lunes, 28 de mayo de 2018

(España) Sánchez no concreta sus planes y los barones exigen que no pacte con los independentistas

Moción de censura, estabilidad y elecciones". Esa es la tripleta sobre la que Pedro Sánchez construye su moción de censura a Mariano Rajoy. Una iniciativa que entiende "suficientemente motivada" tras la devastadora sentencia de la primera época del caso Gürtel y que sobre todo quiere convertir en un plebiscito sobre la figura del presidente del Gobierno al que los "350 diputados", incluidos por tanto los independentistas, deben responder con un sí o con un no. Pero su hoja de ruta concreta es aún una incógnita. Sus planes permanecen en una nebulosa, así como los apoyos de los que puede disponer el viernes, cuando el pleno del Congreso vote.

El secretario general tenía que pasar este lunes por la prueba del comité federal del PSOE. Un examen fácil, dada la convicción de los poderes del partido de que no había más salida que presentar una moción de censura, con lo que el cierre de filas lo tenía garantizado de antemano. Pero no se quiso complicar la vida y lo concibió como un mero trámite. En su intervención inicial [aquí en PDF], de poco más de 20 minutos, siguió el guion del pasado viernes, cuando compareció ante los medios tras el registro de la iniciativa, y poco más. No quiso avanzar cuándo podría convocar elecciones en caso de llegar a La Moncloa, o qué iniciativas serían prioritarias en su Gobierno.

Tampoco reiteró, como había hecho su equipo en los últimos días, que su dirección no negociará "nada" con ninguna fuerza, o que no habrá contrapartidas a cambio del sí de los separatistas. Y ese silencio resultó llamativo, máxime cuando minutos antes del arranque del comité barones como Susana Díaz y Emiliano García-Page habían incidido en que no caben "acuerdos ni concesiones" con los independentistas, en palabras de la andaluza. Esta cuestión ya persiguió al líder socialista en su 'primera vida', en la investidura fallida de 2016. Ahora tiene manos libres y su autoridad es incuestionable, pero no quita para que esos temores subsistan, como ambos presidentes autonómicos evidenciaron este lunes. Otros que en el pasado sí estaban más alineados con Díaz, como el valenciano Ximo Puig, mostraron menos prevenciones, porque a fin de cuentas Sánchez nunca ha dicho que vaya a pactar nada con los soberanistas. No renuncia a sus votos, simplemente. Y a esa hipótesis los presidentes críticos no contestan.

"La pregunta que se tienen que hacer los 350 diputados del Congreso —mantuvo Sánchez— es muy sencilla, muy simple: si después de la sentencia de Gürtel puede seguir siendo presidente del Gobierno o no. Aquellos que como el PSOE consideren que es inaceptable les tendemos la mano para entre todos construir un gran acuerdo nacional por la regeneración democrática, abrir una nueva etapa" y cerrar una "negra". Su "hoja de ruta clara" es "censura, estabilidad y elecciones para que los españoles decidan". ¿Cuándo? No hubo detalle, y eso que uno de sus potenciales aliados, Ciudadanos, pide comicios inmediatos, idea a la que no hace ascos Podemos.

No había "otra opción"
Sánchez apeló a la "responsabilidad" de los "350 diputados, ni uno más, ni uno menos, para que sean conscientes de lo que está en juego", que es "la confianza de la ciudadanía en la política". Una confianza "quebrada" por el fallo de la Gürtel, porque los jueces "no han creído el testimonio" del presidente, y porque las instituciones han sido "instrumentalizadas" por el PP para sus "fines partidarios", puesto que los conservadores han concurrido a diversas elecciones con "ventaja", con financiación extra. El líder sostuvo que la "democracia española no se puede ver encadenada a un Gobierno bunkerizado", que se niega a salir de La Moncla y no "reconoce la verdad". "Su tiempo político acabó".

El secretario general defendió que su partido no había hecho más que dar "una respuesta constitucional a una emergencia institucional". Emergencia, resaltó, no "creada por el PSOE", puesto que no estaba en sus planes presentar una moción, sino motivada por la "realidad judicial" del Gobierno. Ya no solo por esta sentencia de la primera época de Gürtel, sino por las instrucciones, vistas y fallos del resto de piezas del caso que quedan pendientes. "Si hoy se ha presentado la moción es simple y llanamente porque Rajoy no ha dimitido. Como alternativa de Gobierno que somos, el PSOE no tenía otra opción más que asumir su responsabilidad".

Los socialistas consideran "suficientemente motivada esta moción de censura", por razones de reputación internacional de España, por la "magnitud" de los desafíos que el país debe afrontar, por la consciencia de que la "legislatura está acabada". "Tras esta sentencia el no hacer nada se acabó".

No "contribuir a la crispación"
La moción es "constructiva", recalcó, en otro mensaje en clave para Ciudadanos —para indicarle que no caben mociones "instrumentales"—, y de la que saldría, en caso de prosperar este viernes, un "Gobierno del PSOE", monocolor, que "va a garantizar el orden constitucional y la convivencia". Era su aproximación al conflicto catalán, su promesa, como dijo el viernes, de que hará "cumplir" la Carta Magna y que por tanto no cederá en su discurso de dureza contra el secesionismo. También Sánchez hizo valer las credenciales del PSOE desde la Transición, puesto que "siempre ha sido una organización que ha garantizado la estabilidad, la ejemplaridad, la confianza, la convivencia, el diálogo".

Sánchez dirigió algunos mensajes de consumo interno. Primero, que ante un PP "acorralado", que tira de "descalificaciones y acusaciones" muy gruesas, el PSOE no debe entrar al trapo, aunque "duelan y causen indignación" esas palabras. No ha de "contribuir a la crispación", a que se "genere más ruido para que no se hable de lo importante", que es si "puede o no" seguir siendo Rajoy presidente. Los ataques vistos en los últimos días son, para la dirección, la "viva prueba" de un partido que no tiene "una excusa verosímil" para mantenerse en La Moncloa. El segundo consejo es que los socialistas no trasladen "superioridad moral", porque "no hay partidos corruptos ni partidos inmunes". Y ahí agradeció la labor constante de denuncia de la corrupción de militantes y cuadros del PSOE.

Hay pocas dudas en el conjunto del PSOE de la conveniencia de presentar la moción de censura. Otra cosa son las líneas rojas, más tenues para Sánchez —un Ejecutivo monocolor y el respeto a la Constitución a las leyes— y más evidentes para los barones que comulgan menos con Ferraz. Así, Susana Díaz, a su llegada al comité, rechazó que el secretario general pueda llegar al poder tras "acuerdos" o "concesiones" con los independentistas. "El PSOE siempre ha actuado con responsabilidad con España y en estos días también. Espero y confío en que la decisión del partido va en esa línea", aseguró a los periodistas.

Presión sobre los emergentes
La presidenta andaluza, como el jefe del Ejecutivo manchego, intentó focalizar la presión en Podemos y Ciudadanos, haciendo ver que esa es la fórmula aceptable: una suma del PSOE con los emergentes para derribar a Rajoy. "Lo que espero es que haya un ejercicio de responsabilidad de los partidos que respetan el orden constitucional para que España no siga en esta situación", sostuvo Díaz.

Emiliano García-Page señaló, en la misma línea, que con su moción de censura, el PSOE ha abierto una opción "muy razonable" con morados y naranjas para que haya un cambio político "muy pronto" en España. El presidente manchego hizo hincapié en que su partido está "cerrado en banda" en cuanto a su posición respecto a los separatistas. "No solo no contamos con los independentistas, no podemos apostar por un Gobierno pendiente de los independentistas", insistió Page. Los dos barones se agarraron a las palabras del secretario de Organización federal, José Luis Ábalos, en este fin de semana, cuando aseguró que la dirección no "negociará nada" con ninguna fuerza, y menos con los separatistas. Las tesis de Page o Díaz las comparte el aragonés Javier Lambán, que sorteó a lo periodistas a la entrada. Puig, en cambio, entiende que no cabe hacer advertencias porque la cúpula ya se ha comprometido a no consensuar nada con los secesionistas.

Tras la intervención de Sánchez, siguieron los 22 turnos de palabra pedidos a puerta cerrada. Díaz intervino por primera vez en esta etapa posterior a las primarias de hace un año en el comité federal, aunque no se quedó hasta el final de la cita en Ferraz. También hablaron hicieron los presidentes de Valencia, Ximo Puig, y Baleares, Francina Armengol, más comprensivos con los argumentos de la cúpula. No quisieron terciar, sin embargo, ni Lambán ni Page, y el extremeño Guillermo Fernández Vara y el asturiano Javier Fernández (ya es costumbre en él) no viajaron hasta Madrid. Y Miquel Iceta, primer secretario del PSC, calificaba como "deshonestos" a los dirigentes del PP que atribuyen a Sánchez "cualquier interés" en trenzar un "pacto encubierto con los independentistas". "Hacía tiempo que no veía tanta bajeza moral. Tanto robo, sí, pero bajeza moral, no".

FUENTE: Con información de JUANMA ROMERO - https://www.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)
 

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