lunes, 8 de enero de 2018

(España) El independentismo corteja a los 'comunes' y a Podemos para investir a Puigdemont

La batalla para acordar la investidura de Carles Puigdemont como nuevo 'president' de la Generalitat de Cataluña se encona. Los fieles al 'expresident' fugado en Bélgica se mantendrán en sus trece y se niegan a aceptar que un representante de ERC, el partido que hasta no hace mucho era su socio de gobierno, pueda ocupar el puesto de Puigdemont. El problema es que la huida del mandatario no pone las cosas fáciles: nadie, excepto el propio Puigdemont o sus más fieles partidarios, cree que se pueda investir a un presidente telemáticamente, tal y como arguyen sus acólitos.

El problema es que entre huidos y encarcelados, el bloque independentista cuenta con ocho escaños menos, es decir, con 62 diputados para votar en el hemiciclo, mientras que el resto de partidos suman 65. Y si la CUP se niega a prestar sus votos para la investidura (por no prometer la unilateralidad y la desobediencia a las leyes españolas, por ejemplo), la situación se vuelve aún mucho más comprometida, porque ERC y JxCat agruparían a solo 58 diputados.

La cruel realidad hace que desde el bloque soberanista se mire con esperanza ahora hacia el partido de los 'comunes', con Xavier Domènech al frente. Pero Catalunya en Comú-Podem (CPodem) no quiere votar a Puigdemont porque es "de derechas".

La candidatura auspiciada por Ada Colau y Pablo Iglesias nunca ha ocultado sus preferencias por un 'frente social' en el que entrarían ERC, PSC y CPodem… e incluso la CUP. Pero los votos tampoco llegarían, puesto que entre todos ellos tendrían 61 escaños, insuficientes para gobernar o incluso para poder investir presidente. Así pues, el bloque soberanista es quien más cerca está de optar a controlar la Generalitat… si no fuese por esos ocho escaños que por diversas circunstancias (sus titulares están en Bélgica o en la cárcel) no pueden sumarse a las votaciones de la cámara.

Desde las filas de los 'comunes' se mantiene un sepulcral silencio sobre el tema. Afirman que nadie se ha dirigido a ellos oficialmente para hablar del tema o de posibles apoyos y pactos. En el interior de la formación de Domènech hay incluso preocupación por el rol que podría jugar en la estabilidad de las instituciones catalanas: si apoyan al bloque independentista, los palos vendrán de los constitucionalistas; y viceversa. Los peores augurios para CPodem se han cumplido. Fuentes soberanistas aventuran que "aunque Domènech se niegue a apoyar un Gobierno presidido por Puigdemont, sí podría permitir que pueda haber investidura, sin más compromisos en toda la legislatura. No le comprometería a nada y lo único que haría es desbloquear el tema institucional". Pero ni siquiera esta eventualidad es contemplada por CPodem en estos momentos. "Si no apoyamos un Gobierno de derechas presidido por Puigdemont, por la misma razón no podríamos apoyar su investidura", indica una fuente de los 'comunes'.

¿Nuevas elecciones?
Fuentes independentistas reconocen a El Confidencial que "la situación es muy complicada, pero el único que puede tener la presidencia es JxCat porque es el partido más votado del bloque soberanista". Esta semana, el diputado de ERC Gabriel Rufián abrió el melón de la alternativa al argumentar que si Puigdemont no puede ser investido 'president' por encontrarse fugado, el recambio natural sería Oriol Junqueras, que, a pesar de estar en prisión, muy posiblemente pudiese asistir al pleno de la investidura y ocupar su lugar. Se trataría, argumentaba el diputado republicano, de otorgar la confianza institucional al segundo cargo en importancia del anterior Gobierno cesado por el 155. O, lo que es lo mismo, el primer paso para "la restitución del poder al Govern legítimo".

Pero desde JxCat no se atienden a esas razones. "Los de ERC han de estar dispuestos a ser coherentes. ¿Se trata de elegir a un nuevo Gobierno o de restablecer la legitimidad? ¿Es que las elecciones se hicieron para restituir al Gobierno anterior? Ha habido votos y deben respetarse los resultados. Se ha votado para elegir un nuevo Gobierno y punto", afirma a este diario un dirigente cercano a Puigdemont.

El inmovilismo en las trincheras deja las negociaciones en terreno de nadie. JxCat solo tiene el plan de votar como presidente a su candidato, no a uno de ERC. Y si su candidato no puede ser, se abriría la posibilidad de ir a nuevas elecciones, las quintas autonómicas en siete años y medio, todo un monumental fracaso de la política catalana, incapaz de asegurar la estabilidad de las instituciones debido al ferviente frentismo adoptado por los responsables políticos.

El posicionamiento de los acólitos de Puigdemont augura negros nubarrones en el horizonte: el mensaje que lanzan es que investir a Oriol Junqueras, su gran aliado, es "aceptar el 155". Se trata de una gran mentira (otra) propagandística, ya que no es precisamente el posicionamiento de Junqueras el que más se ha movido en el espectro político: los realmente tránsfugas son los ex de Convergència, que pasaron del autonomismo al independentismo más radical sin estaciones intermedias, mientras que ERC se definió hace muchos años como partido independentista. Otra cosa es que ahora apueste por la vía bilateral en vez de por la vía unilateral. Pero esa es una condición común a JxCat. En algunos círculos de Esquerra se comienza ya a criticar con dureza a sus hasta hace poco socios por la poca lealtad demostrada. "¿Pero qué se han pensado? Hacen demasiada política de despacho, grandes operaciones políticas sin tener en cuenta los mandatos de la gente de la calle".

FUENTE: Con información de A. FERNÁNDEZ - https://www.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)
 

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