domingo, 3 de junio de 2018

(España) La leyenda del resistente impasible: el final a cuatro décadas de política

Los diputados del PP comparten un grupo de WhatsApp que les sirve para intercambiar impresiones, convocatorias y argumentos políticos. Este jueves por la mañana el ambiente era tan pesimista que algunos diputados de a pie tuvieron que pedir a los demás en ese foro que levantaran el ánimo antes del pleno. Esperaba la mayoría que el debate fuera una especie de funeral y, por eso, hacían apuestas sobre si habría dimisión de Mariano Rajoy. Pero de nuevo, el líder de PP sorprendió hasta a los suyos y desde la tribuna fue él quien tuvo que levantar la moral de su tropa. El único caso en la historia en el que el muerto termina por consolar a los que asisten al funeral.

Así es Mariano Rajoy. Y así lo ha demostrado en el debate de la moción de censura, el punto final de una de las carreras más largas de la política democrática. El miércoles, cuando todo parecía indicar que su final estaba cerca, Rajoy avanzaba por el pasillo del Congreso entre cámaras y micrófonos y cuando los periodistas le preguntaron si iba a dimitir, el presidente miró a una de ellas, Sonsoles Ónega, y la felicitó por su nuevo programa en Telecinco. Así es Rajoy. Sin inmutarse.

El mismo que no tiene inconveniente en hablar de deportes, su gran afición, cuando todos esperan trascendencia y gravedad. El mismo que impone pausa a las decisiones para que sus exégetas digan lo de "saber medir los tiempos". Y el mismo que este jueves subió a la tribuna de oradores con la intención de defender el honor de su partido y el suyo propio. Su reconocida resistencia y oratoria rocosa hasta el último momento.

Afable con Pablo Iglesias o Rufián
Rajoy (Santiago de Compostela, 1955) es una persona afable en las distancias cortas. Y no sólo lo dicen así sus fieles. Por ejemplo, Pablo Iglesias, líder de Podemos, quedó sorprendido hace dos navidades cuando el presidente del Gobierno le llamaba repetidamente para interesarse por su padre, sometido a un intervención quirúrgica en Salamanca. O Gabriel Rufián, de ERC, que salió de un encuentro en La Moncloa con Rajoy sorprendido porque acabaron hablando de ciclismo y a cada nuevo tema que abordaron le respondía: "Eso es un lío".

El que ha sido sexto presidente del Gobierno de la democracia es lo que podría caracterizarse como "una persona de orden". En tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero, este le dijo que pasaría inadvertido en un casino de un pueblo de Castilla, jugando al dominó. Y esa condición queda retratada en palabras y expresiones que utiliza en debates y que no son precisamente modernas. "Ni el Tato", dijo una vez en la tribuna.

Esa actitud conservadora le viene de una familia tradicional, con un padre magistrado. También de una oposición de registrador de la propiedad superada a los 24 años. Y una carrera política casi llevada por las olas, en la que los cadáveres que ha dejado a su paso han ido muriendo solos y por desesperación, antes que por la ambición o los movimientos intrépidos de Rajoy. Nieto de Enrique Rajoy Leloup, uno de los redactores del Estatuto de autonomía de Galicia en 1932, ha llegado a ser el español más poderoso de la historia democrática: con mayoría absoluta en el Congreso, sin apenas contestación en su partido y con un poder territorial e institucional sin precedentes. Y curiosamente, acaba siendo el único presidente del Gobierno que termina su mandato por una moción de censura. Eso sí, con el apoyo ciego y casi intacto de los suyos.

"Lo veo imposible, no sé cómo lo va a hacer, pero como siempre le sale bien, confío en él", explicaba un dirigente del PP en 2016 cuando renunció a la investidura y se especulaba sobre la posibilidad de que se presentara otro candidato de su partido. Aguantó y ganó, favorecido por el influjo de las estrellas en forma de derrocamiento de Sánchez. De nuevo las circunstancias favorecen su manera de actuar. O uno de sus seguidores fieles diría que sabe esperar la ola y elegir por cuál dejarse llevar. Hasta el punto de forjarse fama de indolencia.

En política, Rajoy lo ha sido casi todo. Ha ocupado casi todos los cargos públicos posibles, exceptuando el de Rey. Diputado autonómico gallego, alto cargo de la Xunta, concejal de Pontevedra, presidente de la Diputación, diputado en el Congreso, ministro de Administraciones Públicas, de Educación y Cultura, Interior, Presidencia, vicepresidente, portavoz y presidente del Gobierno. Es decir, más de 30 años subido a un coche oficial.

Cuando cambió su vida...
Su vida política cambió totalmente en agosto de 2003. José María Aznar, entonces presidente del Gobierno y líder del PP, reunió en una salita de la Moncloa a Rajoy, Rodrigo Rato, Ángel Acebes, Jaime Mayor Oreja y Javier Arenas. Se trataba de designar un sucesor para las elecciones generales y, después de torturarles durante meses con la incertidumbre, el sádico dedo de Aznar se posó en Rajoy, presuponiendo que sería el más fiel albacea de su herencia.

Rajoy se veía presidente en marzo de 2004, pero las circunstancias entonces le perjudicaron. O no acertó a subirse a la ola que le convenía y dejó que Aznar decidiera la gestión de los atentados del 11-M. Incluso se sumó con entusiasmo a la ola de la teoría de la conspiración y perdió de forma inesperada ante Zapatero. Mantuvo esa posición durante una legislatura, con el 11-M por bandera, con el uso del terrorismo y con una oposición más que dura a la que ponían cara, entre otros, Eduardo Zaplana y Ángel Acebes. Acabó en nueva derrota en 2008 y fue entonces cuando siguió el guion que exige "matar al padre" y en el congreso de Valencia rompió con Aznar.

La ola de la crisis económica le llevó a la gran victoria de 2011, con mayoría absoluta holgada y con obsesión por pasar a la historia como el presidente que sacó a España de la crisis económica. Se contaba en esos días que vivía pegado de una aplicación del móvil que marcaba el minuto y resultado de la prima de riesgo. Pero le pasó por encima la realidad del país que gobernaba y que no vio venir tras los nombres de Podemos y Ciudadanos. Su cara el 13 de enero de 2016 en la sesión constitutiva del Congreso, cuando pasaba delante de él un diputado de Podemos con rastas, era el poema que describía aquella situación, el no haberse percatado del cambio en el país que gobernaba.

Ganó otras dos elecciones por escasa diferencia y, finalmente, la corrupción se lo ha llevado por delante. Aunque en su testamento político ante el Congreso haya vuelto a mostrar que no ha sido capaz de medir las consecuencias de los escaños, que creyó que la valoración de las agencias de rating era más importante que la imagen de corrupción que tienen los españoles.

Eduardo Zaplana, Francisco Camps, Luis Bárcenas, Cristina Cifuentes, Ignacio González, Jaume Matas, José Manuel Soria, Francisco Granados o Rita Barberá son solo algunos de los nombres de la larga lista de amigos y cercanos políticamente que después de ser respaldados por Rajoy han tenido que hacer frente a causas judiciales. Zaplana, que fue su mano derecha y brazo ejecutor en su primera legislatura como líder de la oposición, ha seguido desde la cárcel la despedida política de Rajoy. Ha sido el primer presidente en declarar como testigo en un juicio por corrupción y aún le queda el de los papeles de Bárcenas donde aparece la anotación "M. Rajoy" como perceptor de sobresueldos en negro.

Desde que se conoció la sentencia de Gürtel hasta la votación de este histórico 1 de junio, volvió a confiar en su máxima de que "no tomar ninguna decisión ya es tomar una decisión" y se dejó llevar confiado en que el resto de partidos no sería capaz de llegar a un acuerdo contra él. Tenía los Presupuestos recién aprobados y volvió a aplicar su manera de ser. Pero, esta vez, la realidad le ha superado.

El primer presidente que aplicó el 155
Pasará a la historia como el presidente del Gobierno que tuvo que hacer frente a la declaración de independencia de Cataluña. El primero que aplica el artículo 155 de la Constitución y el jefe del Ejecutivo en el momento en el que son encarcelados los líderes soberanistas. Para este tema como para otros, su manera de proceder ha sido pedir papeles a ministros y colaboradores, pedir opinión a todos, leerse cada documento y, finalmente, decidir sin prisa. Y curioso que le saque de La Moncloa el voto decisivo de partidos independentistas.

Pasará también a la historia por sus lapsus, como el del alcalde elegido por los ciudadanos o el de "cuanto peor mejor" y el de "un vaso es un vaso". Tantos que hay quien cree que eran intencionados para redirigir la atención. O el de "los hilitos de plastelina" sobre el 'Prestige'.

Así ha llegado hasta este 31 de mayo de 2018. "Quienes decían que dimitiría no le conocen. Hacerlo sería admitir que era culpable y él no se irá, tendrán que echarle", asegura una de las políticas que más han colaborado con él y una de las que más se parece a él.

¿Qué hará ahora? En teoría seguirá siendo diputado y le espera una plaza de registrador en Santa Pola. Los diputados que le lloran en el chat del PP temen turbulencias internas, congreso extraordinario, refundación y todo lo que quería evitar Rajoy.

El tópico que ha alimentado dice que se irá con sus dos hijos a disfrutar el Mundial de fútbol, de Roland Garros y del Tour. De hecho, una vez contó que cada fin de semana veía un mínimo de tres partidos de fútbol y se dice que antes de empezar el torneo de tenis de Roland Garros es capaz de explicar los cruces de Nadal hasta llegar a la final. Así es Rajoy.

FUENTE: Con información de FERNANDO GAREA - https://www.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)
 

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