jueves, 17 de mayo de 2018

(Marruecos) ¿Hacia la abdicación de Mohamed VI?

Boughaleb el Attar, de 69 años, estaba destinado en Madrid, cuando el 25 de junio pasado fue nombrado embajador del rey de Marruecos en Cuba junto con otros once representantes del reino alauí, algunos de ellos en capitales importantes para Rabat como Madrid, Nuakchot y Pekín. China es miembro permanente del Consejo de Seguridad, el máximo órgano de la ONU, en el que una o dos veces al año se juega el futuro del Sáhara Occidental.

Cuba no tiene el mismo peso que China, pero la reapertura de la embajada marroquí en La Habana, cerrada durante más de tres década, fue anunciada a bombo y platillo, en abril de 2017, por los medios de comunicación públicos del reino. Lo hicieron justo después de que el monarca, Mohamed VI, pasase unas vacaciones con su familia en la isla. El restablecimiento de esas relaciones diplomáticas, rotas por Rabat en 1980, fue entonces presentado por la prensa como un éxito personal del soberano que urgía rematar enviado allí a un embajador.

El Attar ha tenido, sin embargo, como sus demás colegas diplomáticos, que esperar más de seis meses antes de desempeñar su cargo. El rey Mohamed VI, de 54 años, no recibió en Rabat a los nuevos embajadores hasta el 20 de abril pasado. Les remitió entonces, como requiere el protocolo marroquí, las cartas credenciales que a su vez entregarán a los jefes de Estado de los países donde van a ser sean acreditados.

El semestre de demora tiene una explicación. Ausente de Marruecos la mayor parte del tiempo, el monarca no encontró un hueco para recibirles antes. Es una de las múltiples consecuencias del absentismo de un jefe de Estado que ostenta constitucionalmente el grueso del poder. Marruecos se paraliza así con frecuencia en numerosos ámbitos de la política gubernamental, empezando por las relaciones exteriores.

El rey Felipe VI y la reina Letizia lo saben bien. Tenían previsto efectuar su primera visita de Estado a Marruecos del 9 al 12 de enero, pero seis días antes el protocolo marroquí aplazó el viaje alegando “razones de agenda”, según señalaron entonces fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores español. El 8 de enero por la noche el monarca se dejó, sin embargo, fotografiar en un restaurante parisino con Mélanie Amar, una actriz de tele-realidad, y un vídeo le muestra el 12 de ese mes paseándose por los Campos Elíseos con su brazo derecho, el consejero real Fouad Ali el Himma, de 55 años. España es el primer socio comercial de Marruecos, por delante de Francia. De ahí la importancia de esta visita aplazada sine die.

De puertas para adentro, los Consejos de Ministros que Mohamed VI debe presidir se celebran pocas veces. Solo hubo tres en 2017. Fue necesario que transcurrieran tres meses, del 24 de octubre al 22 de enero, para que, con motivo de un Consejo postergado en tres ocasiones, el soberano sustituyera por fin a tres ministros y un puñado de altos funcionarios que había destituido por su mala gestión de los planes de desarrollo de la región del Rif. Durante 90 días Marruecos no tuvo, entre otros, ministros de Educación o de Sanidad ni siquiera en funciones.

En lo que va de año Mohamed VI ha batido su propio record de absentismo. Durante los seis meses de mitad de 2017, de abril a septiembre, el rey permaneció en el extranjero el 45% del tiempo, pero durante los cuatro primeros meses de 2018 ese porcentaje alcanzó el 84%. Estuvo en Marruecos menos de 20 días, (la última semana de enero y, después, del 16 al 28 de abril). La prensa oficial y oficiosa de Marruecos pasa de largo sobre le frecuencia y la duración de las ausencias reales. Insiste, eso sí, en que el soberano estuvo convaleciente tras someterse a la ablación, mediante radiofrecuencia, de una arritmia cardiaca el 26 de enero en la clínica parisina de Amboise Paré. El periodo de reposo prescrito por los cardiólogos tras esta intervención es, sin embargo, de tan solo una semana, según fuentes médicas.

"Un jefe de Estado no es un funcionario" obligado a respetar un horario "detrás de une mesa de despacho o de una ventanilla", recordaba a finales de abril Bahi Amrani, directora del semanario francófono 'Le Reporter', esforzándose, como otros colegas suyos, en justificar las ausencias reales. Además, recalcaba, trabaja desde París. Se hace cargo, por ejemplo, “de los gastos de inhumación de las víctimas de accidentes (…) o sigue el dossier del Sahara en la ONU”. Ofrece incluso cenas en honor de los huéspedes extranjeros que pasan por Rabat, como el primer ministro maliense Soumeylou Boubeye Maïga, a las que no asiste.

Bahia Amrani acabó, no obstante, reconociendo en su artículo, como lo hacen sottovoce muchos marroquíes, que preferiría que Mohamed VI estuviese más tiempo en el país. “Claro que la presencia física del rey en su país es deseada por todos los marroquíes”, escribió. “Les apacigua”, añade. “Dinamiza la vida política”, concluye.

Como suele ser costumbre, la estancia real en Francia este año, entre el castillo familiar en el pueblo de Betz, cerca de París, y el barrio parisino del Marais, ha estado salpicada de fotos y “selfies” tomados junto a inmigrantes marroquíes con los que se cruzó en la calle; artistas amigos como el rapero congoleño Maître Gims o el humorista Jamel Debbouze; vendedores de tiendas de ropa en las que hizo sus compras etcétera. Como de costumbre, el palacio real ha recurrido, para difundirlas, a su canal oficioso de comunicación, la página de Facebook del joven marroquí Soufiane El Bahri.

Cuando, en abril, la tensión alcanzó su cénit entre Marruecos y sus dos eternos enemigos, Argelia y el Frente Polisario, como sucede con frecuencia en vísperas de la reunión del Consejo de Seguridad sobre el Sáhara, algunas instantáneas del rey deambulando por París no gustaron a parte de los internautas marroquíes. Abundan los comentarios indignados y jocosos en las redes sociales. Sus autores se preguntan, por ejemplo, cuando Mohamed VI hará, por fin, una visita oficial a su reino o si Betz es ahora la capital de Marruecos en lugar de Rabat.

En dos ocasiones, el 16 y 23 de marzo, presionado por su entorno, Mohamed VI acabó tomando la decisión de volver a Marruecos, pero en el último momento cambió de parecer, según la publicación francesa 'Magheb Confidentiel'. No es la primera vez que cancela in extremis, a veces incluso en el mismo recinto del aeropuerto, los preparativos de su salida de Francia o de otro país para prorrogar unos días más su estancia en el extranjero.

El soberano regresó finalmente el 16 de abril y con tal motivo algunos artistas, como el joven Hamza Labied, vencedor de la segunda temporada del concurso "The Voice Kids Arab", le cantaron mensajes de bienvenida de los que se hizo eco la prensa. Durante doce días su agenda estuvo a tope, como si quisiera dar la impresión de recuperar el tiempo perdido tras la larga ausencia: audiencia real con los futuros embajadores; con los hermanos Azaitar, campeones del mundo de artes marciales mixtos; reunión del Consejo de Ministros y, por supuesto, oración del viernes ante las cámaras de televisión en la mezquita Hassan de Rabat.

El plato fuerte de las actividades reales fue, el 27 de abril, la visita a la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST), la policía secreta marroquí que dirige Abdellatif Hammouchi. Inauguró un instituto dedicado a la formación de sus agentes. Nunca un rey de Marruecos se había desplazado hasta su sede.

Tiene motivos para hacerlo. El Ministerio del Interior, y especialmente la DGST, y la Justicia, son los dos pilares del aparato del Estado que siguen funcionando a pleno rendimiento esté o no el soberano en Marruecos. Demostraron su eficacia cuando se trató de acallar la revuelta del Rif o, más recientemente, la de la región minera de Jerada. Convenía, por tanto, expresarles el respaldo del jefe del Estado con esa visita inédita. La seguridad del Estado está bajo la supervisión de El Himma, al que la prensa pone a veces el apodo de virrey porque después del monarca es el hombre más poderoso del reino.

Dos días después de esta visita sin precedentes a la DGST, Mohamed VI se volvió a marchar, esta vez a Brazzaville, para asistir a una cumbre de los jefes de Estado de la Comisión del Clima y del Fondo Azul de la Cuenca del Congo. Tras 36 horas en la capital congoleña, el 30 de abril, embarcó de nuevo “hacia un destino desconocido”, según la prensa marroquí que no se atreve a informar de que volvía a cogerse vacaciones. A principios de este mes, el rey estaba en Pointe-Denis, una península del estuario de Komo (Gabón) famosa por sus playas.

Se puede ver allí a Mohamed VI, escribía hace un año, con motivo de unas vacaciones anteriores, el semanario francés 'Jeune Afrique', hacer sus compras en el supermercado, vestido de la manera más sencilla exceptuando, eso sí, los colores chillones, los estampados prominentes, las camisetas escotadas que tanto gustan exhibir al rey en sus famosos paseos”. En vísperas del mes de ayuno de Ramadán, que en Marruecos acaba de empezar, el monarca reapareció finalmente en Rabat.

El absentismo real, mezclado con rumores sobre su estado de salud, inquieta a las éliteseconómicas, políticas y académicas marroquíes. Es ahora un tema de conversación recurrente, pero discreto. El entorno del monarca empieza a ser consciente de que esta situación no es sostenible a medio o largo plazo en un país que no está en crisis, pero sí en plena efervescencia social, según indican fuentes que frecuentan el palacio. Las cancillerías de los países europeos, que siguen de cerca los asuntos de Marruecos, hacen a grandes rasgos el mismo vaticinio y no disimulan su preocupación, según fuentes diplomáticas.

Tras la revuelta del Rif y después la de Jerada, ambas duramente reprimidas con cerca de 400 encarcelados, las autoridades marroquíes se enfrentan ahora a un desafío inédito: el boicoteo de tres grandes marcas comerciales emblemáticas, Sidi Ali, La Centrale Laitière y Afriquia. Iniciada en abril a través de las redes sociales, esta protesta masiva contra la carestía de la vida cuestiona directamente a un estrechísimo colaborador del monarca, el millonario Aziz Akhnnouch, ministro de Agricultura, “peso pesado” del gobierno y propietario de la sociedad Afriquia de distribución de carburantes. Sus gasolineras están vacías desde hace casi un mes.

La abdicación podría ser una solución a estas continuas ausencias con tanta más razón cuanto que, desde 2013, Mohamed VI parece tener cada vez menos apego al cargo. Desea, a juzgar por su comportamiento, gozar más de la vida lejos de las restricciones que el protocolo impone en Marruecos al jefe del Estado. Para renunciar el monarca puede ahora invocar un buen pretexto: su estado de salud. Aunque no reviste gravedad, su arritmia corre el riesgo de reproducirse. Puede argumentar que necesita cuidarse.

No están, sin embargo, todavía reunidas todas las condiciones para adentrarse por esa vía. El heredero del trono, Moulay Hassan, acaba de cumplir 15 años. Sería por tanto necesario poner en pie un Consejo de Regencia, previsto por el artículo 44 de la Constitución, que ejercería los enormes poderes constitucionales del rey hasta que el príncipe tenga 18 años y sea mayor de edad. A esa edad no habría acabado aun su formación. Ahora se dispone a dejar el Colegio Real de Rabat para, en septiembre, incorporarse al Colegio Preparatorio de las Técnicas Aeronáuticas de Marrakech, según el diario 'Akhbar al Youm'. Su padre terminó sus estudios en 1993, con 30 años, defendiendo una tesis en la Universidad Sophie-Antipolis de Niza.

Mohamed VI parece en todo caso querer ya iniciar a su hijo en el arte de gobernar también en su vertiente internacional. Pese a que no había sido invitado por el Palacio del Eliseo, sede de la República francesa, le llevó de acompañante, el 12 de diciembre, al almuerzo ofrecido por el presidente Emmanuel Macron con motivo del aniversario de la cumbre One Planet Summit. También encargó en marzo al príncipe adolescente que recibiera en Rabat al expresidente francés François Hollande. Más recientemente, el 24 de abril, sustituyó, por primera vez, a su padre en la inauguración en Meknes del Salón Internacional de la Agricultura de Marruecos.

La familia real marroquí no atraviesa además el mejor momento para empezar a reflexionar sobre la abdicación. Aun padece las sacudidas del divorcio, tras 16 años de matrimonio, de Mohamed VI y de la princesa Lalla Salma, de 40 años. Fue anunciado en primicia, el 21 de marzo, por el semanario 'Hola' que mantiene las mejores relaciones con palacio hasta el punto de que el rey se prestó, junto con su familia, a posar para un reportaje de su edición marroquí. La exclusiva no ha sido desmentida por el gabinete real, pero sí fue ignorada por toda la prensa. Teme, según Ali Amar, director del diario digital 'Le Desk' de Casablanca, “provocar la ira del poder”. Lalla Salma ha desaparecido de la vida pública desde finales del otoño hasta el punto de que ni siquiera ha sido mencionada en los reportajes laudatorios sobre Moulay Hassan emitidos el 8 de mayo, con motivo del 15 cumpleaños.

El divorcio ha debido de ser bronco a juzgar por las invectivas proferidas contra Lalla Salma por 'Le Crapouillot Marocain', un misterioso diario digital probablemente afín a los servicios secretos. Del 27 de febrero al 4 de marzo arremetió en su portada contra un miembro de la familia real sin ser sancionado. Tachó a la esposa del soberano de mujer “desdeñosa y despectiva” con un carácter “colérico y agresivo” empeñada en “pelearse con la familia política real” (las hermanas del rey). Actuó así pese a las “recurrentes llamadas de atención de su esposo” que ella ignoró, según 'Le Crapouillot Marocain'.

Tras la ruptura del matrimonio real, palacio debe encontrar un status para Lalla Salma. Es un reto porque nunca una esposa del rey tuvo en Marruecos protagonismo en actos oficiales, junto al monarca pero también sola, y llegó incluso a presidir una fundación contra el cáncer. Nunca además un rey se ha divorciado en Marruecos. La familia real debe lograr ahora la cuadratura del círculo: asegurarse su silencio y permitirle ver a su hijo, pero tratar también de recortar su influencia sobre él para que cuando este sea entronizado no pueda utilizarlo para ajustar cuentas con esa familia política que le ha dado la espalda. La tarea es harto difícil porque el adolescente siente más afinidad por su madre, con la que ha vivido bajo el mismo techo, que hacia un padre al que ha visto poco sobre todo estos últimos años. La mayoría de sus viajes los hizo sin la familia.

Cuando todos estos escollos hayan sido superados habrá llegado el momento de reflexionar sobre cómo articular el siguiente paso: la abdicación.

FUENTE: Con información de IGNACIO CEMBRERO - (PULSE AQUÍ)
 

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