lunes, 9 de julio de 2018

(España) Impagos y embargos: la caída del español que levantó el mayor rascacielos de Colombia

Los empleados de 24Win no dieron crédito cuando a su oficina de Barcelona llegó una carta de Hacienda: "Cómo van a embargar un Porsche, si aquí nadie tiene un Porsche". El requerimiento era para un coche de la marca alemana que, por lo visto, estaba a nombre de esta pequeña firma de apuestas online.

Era mayo de 2017 y los técnicos y diseñadores de la compañía, una decena en la ciudad Condal, llevaban ya un par de meses cobrando más tarde de lo normal. El dueño, Venerando Lamelas, promotor inmobiliario, les había asegurado que todo iba bien, que eran problemas puntuales. Patrocinaban un equipo de fútbol en Lima y se estaban haciendo un nombre en el mercado latinoamericano.


No era tan fácil. Empezó a dejar de pagar seguridad social y la empresa les echó a todos. Todavía les debe tres meses de sueldo.

Venerando Lamelas (Barcelona, 1958) vive en Colombia, donde está intentando tocar el cielo de Bogotá construyendo el rascacielos más alto del país. Aquí le llaman Lamelas y allí, en Bogotá, le dicen Lámelas. A este lado del Atlántico, Hacienda le acaba de incluir en el listado de sus mayores deudores y le ha embargado cuatro edificios, además del Porsche que estaba a nombre de la casa de apuestas y que, por asombro de sus empleados, era suyo. Allí, en Colombia, su empresa ha sido intervenida por el Estado y también ha dejado a decenas de trabajadores sin cobrar que le han denunciado.

Pero tanto salto entre los dos lados del océano no se entendería sin la burbuja inmobiliaria española. Así que empecemos por ahí.

Cóctel explosivo en Barcelona
BD Promotores era la cabecera de un grupo de promoción inmobiliaria y construcción afincado en Barcelona. No era uno de los gigantes del sector, pero Venerando Lamelas tampoco era un desconocido. "Es un tipo peculiar, desde luego no pasa desapercibido", recuerda un directivo de una empresa catalana que lo conoció en aquella época. Eran los años del 'boom' del ladrillo y BD consiguió levantar con éxito varios bloques de edificios en Mataró, Sabadell y Barcelona. La financiación salía de bancos de primer nivel, como detallan las cuentas de la empresa en esa época. En 2007, tenía al menos 85 millones de euros concedidos por entidades financieras. Un abogado que trató con él recuerda "la sensación de poderío económico" que emanaba su despacho en el centro de la capital catalana.

Todavía no había crisis y todo iba bien en España. Nadie hablaba de la prima de riesgo y nueve de cada diez adultos en edad de trabajar estaban empleados. Justo antes de que todo estallara, BD consiguió cerrar un acuerdo con Agrupació Mutua. La compañía de seguros, cabe recordar, no tenía nada que ver con su versión de hoy, cuando es parte de un grupo francés. La entidad contaba entonces con 380.000 socios, un (supuestamente) sólido imperio inmobiliario y estaba presidida por Félix Millet, hoy en la cárcel por el caso Palau.

La directiva de Millet incluyó a BD en una gran operación inmobiliaria. BD-Laderos 98 (como se llamaría más tarde la empresa) entraría con un 20% del capital en el conjunto de empresas para levantar en Barcelona una "ciudad dentro de la ciudad", como la definieron los arquitectos de la obra. 50.000 metros cuadrados de oficinas, un centro comercial, viviendas públicas, 800 plazas de aparcamiento y una torre de diez plantas para los despachos de Agrupació. El lugar elegido era un solar en Plaça Cerdá, al lado de la Ciudad Judicial de Barcelona.

Proyecto faraónico, burguesía catalana cercana a la vieja CDC, ladrillo financiado por un banco, año 2008. El resultado de este coctel fueron una serie de titulares que bien podrían aplicarse a otra decena de historias de la España postburbuja: un año después, el proyecto estaba "en el aire"; Agrupació apartó a Millet por su participación en el desvío de fondos del caso Palau; la Generalitat de Cataluña intervino Agrupació Mutua; cientos de accionistas quedaron atrapados en las inversiones inmobiliarias del grupo; la fiscalía investigó y encontró al menos 37 millones de euros en facturas falsas. El solar de la Plaça Cerdá quedó vacío.

La Fiscalía de Barcelona, en ese momento a las órdenes de Pedro Arinche, puso en el centro del caso a Venerando Lamelas y BD Promotors-Laderos 98. Le acusó de administración desleal, apropiación indebida y estafa en la gestión. Los fondos de Agrupació, dijo la Fiscalía, fueron casi exclusivamente a la empresa de Lamelas.

Su negocio inmobiliario, mientras, empezó a hundirse. Decenas de pisos en Mataró que Laderos 98 había levantado se quedan vacíos y acabaron engordando la bolsa de activos tóxicos de los bancos españoles.

Pero Lamelas no estaba en España para verlo. Ya había metido pie —y abierto negocio— en Colombia.

Un rascacielos, 4.000 inversores
"Nos expandimos internacionalmente", anunciaba un folleto informativo de la empresa que rulaba por Bogotá. Todavía no había arrancado el proceso judicial en España por el caso Mutua, pero BD Promotores ya se había convertido en Bogotá Downtown Promotores. Quería ser parte del "proceso de revitalización" del país.

Fernando Quijano, director del diario colombiano 'La República', nos pone en contexto sobre el momento en el que llegó Lamelas al país: "Es parte de esa segunda ola de inmigración española, de gente de clase media que viene a montar restaurantes, hoteles...". Es un gran salto con respecto a los directivos del Ibex, sesentones arropados por la diplomacia española, que se habían convertido en el prototipo de expatriado ibérico por las calles de Bogotá. "La segunda ola no viene con ninguna marca fuerte detrás, pero va a por el negocio fijo", resume Quijano.

La publicidad de BD inundó la prensa local. El proyecto no era para menos. La promotora de Lamelas levantaría el rascacielos más alto del país, el segundo más alto de toda América Latina, conocido como BD Bacatá. El edificio tendría 66 plantas y 216 metros de altura, un tamaño que en España le colocaría solo por detrás de las Cuatro Torres que definen el Skyline de Madrid. Albergaría cientos de apartamentos, oficinas, un centro comercial y varios restaurantes.

La promotora de Lamelas consiguió financiar el proyecto a través de una especie de 'crowdfunding inmobiliario'. Utilizó, por primera vez, en un gran proyecto los FIDIS, un sistema de financiación fiduciaria. Al inaugurar el hotel y el centro comercial, la rentabilidad anual durante los primeros diez años sería del 16%. El compromiso era que el edificio estaría en 2013, sus servicios comerciales operarían a partir de 2014 y las primeras ganancias llegaran en 2015.

Los FIDIS son una figura de inversión relativamente nueva que no está regulada por ninguna entidad: "Es un sistema para abrir grandes proyectos a todo el mundo", explica una fuente del sector desde Bogotá. "Gracias a los FIDIS, invirtió en BD Bacatá gente de todo tipo: desde empresas hasta personas que volcaban ahí sus ahorros. Parecía que, con una inversión de unos 10.000 euros, en cinco o seis años podías tener una buena renta para pagarte parte de la pensión", precisa.

En total, 4.000 inversionistas respaldaron el lanzamiento del rascacielos, cuya primera piedra se puso en 2011. Pero en 2015, la obra no estaba terminada.

***

Antes de explicar cómo está la historia a día de hoy y hablar de embargos, demandas y denuncias a los dos lados del Atlántico, hagamos un pequeño interludio. Marzo de 2016, Oficinas de Mossack Fonseca, bufete protagonista de los Papeles de Panamá. Sandra, una empleada del despacho, pide documentación escribiendo a un correo electrónico que acaba en "@bdbbacata.com". Se pide información sobre una sociedad 'offshore' en las Islas Vírgenes Británicas de la cual los dueños, Venerando Lamelas y un socio que le acompañó tanto en España como en Colombia, se quieren deshacer. Los fondos de la sociedad provienen de "inversiones financieras", como indica el mismo Lamelas cuando remite al bufete su propio pasaporte, para asegurar que él es el dueño de la firma. Nada ilegal según la legislación colombiana y, según ha declarado Lamelas, nada que tuviera que ver con el proyecto del hotel.

¿Qué pasó con el dinero?
Con el problema judicial surgido en España a raíz del caso Mutua, Lamelas se ausentó durante los primeros años de obras del Bacatá. Hoy, en 2018, salta a la vista que el rascacielos ha tenido mayor suerte que el proyecto de Barcelona. En Bogotá sí hay un edificio que ha modificado para siempre la imagen de la ciudad. El proyecto está, existe: "y como proyecto, ¡es bueno!", destaca un empresario local. De hecho, varias empresas ya se habían comprometido a ocupar los locales del Bacatá. Entre ellas un casino, de donde Lamelas sacó la idea y los contactos para montar lo que sería la empresa de apuestas online de Barcelona.

Lo que no aparece es el dinero de los accionistas ni el de los proveedores de la obra. No está ni siquiera la marca del hotel, BD Bacatá, que ha sido embargada por un juzgado local. A comienzos de este año, BD Promotores se declaró en quiebra. En abril, la Superintendencia de sociedades de Colombia, organismo público que vigila las grandes compañías del país, ha intervenido la empresa para poder empezar su proceso de liquidación.

Tanto accionistas como proveedores le reclaman cientos de millones, algunos de ellos ya por la vía judicial. Solo a uno de los grupos de empresas empleadas durante las obras adeuda el equivalente a más de dos millones de euros.

Es ahora —en concreto, a finales de 2017— cuando las dos historias a los dos lados del charco empiezan a correr en paralelo. Los embargos, las deudas y las demandas han empezado a llegar también en Barcelona. Laderos 98 SL debe algo más de 7 millones al fisco español, como consta en el Listado de Grandes deudores hecho público por Hacienda. El Deutsche Bank le reclama más de dos millones de euros y ha conseguido que se le embargue un edificio entero en la calle Portugal de Barcelona. El BBVA le reclama otra cantidad parecida para tres edificios más.

En los tribunales españoles le esperan los extrabajadores de 24Win, la pequeña empresa de apuestas online que operaba desde Barcelona. Les debe cuatro meses de sueldo, pero ninguno de ellos tiene esperanza de que se les pague. La marca también ha desaparecido de las camisetas del Alianza Lima, equipo de referencia de la capital de Perú. La razón fue el "incumplimiento del contrato por parte de la marca", asegura el club.

Las fuentes consultadas en Colombia —periodistas, abogados y empresarios— coinciden en varios aspectos, pero sobre todo en uno: Nadie sabe qué pasó con la Fiduciaria. Nadie sabe decir dónde se ha metido el dinero de los inversores y el de los empleados de las aventuras empresariales de Lamelas a los dos lados del charco.

Lamelas asegura que es cuestión de tiempo. En varias entrevistas ha explicado que, en Bogotá, simplemente se calcularon mal los plazos de entrega y que hay un problema puntual. Sobre los problemas en España, no ha hecho ninguna declaración ante las preguntas remitidas desde este diario.

FUENTE: Con información de DANIELE GRASSO - https://www.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)
 

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