jueves, 3 de mayo de 2018

(España) Zapatero, Felipe, Margallo...: la agenda del mayor agente de expolíticos

¿Qué tienen en común José Luis Rodríguez Zapatero, Pau Gasol, Felipe González, Josep Piqué, José Manuel García Margallo, Toni Nadal, Alberto Ruiz-Gallardón, Álvaro Uribe, Baltasar Garzón, Carlo Ancelotti, Ferrán Adrià y Fernando Savater, entre otros? Todos tienen como agente para sus conferencias a Daniel Romero-Abreu, un gaditano que hace 15 años de la nada creó en España el negocio de representar a expolíticos, primero en conferencias y luego como agente literario. Romero-Abreu, que hoy emplea a más de 40 personas y factura 2,7 millones cuenta que la representación comenzó tras la universidad, casi como un 'hobby', y hoy tiene la que probablemente es la mejor agenda de Madrid. Los seis grados de separación que nos alejan de cualquier famoso son muchos menos para Daniel.

Romero-Abreu estudió en ICADE y en 2003, a punto de acabar la carrera, vio brotar y morir la burbuja puntocom. Sus padres le habían avisado de que una vez que acabara la carrera se tendría que buscar la vida. "Entre 2001 y 2002 la gente montaba cosas enormes y yo estaba estudiando el 'marketing' de los productos, un coñazo. Me quedaba un año para acabar y pesé que tenía que montar algo que me diera 600 o 700 euros al mes mientras montaba mi empresa de verdad y así no tendría que trabajar por cuenta ajena. En mi año estaba de moda la banca de inversión y la consultoría estratégica, de allí salían funcionarios de la banca de inversión". Pero a él le interesaban otras cosas: "Yo era delegado de alumnos en la universidad y montaba fiestas, debates, foros, también en el colegio mayor, el Chaminade, en el que llevaba políticos, un montón de gente".

Un día leyó un artículo, apenas un breve, en la revista 'Management digest': 'Contratar gurús en la red', era el titular. Aún lo conserva en su despacho y va a buscarlo para leerlo. Es solo media columna en un número del que ya se ha borrado la fecha. "Era un suplemento de resúmenes de libros de la revista 'Emprendedores'. Y dije: 'Coño, si yo estoy todo el día haciendo esto en la universidad. Esto lo puedo hacer yo'. Yo lo hacía llamando directamente a los políticos. Llevé a Alfonso Guerra al colegio mayor y a Mayor Oreja a la Universidad, a gente de todos los perfiles. Y me di cuenta que nadie tenía agente, que no estaba profesionalizado". En 2003, un fondo de capital riesgo, Clave Mayor, le dio algo de dinero para empezar. Así nació Thinking Heads, cabezas pensantes, hoy la mayor agencia de conferenciantes de España y que ha ampliado a representación literaria y de liderazgo.

"Hice una lista de esa gente y llamé a todo el mundo de los recursos humanos y del 'marketing'. En 2003 no había 'business plan', ni 'coworking'. Yo sabía cuántas charlas daban y mi estrategia era ver cómo podíamos hacer para que estos señores cobraran mucho. Es como el agente de un futbolista o el apoderado de un torero. Aunque las conferencias dan para lo que dan, no es la intermediación de Ronaldo", cuenta hoy en su oficina en el centro de Madrid.

Los inicios no fueron sencillos. Nadie tenía agente y las conferencias apenas se cobraban. "Tiré de agenda ofreciéndome como agente a conferenciantes. Muchos no lo entendían. Y otros veían que no tenían nada que perder, que si yo les conseguía algo bien y si no pues nada. Era un subproducto porque nadie vivía de dar charlas así que era como ir a una empresa y pedir que te den algo que ellos no usan. Nadie lo hacía ni en España ni en América". "Yo decía al expolítico de turno: 'Cuando te llamen para una conferencia, déjame ser tu mánager, pásame a mí la llamada y yo negocio'. Al principio los organizadores me echaban la bronca. ¿Que vas a cobrar? ¿Cómo que vas a pedir dinero por dar una conferencia, si esto es un foro de prestigio? Antes te pagaban los gastos y una corbata que ni te podías poner porque tenía el logo de la empresa. Solo cobraba Antonio Gala y poco más".

Pero Daniel aguantó. "Yo respondía que a mí sí que me venía bien el prestigio así que yo podía ir gratis. Pero que si querían que fuese tal o cual exministro tenían que pagar. Decían que eran foros de prestigio pero el prestigio no se lo daba el foro a los conferenciantes sino los conferenciantes al foro. 'Como tú no eres Davos, a este señor no le interesa ir gratis'", les respondía. El negocio creció rápido. La España de la burbuja tenía ganas de marcha y de 'shows'. Todo pueblo quería su evento. "Hasta 2006 fue una locura. Entonces un cocinero por freír unos huevos fritos y dar una chorrada de charla de innovación podía cobrar 15.000 euros. Nos habíamos vuelto locos. Y como esa muchos. Fue demencial".

En realidad, la idea no era nueva. Solo lo era en España. "Esto es más antiguo que andar para adelante. En el mundo anglosajón lleva mucho tiempo. Entre libro y libro, Oscar Wilde vivía de dar charlas. Aquí lo que faltaba era la transacción económica. Y claro, lo que no se evalúa se devalúa. Si yo te pago me tienes que dar algo a cambio. Cuando invitas a un conferenciante y no le pagas te puede cancelar el día antes. Es lo que pasa con los políticos en activo, que lo anuncias para una conferencia y luego no va por algo de último momento y manda a alguien de tercer nivel del ministerio. Esto era un mercado informal y lo hicimos más profesional y democrático. Antes tenías que tener contactos para llevar a cierta gente. Nosotros hicimos que cualquiera pudiera invitar —o intentarlo— a cualquiera". Así que ahora para contratar a Zapatero, González, García Margallo, Gallardón… se puede hacer a través de Daniel. Sin embargo, avisa de que los expresidentes no se mueven por dinero. "Una cuarta parte de lo que hacen es remunerado. El 75 % restante no lo es. Tiene que ver con temas institucionales o políticos pero no lo cobran".

De ahí amplió el negocio a la representación literaria —aunque los libros de expolíticos apenas venden en España las editoriales siguen pagando importantes sumas por ellos— y al "posicionamiento de líderes", que dirigen la carrera de quien aspira a marcar la agenda en un tema. La empresa hoy tiene sedes en Seúl y Miami y planea abrir en África y Oriente Medio. Además, en 2016 Daniel fue nombrado presidente de la International Association of Speakers Bureaus (IASB). "Nos dedicamos al mercado de las ideas. La palabra mercado suena dura pero es dar algo a cambio del conocimiento. Toda nuestra vida se basa en preguntar a los que saben de algo y ahí hay negocio".

El mercado ha subido pero no ha llegado a los niveles previos a la crisis. "Con la crisis hemos perdido la obra social de las cajas de ahorros y con ellas la mayor parte de foros de divulgación de conocimiento, del arte, de la ciencia, de la cultura. Eso no lo cubre Netflix y es preocupante porque ha dejado un gran vacío en la sociedad". En cuanto a las tarifas, el mercado sí se ha recuperado un poco. "El conferenciante medio cobra en torno a 3.000 euros. Un profesional muy bueno pero que no sea famoso puede llegar a 5.000 o 6.000 euros y por encima de los 10.000 son 'celebrities', alguien muy reconocido para el público. Las tarifas para estadounidenses, como presidentes de compañías tecnológicas, son más caras, porque con el viaje y demás tienen que estar varios días y llegan a seis cifras".

Solo Aznar cobra algo menos de 50.000 euros por conferencia. En cualquier caso sigue muy lejos de lo que mueven Clinton u Obama. "Obama puede cobrar medio millón por una conferencia, pero aquí los mayores cachés pueden llegar a 50.000 euros en casos muy contados. Obama estuvo en Corea del Sur y pagaron un millón de dólares". En el catálogo de Daniel no solo está todo el 'establishment' nacional sino también el exvicepresidente de EEUU, Al Gore; el presidente de Virgin, Richard Branson; el cofundador de Apple, Steve Wozniak… entre otros.

El negocio ha evolucionado y para Thinking Heads las conferencias son ahora un tercio del negocio. Dos tercios son lo que llaman "el posicionamiento de líderes". "Ayudamos a CEOS, presidentes de compañías, líderes en el ámbito político… a posicionarse como un referente en el mundo del pensamiento. Hoy puedes crear pensamiento pero si no sabes divulgarlo, posicionarte y proyectarte no influyes. Tomamos el conocimiento que aportan y lo perfilamos para desarrollar esa imagen. A veces la gente piensa que la reputación la da el puesto, pero nosotros pensamos que si alguien está en un lugar destacado en una organización es porque aporta al puesto y no al revés. Alguien que está al frente de una organización grande es muy probable que sea un crac en diversos ámbitos del conocimiento pero la gente confunde y cree que el valor se lo da el puesto. La gente aporta al puesto y por eso está ahí".

FUENTE: Con información de RAFAEL MÉNDEZ - https://www.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)
 

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