jueves, 11 de enero de 2018

(España) Por qué decapitar a Puigdemont en los carnavales no es delito de odio

Durante meses se ha sabido que los carnavales iban a darle al conflicto catalán la del tigre. Y no se ha hecho esperar la polémica. Este martes arrancó el concurso oficial del Carnaval de Cádiz y sobre las tablas del Teatro Falla ya se ha visto cómo unos verdugos medievales condenaban al ‘expresident’ Puigdemont por “alta traición”. Queda mucho por ver.
Lo llamativo no es esto, que era previsible, según quienes saben de esta fiesta, lo noticioso es que asociaciones como el Círculo Catalán de Negocios (CCN) piden que actúe la Fiscalía por considerar que es “un delito de odio”. Los independentistas han mostrado en las redes sociales su profundo malestar por esta chirigota y piden a la Justicia que actúe. Queda claro que no saben que en el carnaval no hay límites a la libertad de expresión.


La sorpresa es máxima para Álvaro García, el autor de la chirigota. Desde la localidad gaditana de Chiclana de la Frontera llevan desde 1998 acudiendo al Teatro Falla y jamás les había pasado nada parecido. Él precisamente es licenciado en Derecho y alucina con la polémica o el amago de denuncia. “”El carnaval siempre ha sido el máximo exponente de la libertad de expresión y eso es intocable, eso no se le puede quitar. No puede ser odio una parodia en tono de humor, sea el tema que sea. Nos molesta que se piense que el asunto catalán es intocable. ¿Por qué? En el Carnaval de Cádiz no hay temas intocables”, asegura en declaraciones a El Confidencial.

Es cierto que esta chirigota, que tampoco se encuentra entre las más conocidas, ha vivido estos últimos días con cierta angustia. Al principio, la repercusión de su actuación en el Falla en los medios catalanes les hizo gracia y fue objeto de mucha bromas en el WhatsApp de la chirigota. Después muchos les animaron a aprovechar la polémica para alcanzar repercusión y a difundir las noticias en su muro de Facebook. Ahí empezaron las dudas. Sobre todo después de leer los comentarios de los lectores vertidos en las noticias. Eso les preocupó, sobre todo por el odio que destilaban muchos de esos catalanes contra ellos. “La gente va a saco”, confiesa el autor de la chirigota.

"La gente va a saco"
Ni durante los ensayos ni en ningún momento de los preparativos cayeron en que podía haber una polémica como esta. Y eso, dicen, que son hipercríticos con las letras que llevan al carnaval. Nadie, ni de dentro ni de fuera de la chirigota, entendió antes de actuar en el teatro que esa parodia fuese hiriente, ni mucho menos que incitara al odio. No era ese el cometido, aseguran. “En absoluto”, zanja el autor.

La chirigota que ha incendiado tampoco es de las que hasta ahora han tenido mejor puntuación entre quienes conocen los entresijos de esta fiesta. Sin embargo, los medios catalanes se han hecho eco con estupor de su parodia. Empiezan con los tres Reyes Magos en la guillotina y por allí pasan tres caricaturas de Puigdemont, con una peluca y una gafas de broma, que piden perdón al ritmo de la balada de Antonio Orozco ‘Devuélveme la vida’.

“Según el artículo 155 de la Constitución española y la humanidad, se condena por alta traición al gafas que está ahí detrás”, proclama aproximadamente tras 15 minutos de parodia uno de los integrantes de la chirigota que hace de pregonero. “No sabemos si cortarle al cabeza o mandarlo a pelar”, agrega.

En ese momento, tres de los miembros de la chirigota aparecen en el escenario con pelucas, gafas y agitando una estelada de papel en la mano mientras gritan “Bona nit”. “Pido perdón por haber celebrado el referéndum. Pido perdón por la jungla que allí provoqué. En realidad eran cajas de ropas de invierno...Yo te pido perdón, que no quiero cumplir más condena, te pido perdón de la única forma que sé. Perdóname la vida”, cantan con la cabeza metida en la guillotina.

“No seas más llorón y suénate lo mocos”, le espetan dejándole unas banderas de España, y “ahora que el pueblo lo decida”, le replican los ‘verdugos’. El público es unánime: “¿Le perdonamos la vida a Puigdemont, sí o no?”, preguntan por dos veces. “No”, responden al otro lado con rotundidad. Después de esta parodia, se cambia de tercio.

El Papa y el Rey
El vídeo de esta chirigota ha desatado todo tipo de comentarios en las redes y denuncias de catalanofobia, xenofobia o ultraje. En Cádiz es de lo más normal. Sobre las tablas del Falla no hay límites. Ni la Iglesia ni la familia real se salvan de las sátiras más mordaces, y los políticos están más que acostumbrados a que el pueblo salde cuentas en forma de humor, a veces ácido, a veces hiriente, pero humor. Quienes llevan años siguiendo los carnavales aseguran que no recuerdan precedentes de que en ningún caso la Fiscalía haya abierto diligencias ante alguna denuncia, aunque sí que hay precedentes de amagos de acudir a los tribunales.

El profesor de Derecho Constitucional y exletrado del Constitucional Joaquín Urías tiene claro que no cabe el delito de odio. “Si me tocara defender este asunto, apelaría sin dudarlo al ‘animus iocandi’, que habla del ánimo de broma o la intención jocosa. En los carnavales, en una parodia, no cabe el delito de odio. Se trata de la burla, de diversión, y hay jurisprudencia histórica a este respecto”, explica, recordando que hay sentencias que niegan un delito de injurias apelando a este concepto.

Sin embargo, sí que admite que el artículo 510 del Código Penal que regula el delito de odio es tan abierto que podría dejar en manos de un juez la decisión. “Es demasiado impreciso y por eso siempre defiendo que habría que delimitarlo más”, sostiene Urías. Una curiosidad: si se presentara de verdad una querella y se dirimiera en un juzgado de Cádiz, podría tocarle pronunciarse al fiscal Ángel Núñez, muy querido en la ciudad y que fue presidente del jurado del Concurso de Agrupaciones Carnavalescas de Cádiz de 2016. En la ciudad gaditana, nada escapa a esta fiesta, ni el alcalde, José María González ‘Kichi’, conocido comparsista.

De hecho, quienes echan la vista atrás recuerdan como único precedente que el juez Emilio Calatayud criticó duramente a una comparsa por mofarse del hijo de una pareja famosa. Se trataba de Kiko Rivera, 'Paquirrín', cuando era menor de edad. No llegó a nada más allá de la petición de cautela desde el defensor del Pueblo andaluz, entonces José Chamizo, que no obstante explicó que "jamás las mofas o críticas en carnaval a menores han sido interpretadas como un escándalo o causa de daños".

Ha habido letras muy fuertes en el carnaval, entre las más polémica la que el conocido Martínez Ares dedicó al Papa en 1993. Los ministros de Vera Luque, ganadores del concurso en 2014 con 'Esto sí que es una chirigota', metían en la cárcel a todo el Gobierno de Rajoy, con los ministros perfectamente caracterizados, y no pasó nada. 'Esta chirigota cae bien', del pasado año, le daba fuerte y flojo al Rey emérito, Juan Carlos, repasando no solo sus caídas sino aspectos de su vida como sus supuestas infidelidades o su presunta mala relación con su nuera Letizia. Igualmente, la gente rio sin amago de acudir a la Justicia. Aquí no hay odio, hay sátira, replican desde Cádiz a Cataluña. Y que se preparen, dicen, porque habrá mucho más en lo que queda hasta final de febrero.

FUENTE: Con información de ISABEL MORILLO - https://www.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)