miércoles, 11 de abril de 2018

(España) Una de las profesoras del máster elude declarar a la policía por una baja médica

Clara Souto, una de las profesoras cuya firma aparece en el acta falsa del máster de Cristina Cifuentes, no ha acudido a declarar a la fiscalía. Fuentes jurídicas han explicado que Souto, que figuraba como vocal del falso tribunal de la Universidad Rey Juan Carlos, ha esgrimido la baja médica por depresión que tiene desde hace días para no acudir a declarar ante la unidad de policía adscrita a la fiscalía de Madrid. La declaración ante la comisión interna puesta en marcha de la investigación de Cecilia Rosado y Clara Souto ya se retrasó por una baja médica. Las profesoras dicen estar sometidas a una gran tensión. Fuentes de sus entornos explican cómo han vivido en primera persona el escándalo.

El dilema del prisionero es un clásico de la teoría de juegos. Dos prisioneros están en celdas separadas y si ninguno declara se llevan una condena menor. Ninguno sabe lo que dice el otro. Si los dos colaboran obtendrán mejor resultado, pero si uno de ellos confiesa, el otro cargará con toda la culpa. Al final, lo normal es que ambos confiesen y tengan una dura condena.

Alicia López de los Mozos,Cecilia Rosado y Clara Souto, que figuraban en el acta falsa del máster como presidenta, secretaria y vocal del falso tribunal que supuestamente evaluó el trabajo fin de máster de Cifuentes en 2012, han vivido su particular variante del juego del prisionero. Toda la coartada fabricada por el Instituto de Derecho Público para sostener que Cifuentes sí hizo el máster recaía sobre ellas. Eran el eslabón mas débil. Solo López de los Mozos es profesora titular. Cuando el 21 de marzo eldiario.es desveló la falsificación de las firmas, Álvarez Conde las conminó/convenció/coaccionó (eso lo decidirá la investigación) para elaborar un documento que pasase por acta del tribunal (un acta que no constaba en secretaría). Este a su vez ha acusado al rector, Javier Ramos, de presionarlo para arreglar el asunto como fuera con un gráfico 'Enrique, arréglalo', algo que el rector niega tajantemente.

"Enrique, por favor, tú eres como un padre para mí, no te preocupes", dicen que respondió alguna de las "las discípulas" -como las llama Álvarez Conde-. Durante un tiempo, las tres profesoras fueron una piña. Acudieron juntas con Álvarez Conde al abogado Juan Mestre, catedrático de Administrativo de Valencia y miembro del Instituto de Derecho Público (aunque después ha dejado de ocuparse del caso). Allí llegaron a imaginar detalles de la lectura de Cifuentes, como que vestía "colores claros", para dar apariencia de veracidad. Si ellas aguantaban nadie podría dudar de que Cifuentes estuvo allí leyendo su trabajo fin de máster aunque se ubiese perdido el acta original y el trabajo no apareciese. Álvarez Conde les dijo que llegado el caso, si el tema acababa en un juzgado, él asumiría la responsabilidad y se jubilaría.

Pero la comunidad del acta falsa se disolvió pronto. López de los Mozos buscó asesoramiento legal por su cuenta. Cecilia Rosado y Clara Souto mantuvieron el contacto. Pero al consultar con algún abogado conocido, el consejo que recibieron todas fue tajante: "Nunca mientas". Ya se vislumbraba que el caso acabaría de una forma u otra en la fiscalía. Las profesoras se mantuvieron un estruendoso silencio. Incluso ante los periodistas que iban a la puerta de sus clases con una sencilla pregunta: ¿Estuvo usted en el tribunal que evaluó a Cifuentes en 2012? La presidenta madrileña era entonces delegada del Gobierno y no había nada de oprobio en haber evaluado su trabajo, pero ellas respondían con evasivas: "Hablaré ante la universidad".

Tenían la palabra de su mentor de que llegado el caso él asumiría la responsabilidad, pero el escándalo no solo no amainaba sino que iba creciendo. Las reuniones se fueron volviendo más tensas y en las últimas dejaban los teléfonos fuera de la sala para evitar grabaciones. Si mantenían que estuvieron en el tribunal y se descubría el pastel ellas se jugarían todo y Álvarez Conde, que no había firmado nada. ¿Se arriesgaría a sumir toda la culpa? Y la relación finalmente se rompió. Y con ella, el castillo de naipes para cubrir a Cifuentes se vino abajo. Comenzó cuando El Confidencial publicó que el acta era falsa y que estaba fabricada el pasado 21 de marzo, no seis años antes. Siguió con la información de este diario de que nunca hubo tribunal. Y terminó de reventar cuando López de los Mozos -la primera en distanciarse- acudió a la investigación interna de la universidad y allí leyó su declaración: "No he formado parte ni he presidido ningún tribunal que haya examinado el trabajo fin de máster de Cristina Cifuentes". "No reconozco el contenido del acta que se ha hecho pública ni la firma que aparece en la misma".

Para sus cmpañeras eso supuso en parte una liberación: ya había saltado todo por los aires y no tenían que mantener una mentira para mantener a Cifuentes. Ahora ya no tienen contacto pero ninguna quiere dañar a las demás. Hay consenso en que fue un error, casi un acto de vasallaje que nunca se debió producir. Inmediatamente se dieron cuenta del fallo que supuso aceptar fabricar ese acta falsa/"documento interno para el rector".

La que peor lo tiene es Cecilia Rosado. Ella es la que única que firmó y la que simuló las firmas de sus compañeras. Fuentes del caso han explicado que la sostiene que lo hizo por la presión de Álvarez Conde. Pero algo más: que tiene el consentimiento de sus compañeras. En ese caso no sería una falsificación de las firmas. Sí lo sería del acta, porque en ningún caso se firmó en julio de 2012, pero el problema sería menor. No es lo mismo garabatear un documento con la firma de otra persona si esta ha dado permiso -sea por un whatsapp o por otro medio- que inventarse las firmas sin avisar. Además, Cecilia Rosado podría estar implicada en la falsificación de firmas para convalidar asignaturas de Cifuentes, según eldiario.es, lo que complica su situación penal.

La firma de Clara Souto también está falsificada, como desveló este diario y confirmó un peritaje caligráfico, y su versión es clave para ver si realmente dio ese consentimiento o no. Pero ante la citación de la policía ha acudido solo su abogado, según fuentes de la investigación. Ella está de baja por depresión. Cuentan que realmente está muy afectada por la tensión, pero posponer la declaración tiene otro valor: saber qué material posee Rosado sobre si tuvo consentimiento de otras o no. Llegados a este punto, el dilema del prisionero aconseja esperar.

FUENTE: Con información de RAFAEL MÉNDEZ - JOSÉ MARÍA OLMO - https://www.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)
 

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