como contrapartida, los unionistas norirlandeses aceptan un "alineamiento completo" de Irlanda del Norte con determinadas reglas del mercado único y la unión aduanera para evitar una frontera física.

¿Estamos hablando por tanto de que finalmente habrá un Brexit blando? Quién lo sabe aún. En la práctica, lo que ha ocurrido este viernes con el acuerdo sobre la frontera consiste en decir, básicamente, que ya veremos qué hacemos con la frontera. “Una situación única con soluciones específicas”, según ha afirmado el negociador europeo, Michel Barnier.
El acuerdo deja la puerta abierta a que el propio Gobierno norirlandés -desde el pasado enero inexistente- decida levantar esa frontera en el mar de Irlanda. Tras el Brexit, podría ser la propia Belfast quien decida si quiere estar económicamente cerca del Reino Unido o de la UE. Pero el vago lenguaje diplomático era en esta ocasión más necesario que nunca si se quería desbloquear las negociaciones.

Los detalles de cada frase han sido fundamentales. Mientras el texto acordado este viernes habla de “alineamiento completo”, el pacto que estuvo a punto de cerrarse el lunes aludía a “alineamiento regulatorio continuo". Esto significaba que, Irlanda del Norte continuaría más o menos con las mismas reglas y regulaciones que el sur, lo que implicaría que la provincia británica se quedaría, al menos en la práctica, en la unión aduanera y mercado común mientras el resto del Reino Unido abandonaba ambos espacios.
Por otra parte, respecto al Tribunal de Justicia Europeo –cuyo futuro papel genera aún grandes divisiones dentro de la filas 'tories'- Londres ha acordado que solo podría actuar sobre un número reducido de casos cada año -2 o 3 máximo- durante un periodo de 8 años. Además, estará en manos de los jueces británicos decidir si recurren o no al TJUE para consultar cualquier cuestión jurífica. La idea es dar margen para que durante se cree la jurisprudencia necesaria para seguir aplicándola una vez se agoten estos ocho años. Los conservadores más euroescépticos podrían ahora oponerse, pero Downing Street insiste que es un acuerdo temporal y limitado.

Por último, tal y como se esperaba, no hay figuras específicas respecto a la factura del divorcio. La prensa aseguraba estos días que Londrese habría aceptado abonar, a lo largo de cuatro décadas, entre 40.000 y 49.000 millones de libras (de 45.000 millones a 55.000 millones de euros) al bloque comunitario. Pero en este texto de este viernes sólo figuran compromisos hipotéticos bastante vagos.
En definitiva, el documento evidencia que queda mucho por hacer. Se trata más de un acuerdo político, que un informe práctico donde se responden las preguntas. Pero para Downing Street lo importante este viernes es que ya está hecho. Y se trata de un gran paso que, de alguna manera, asegura la posición de May.
El caos aparente que reina en el Número 10 comenzaba a agotar la paciencia de los interlocutores de Bruselas. Con todo, saben que no pueden presionar mucho más a May porque se quiere evitar a toda costa tanto su dimisión como unas elecciones anticipadas en el Reino Unido. Tener un nuevo líder tory que fuera euroescéptico o al laborista Jeremy Corbyn convertido en premier no haría otra cosa que dificultar aún más las cosas.

FUENTE: Con información de CELIA MAZA. LONDRES - MARÍA TEJERO MARTÍN - https://www.elconfidencial.com
 

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