jueves, 1 de febrero de 2018

Asesinatos de dos “acompañantes” venezolanas en México siguen sin ser esclarecidos

Cuatro jóvenes “acompañantes” o damas de compañía fueron asesinadas en México en distintos meses de 2017, entre ellas dos migrantes venezolanas. Los crímenes guardan varias similitudes. Ninguna de las mujeres llegaba a los 30 años y todas quedaron tendidas en la cama de un hotel.
Un país como México, en donde la tasa de femicidios y asesinatos es de las más altas de América Latina, probablemente no dedicará tiempo a investigar quién mató a estas mujeres consideradas por la sociedad de “la mala vida”.

Las cuatro tenían sueños, algunas de ellas eran inmigrantes que buscaban un mejor futuro en el país azteca. Se trata de la venezolana Wendy Vaneska de Lima asesinada el 4 de febrero de 2017, Katya 13 de abril de 2017, mexicana; Génesis Ullianys Gibson, también venezolana, el 17 de noviembre de 2017 y Karen Ailén Grodzinski, argentina, el 27 de diciembre del mismo año.

Investigación El País:

4 de febrero de 2017, Wendy Vaneska de Lima

A las 18.40 horas de aquel sábado, Wendy tenía que abandonar la habitación que había contratado exactamente 24 horas antes. Ahí, a unas cuadras de la Condesa, uno de los barrios de moda de Ciudad de México, conocido por sus numerosos locales de copas, tiendas boutique y caros restaurantes, se había disparado un arma y nadie lo había escuchado hasta la hora del check out.

A los pies de una cama naranja sin deshacer, estaban sus tacones altos negros y una almohada, según un documento al que ha tenido acceso este diario. Wendy, que tenía en ese momento 26 años, apareció muerta con un tiro en la cabeza. El presunto agresor salió poco después de la hora fijada, dejando un nombre falso: Jaime Rodríguez. Pues en la capital mexicana —y pese al elevado número de homicidios perpetrados en hoteles recientemente— sigue sin ser necesario dejar una identificación. El caso de aquella joven fue el primero de una serie de crímenes que se desencadenaron después.

13 de abril de 2017, Katya

Pocos sabían que había vuelto a trabajar como escort. Su cuerpo estaba en aquel hotel de la colonia Roma, otra de las zonas más cool de la capital, pero su cabeza estaba en París. Su hermano vivía en la capital francesa y uno de sus sueños era huir de una cruda realidad en México. Faltaba el dinero.

Trabajaba en un call center donde ofrecía planes telefónicos, según contaron amigos de la joven de 21 años al diario mexicano Reforma. Tenía un sueldo por comisión y no le alcanzaba para cuidar de una madre enferma de artritis y un hermano con una discapacidad intelectual. Había dejado de vender su cuerpo hacía tres años, pero lo retomó poco antes de morir.

Había aprendido desde muy joven a buscarse la vida, con sólo 18 años. “Tenía mucho carisma, sabía ocultar bien sus problemas detrás de una sonrisa que brillaba. Pero había algunas cosas que no superaba, como la pérdida de su padre y las enfermedades de su madre y hermano”, contó un amigo cercano de la víctima al diario mexicano.

Su cadáver amaneció desnudo aquel jueves en el Hotel Estadio a un costado de la cama. Una cobija ensangrentada cubría una escena macabra, el cuerpo sin vida de una joven con las manos atadas a la espalda, golpeado brutalmente y rematado con unas tijeras de jardinería a la altura de la garganta.

17 de noviembre de 2017, Génesis Ullianys Gibson

Génesis tenía 24 años y una niña de cinco. Había huído de una situación dramática en Venezuela hacía tres años para buscar una vida mejor en México. Rentó una casa con su hermana en la ciudad de Querétaro, al norte de la capital. Y hasta allí se llevó a su madre.

El 16 de noviembre había quedado con un cliente en Puebla, a unas cuatro horas en coche de su casa. Pero había acordado duplicar la tarifa por hora, la cual iba, según la investigación, de 5.000 pesos a 7.000 (de unos 265 dólares a 370).

La última vez que habló con su madre fue esa noche alrededor de las 22.30 horas, cinco minutos después de ingresar al Hotel Platino, según la ficha policial a la que ha tenido acceso este diario. No la encontraron hasta el día siguiente al mediodía. Esa tarde, la señora Gregoria García tenía que hacer la limpieza del cuarto 107 y nadie respondía al otro lado de la puerta.

Al abrirla encontraron el cadáver de la joven, tumbada sobre la cama, atada de pies y manos con su propia ropa interior y cinta adhesiva. Su cara estaba cubierta con una toalla y una almohada; alrededor de su cuello, una cuerda azul. Antes de morir estrangulada, el agresor la golpeó y le hizo varios cortes en el abdomen y en el cuello. La postura en la que fue encontrada la joven hizo sospechar a las autoridades por las similitudes con el caso de Katya.

Génesis tenía un perfil en la polémica web ZonaDivas.com, igual que otra de sus compañeras asesinada un mes más tarde, Karen Ailén Grodzinski. Las dos se conocían.

27 de diciembre de 2017, Karen Ailén Grodzinski

Ya habían matado a tres y Karen tenía miedo de ser la próxima. Unos días antes de morir le había comentado a la esposa de su padre lo que le había ocurrido a Génesis: “Ella era novia de un político y ni eso la salvó”, contaba la joven de 23 años en un mensaje de Whatsapp al que tuvo acceso la Fiscalía.

Hacía poco más de dos años que se mudó de su tierra natal, Argentina, para hacer una carrera en México. La Fiscalía incluyó en sus primeras investigaciones que el sueño de Karen era ser actriz, algo que encajaba perfectamente con la errónea vinculación de un conocido actor mexicano. Ella, no obstante, en sus redes sociales se presentaba como bailarina profesional y modelo.

En julio se casó con un comerciante de Tepito, Carlos Iván Nolasco. Un hombre que decidió sepultar el cuerpo de su esposa antes de que su familia pudiera llegar desde Argentina para despedirse de ella y de que se pudieran completar los estudios periciales que hicieron falta después. Las autoridades habían detenido por error, según determinó un juez, al actor Axel Arenas, y la equivocación de la Fiscalía de la capital hizo que el caso se convirtiera en un bochorno nacional.

Como Wendy, Katya o Génesis, su cuerpo apareció a la hora de la salida junto a la cama. Una mancha de sangre regaba la tarima de madera artificial del Hotel Pasadena. Tenía un impacto de bala en la cabeza. Nadie lo escuchó. Detrás de aquella puerta fría de motel, estaban solas. (PULSE AQUÍ PARA VER MÁS)

FUENTE: Con información de Ariadna García - http://www.caraotadigital.net
 

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