viernes, 1 de diciembre de 2017

(España) 'Machorragia', la palabra que define la actitud machista más extendida (+Opinión)

Esta semana, en el consejo asesor de la Fundéu, discutíamos alternativas en español para la palabra 'mansplaining', muy extendida en el periodismo y las redes sociales. Por si vives en una cueva afgana, te diré que el 'mansplaining' describe una de las costumbres machistas más molestas en el día a día de las mujeres. Es la manía que tenemos los hombres de explicarles lo que ellas ya saben, con grandes dosis de condescendencia, como si fueran tontas. Engloba la costumbre todavía más odiosa de explicar lo mismo que una mujer acaba de decir en una reunión, como si diéramos por hecho que a ella no la han entendido bien.
Cuando oí hablar del 'mansplaining' por primera vez me puse, cosa habitual en los hombres ante las denuncias feministas, a la defensiva. Sentí que yo jamás había hecho una cosa parecida. Bastante me cuesta a mí levantar la voz en una reunión como para que me acusen de no dejar hablar a las mujeres o de tratarlas como si fueran tontas. Pero empecé a observarme a mí mismo y me di cuenta de que soy cinturón negro en 'mansplaining'. Sí, me cuesta levantar la voz cuando hay varias personas en liza, pero lo hago con más aplomo cuando hay que rebatir a una mujer, o cuando es una mujer la que está intentando decir algo.
Sí, me cuesta levantar la voz cuando hay varias personas en liza, pero lo hago con más aplomo cuando hay que rebatir a una mujer
Observé también a mis amigos y colegas profesionales. Observé mesas redondas con proporción de tres hombres y una mujer. Observé otras situaciones y fui quitándome de encima el sentimiento de culpa paralizante para sumergirme en una sensación de ridículo propio y ajeno. Y me di cuenta, con la lentitud tediosa que tenemos los hombres para aceptar las acusaciones feministas, de que el 'mansplaining' es una epidemia. Casi todos caemos en esto de vez en cuando. Y no pasa nada por aceptarlo. Es el primer paso para cambiar.
Bueno, en estas andábamos en la reunión de la Fundéu, que trataba de recomendar una alternativa en español. Nos trajeron un término que usan las feministas en México, pero no terminaba de convencer a nadie. La alternativa era precisa pero fonéticamente no acababa de sonar bien. Fue entonces cuando Soledad Gallego-Díaz, presente en la reunión, levantó la voz y dijo que ella había estado pensando. Cuando pronunció su invento, tuve ganas de levantarme y aplaudir. Era 'machorragia'.
'Machorragia'. Paladeadla, pensad en ella, veréis que es una palabra perfecta: descriptiva, precisa y vomitiva. No solo sirve para señalar lo mismo que el 'mansplaining', sino que se extiende más allá. La 'machorragia' vendría a ser, según nos decía Sol Gallego-Díaz, la enfermedad epidémica de la cultura patriarcal, cuyo síntoma básico es una costumbre de los hombres de fluir en torrente, de derramarnos inundando el espacio de las mujeres. En el habla, en los asientos, en las fiestas, en las reuniones, en las mesas redondas, etc.
La 'machorragia' es un mal tan habitual que a veces ni siquiera se nota, y que solo puede solucionarse adoptando la femenina costumbre de escuchar
La 'machorragia' señala la tendencia enfermiza, a veces involuntaria, a veces maliciosa y cuanto menos poco meditada, al dominio y el despatarre. 'Machorragia' define nuestra visión de los ámbitos más dispares del mundo como espacios de conquista. Si en una reunión la única mujer acaba tomando notas, ahí huele a 'machorragia', que es nuestra tendencia atosigadora a recalcarnos y adelantar a las mujeres por la derecha. Un mal tan habitual que a veces ni siquiera se nota, y que solo puede solucionarse adoptando la femenina costumbre de escuchar.
En este sentido, el inglés sería una lengua 'machorrágica', y por eso nuestro idioma se achica cuando el señor anglosajón entra por la puerta. Pues bien: de la misma forma que el inglés ocupa espacios reservados para el castellano, los hombres ocupamos espacios reservados para las mujeres. Hacen muy bien ellas en reclamarlos y defenderlos con uñas y dientes, porque lo más jodido de la 'machorragia' es que estamos tan acostumbrados a su peste que ni siquiera nos repugna en la nariz.
Le supliqué a Soledad que escribiera un artículo sobre el palabro pero me dijo que no, que ella no tenía ganas, y me ofreció que lo escribiera yo si quería. Le contesté que contara con ello y ahora, mientras releo este texto, me entra la risa. ¿No serán todas estas palabras otra muestra de 'machorragia'? ¿No son mis ganas de correr con la buena nueva llamando a los portales otra prueba más de incontinencia?
Posiblemente sí. Cedo a toda prisa la palabra de Sol Gallego-Díaz a mis lectoras, y desaparezco. Que tengáis un buen fin de semana.

FUENTE: Columna de Opinión "España is not Spain" - JUAN SOTO IVARS - https://blogs.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)