miércoles, 24 de enero de 2018

(España) Misterio en el Cataluña Express: ¿busca Puigdemont su detención? (+Opinión)

Por: Isidoro Tapia - En 'Asesinato en el Orient Express', la novela de Agatha Christie, Hercules Poirot tiene que investigar un asesinato cometido a bordo del legendario tren: tras entrevistar a los pasajeros, descubre que todos ellos tenían algún motivo para acabar con la víctima, así que formula dos hipótesis para resolver el crimen: la primera es que un desconocido subió el tren, cometió al asesinato y escapó. La segunda, que todos los viajeros del tren cometieron el homicidio al alimón. “¿Cuál de las dos soluciones es la correcta?", se pregunta Poirot, para responder: "Lo desconozco. Pueden escoger cualquiera de las dos para ofrecérsela a la policía”.

Como en la novela de misterio, la solución al último embrollo catalán, la investidura del futuro 'president', parece dirigirse también a una de estas dos soluciones: que todos los enemigos del expresidente Puigdemont (que son muchos y habitan en los dos bandos) acaben con él (huelga decir que políticamente). La segunda es que no lo haga ninguno y Puigdemont sobreviva. Como ya ocurrió con la declaración de independencia del pasado 27 de octubre, podría terminar ocurriendo algo que, en realidad, casi ningún independentista quiere: que Puigdemont repita como presidente de la Generalitat. Veamos cómo puede suceder.

A día de hoy, hay cinco posibles escenarios para este nuevo acto del drama catalán. En cuál de ellos acabemos depende de las decisiones que tomen tres personas: Roger Torrent (el flamante presidente del Parlamento catalán), Carles Puigdemont y Mariano Rajoy.

La primera decisión le corresponde a Torrent, quien, previa reunión de la Junta de Portavoces, debe convocar el pleno de investidura, cuya primera sesión debe celebrarse antes del próximo 31 de enero. Torrent debe decidir dos cosas: el nombre del candidato (ya ha anunciado que el elegido es Puigdemont) y el formato del pleno. Es este segundo aspecto el más controvertido.

Torrent puede optar por convocar el pleno con un formato 'imaginativo', es decir, admitiendo la comparecencia telemática de Puigdemont o por medio de persona interpuesta (un tercer diputado que leyese el discurso del 'expresident'), así como facilitando el voto de los diputados 'fugados'. Si así ocurre, como ha explicado Fernando Garea, el Gobierno de Rajoy recurrirá inmediatamente la decisión, que será suspendida por el Tribunal Constitucional. Aquí se abren dos escenarios: el primero es que Torrent persista en la vía unilateral (es, digamos, la vía Forcadell), que ignore la resolución del Constitucional y convoque el pleno 'imaginativo'. En este supuesto, las nuevas caras del independentismo acabarán también en Estremera (o engordarán la comitiva de Bruselas). Seguiremos bajo el manto del 155, que en realidad nunca habrá dejado de estar vigente (lo está hasta que un nuevo Gobierno de la Generalitat tome posesión). Es el escenario del choque frontal: como los independentistas ya deben saber que es un 'cul de sac' para sus propios intereses, que no conduce a ninguna parte, creo que 'a priori' es el escenario menos probable.

El segundo escenario es que Torrent acate la decisión del Constitucional y suspenda el pleno. ERC lo justificará con un “no pudo ser [la investidura de Puigdemont], aunque lo hemos intentado”. Entonces se abrirá una negociación entre las fuerzas independentistas para proponer un nuevo candidato (que podría ser Junqueras, pero más probablemente sea otro diputado de JxCAT sin cuentas judiciales pendientes). Puigdemont tendría que aceptar resignado un papel honorifico en el nuevo Gobierno catalán. Seguro que la incombustible imaginación independentista le encuentra un título suficientemente rimbombante como para agradarlo y sorprendernos (¿presidente honorífico en el exilio?), que no significará nada pero provocará mucho ruido. Rajoy respirará aliviado. De todas las alternativas, es la menos mala para él. Si me permiten, la voy a bautizar como la alternativa Urkullu, no porque el presidente vasco tenga nada que ver, sino porque se asemeja a la convocatoria anticipada de elecciones que, gracias a la mediación del propio Urkullu, estuvo tan cerca de producirse a mediados de octubre, antes de que Puigdemont se echase atrás.

En condiciones normales, la alternativa Urkullu sería la más probable: permite a casi todo el mundo salvar la cara. Se restaura la autonomía en Cataluña por los cauces legales, Rajoy evita el choque, los independentistas aprovechan su mayoría absoluta para recuperar el gobierno de la Generalitat, y Puigdemont podría seguir paseándose por Bruselas, incluso ahora disfrutando de un sueldo pagado por el nuevo Gobierno catalán. Si tuviese que apostar, apostaría por esta salida, salvo por dos detalles: uno, porque cuando el pasteleo es demasiado evidente, las fuerzas más radicales saltan como un resorte (ya ocurrió con la original solución Urkullu), y la mayoría independentista sigue dependiendo de los cuatro diputados de la CUP. Si estos ven venir la jugada, pueden bloquear cualquier candidato alternativo a Puigdemont y amenazar con elecciones (un escenario temido por el independentismo). Y en segundo lugar porque ya hemos visto que lo previsible es justamente lo que nunca sucede en Cataluña.

Así que pasemos a los otros escenarios. Supongamos que Torrent convoca un pleno de investidura perfectamente normal. Es decir, sin investiduras telemáticas ni sesiones de Skype. Puede hacerlo, porque en tanto Puigdemont no tenga privados sus derechos por una sentencia firme que le inhabilite para el ejercicio de cargos públicos, es un candidato legalmente admisible. Si así sucede, podemos imaginarnos el escalofrío que recorrerá la espalda de Rajoy. Porque la convocatoria de una sesión de investidura 'normal' por Torrent querrá decir que Puigdemont tiene intención de acudir a la misma. En este caso, la clave será cómo reacciona Rajoy (en realidad, cómo lo hace Zoido). Las posibilidades de bloquear en el Constitucional un pleno 'normal' con un candidato 'admisible' son, en mi opinión, muy pocas. Por mucho que el Constitucional haga una interpretación restrictiva, tiene poco margen para suspender un pleno así convocado. Así que la clave aquí está en si Puigdemont consigue entrar en el Parlament o no. Suena ridículo pero en este filo de la navaja nos movemos. Si Puigdemont es detenido antes de entrar en el Parlament, la sesión tendrá que ser suspendida. No es que el asunto se resuelva. Al contrario, empezará un fenomenal embrollo judicial: ¿puede el Puigdemont detenido presentarse a una eventual nueva convocatoria de su sesión de investidura? ¿Lo admitirá el juez Llarena a pesar del desafío de Puigdemont durante los últimos meses? ¿Puede un juez de instrucción, por muy fundados motivos que tenga, alterar el normal desarrollo de una investidura? El lío será tan grande y el papel del juez tan importante, que me van a permitir bautizarlo como el escenario Llarena.

¿Y el cuarto escenario? Consiste en que Puigdemont burla el cerco policial y consigue entrar en el Parlament, ya sea escondido en un maletero, disfrazado de 'mosso' o pilotando un dron. Las alternativas para Rajoy, como bien ha descrito Ignacio Varela, son diabólicas: mandar a la Guardia Civil entrar en el Parlament (que esgrimirá la inviolabilidad de la sede parlamentaria), buscar una suspensión 'in extremis' del pleno por los tribunales o meter al propio Rey en el embrollo, al ponerlo en la situación imposible de tener que resistirse a sancionar el nombramiento de Puigdemont. Cualquiera de ellas provocaría una tormenta internacional que haría palidecer la tormenta que vivimos tras el 1-O. Es la pesadilla del Gobierno español y seguramente el escenario soñado por el independentismo más radical. Como es justo reconocerle la paternidad (espero que pueda perdonármelo), lo voy a llamar el escenario Varela.

¿Hay un quinto escenario? Sí, y algo me dice que es lo que está persiguiendo Puigdemont con su visita a Copenhague para dar una conferencia. Consiste en que lo detengan por orden de las autoridades españolas. Puigdemont dejaría de ser un prófugo, pero físicamente no estaría en manos de la policía española sino de la danesa. A continuación, se convoca un pleno de investidura perfectamente normal. ¿Quién toma la decisión sobre si Puigdemont puede o no acudir? ¿El juez Llarena o el danés? Y si el juez danés permite a Puigdemont acudir a la investidura, ¿lo detendría la policía española? Por razones obvias, voy a bautizarlo como el escenario Hamlet.

Forcadell, Urkullu, Llarena, Varela o Hamlet. ¿Cuál es el más probable? Pues, como Poirot, yo voy a decir "lo desconozco", elijan ustedes cuál prefieren contarle a la policía. Lo único que digo es que si Puigdemont es detenido en suelo danés o en el decreto de convocatoria de Torrent no hay mácula alguna, no respiren aliviados, sino más bien lo contrario: porque si nos vamos a jugar el desenlace a que Zoido impida que Puigdemont cruce el pórtico de entrada del Parlament, o a que en juez danés decida sobre si Puigdemont puede o no acudir a su investidura, yo no sabría dónde poner mis ahorros. Casi mejor apagar la televisión y empezar a leer una novela de misterio.

FUENTE: Columna de Opinión "Desde Afuera" - ISIDORO TAPIA - https://blogs.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)
 

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