viernes, 15 de diciembre de 2017

(Cataluña - España) La próxima jugada de Puigdemont: cortar la cabeza a Artur Mas y renovar el partido

Carles Puigdemont tiene un plan oculto para el futuro: dinamitar el actual Partit Demòcrata Europeu (PDeCAT) y hacer un partido a su medida. Para ello, señalan fuentes independentistas a El Confidencial, necesita deshacerse de las personas de confianza de Artur Mas y poner al frente de la formación a incondicionales suyos. El plan es dar un ‘golpe de estado’ interno y acabar con Mas porque “el partido, sin este, tiene más margen de maniobra e incluso sacaría más diputados”.

Para los nuevos sectores emergentes del PDeCAT, la figura de Artur Mas está ligada al pasado y a la corrupción. Consideran al 'expresident' que impulsó el independentismo en Convergència un valor amortizado y que debe pasar a la reserva, sin protagonismo alguno y manteniendo la boca callada. En otras palabras, Puigdemont busca un particular ‘Termidor’ para Artur Mas, aunque en el fondo se trata de una lucha por el poder: liquidar al ‘rey Artur’ para que tome su lugar el ‘príncipe’ Carles.


Fuentes internas del PDeCAT consultadas por El Confidencial afirman que las relaciones entre el ‘expresident’ huido y la dirección oficial del partido están “bajo cero”. Puigdemont considera a los coordinadores generales, Marta Pascal y David Bonvehí, marionetas en manos de Artur Mas. “Fue él mismo quien les vetó para entrar en la candidatura electoral”, recalcan estas fuentes. De ahí que, sorpresivamente, los máximos dirigentes del PDeCAT no sean, por primera vez en la historia, candidatos en la lista electoral. Desde el primer momento de confección de las listas ya surgieron diferencias entre el partido y el mandatario huido en Bélgica, ya que el PDeCAT no tuvo arte ni parte en la confección de las mismas, que fueron una opción muy personal de Puigdemont.

Esta situación podría ser una simple anécdota si no fuese por el hecho de que afecta gravemente a la situación del partido. Pero la guerra interna está abierta y no hay quien la pare. El objetivo del ‘expresident’ es ganar las elecciones para, a renglón seguido, iniciar una ‘limpieza’ en el partido. “En caso de ganar, tendría toda una legislatura por delante para hacer desaparecer el ‘arturismo’ del PDeCAT. Puigdemont necesita urgentemente a alguien de confianza que lleve las riendas de la organización y no piensa desaprovechar cualquier ocasión para acometer los cambios necesarios”, dicen las fuentes consultadas.

Los partidarios de la renovación consideran que una legislatura es suficiente para que Puigdemont se pueda hacer con las riendas del partido y apuntan a que le criba será enorme. “Cualquier vestigio de ‘arturismo’ debe desaparecer, porque es un lastre. Está bien que Artur Mas sea mantenido como símbolo, pero a estas alturas ya no debe de ser él quien corte el bacalao. Debe traspasar el testigo y estar exclusivamente a lo que le mande el partido”, subrayan las fuentes.

Temor a las maniobras de Mas
A este propósito de liquidación de lo que representa la vieja guardia no es ajeno el temor a que si Artur Mas sigue controlando alguno de los resortes del PDeCAT, la estabilidad será imposible. Temen que el veterano Mas sea incapaz de estarse quieto y de que siga intentando manejar los hilos desde su oficina de ‘expresident’. Por ello, los ‘carlistas’ (partidarios de Carles Puigdemont) no se fían de los ‘arturistas’ lo más mínimo y creen que lo mejor que les podría pasar es que fuesen completamente eliminados. Muerto el perro, se acabó la rabia.

Por si fuera poco, se ha abierto una larvada ‘guerra’ en el PDeCAT entre dos de los pesos pesados del partido: Jordi Turull y Josep Rull, que ocupan los puestos cuatro y seis respectivamente en la candidatura. Ambos compartieron celda en Estremera, pero las relaciones políticas se han tensado los últimos días. ¿El motivo? Posicionarse en primera línea para tomar el relevo en el caso de que Carles Puigdemont no pueda ser investido presidente por cualquier circunstancia.

“Ambos ya tuvieron sus diferencias cuando se creó el PDeCAT, aunque sus diferencias no son ni mucho menos insalvables”, recuerdan desde el partido. En aquel momento, verano de 2016, el sector de Turull contaba con apoyos como el círculo más cercano a Artur Mas (entre otros, el consejero de Presidencia, Francesc Homs, el hasta hace poco presidente de JxSí, Lluís Corominas, o la entonces vicepresidenta del Govern, Neus Munté), mientras que Rull recibía el apoyo de cargos como el diputado Carles Campuzano o la presidenta de la Diputación de Barcelona, Mercè Conesa.

Esa antigua rivalidad ha vuelto a renacer ahora. Y el devenir de la campaña electoral es un espejo de la tensión interna que se respira. Los dos exconsejeros compiten por dar la cara en los momentos cruciales, aunque es Josep Rull, que ya había tenido cargos de responsabilidad en el partido (había sido coordinador general en un momento delicado, cuando Oriol Pujol Ferrusola dimitió como secretario general), el que se está llevando el gato al agua. En los últimos días, desde que salieron de prisión, ha sido él quien mayor protagonismo ha tenido en la campaña.

Rull, hábil estratega, maneja como nadie las redes sociales y ha sabido presentarse ante el partido como un sustituto hábil, con discurso y con marcado perfil. Su trayectoria y experiencia al frente de Convergència, además, le avalan. Por el contrario, Turull siempre estuvo limitado a su labor como parlamentario, sin mucho contacto con las estructuras del partido y sin controlar los resortes de Convergència ni del PDeCAT. La pugna entre ambos, no obstante, según resaltan desde el partido, no se convertirá en cruenta. “El objetivo de ambos es el mismo y la estrategia también. ¿Que puede haber algún matiz de personalismo? Puede, pero no pone en peligro el proyecto. Los dos pelean por ganar las elecciones y, de momento, solo hay un presidenciable: Carles Puigdemont. Ellos lo saben y lo aceptan”.

FUENTE: Con información de A. FERNÁNDEZ. B - https://www.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)
 

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