miércoles, 18 de julio de 2018

(Panamá) El caso del ‘honorable' con Ángel Rodríguez (+Opinión)

Por: Guillermo A. Cochez - Las planillas de la Asamblea Nacional son otro escándalo que tienen al país ‘emberracado'. Por más que las dilaciones del caso de Martinelli ponen a la ciudadanía en ascuas sobre si funciona o no en Panamá la justicia, no nos dejan de sorprender las cosas hediondas que van apareciendo en esas planillas. Hechas públicas por el Contralor Humbert, aunque algunos piensan que tardíamente, demuestran el grado de corrupción de la mayoría de los diputados. Pestilente.

Cuando fui legislador (1984-89; 1991-94), hoy diputado, pedí al entonces presidente de la Asamblea, el santeño Ovidio Díaz, que eliminara del léxico legislativo aquello de ‘Honorable', para distinguir al parlamentario. Con su sapiencia interiorana me dijo, ‘Willy, no le des importancia a eso. En Los Santos hay un pueblo llamado Guayabal y no hay sembrado un solo árbol de guayaba'. Hay quienes si nos preocupamos por nuestra reputación y por eso evitaba que me dijeran por ley ‘honorable', porque era como llamaban a todos. No era un título sino una condición humana la que me haría decente.

El domingo 8 de julio, en Debate Abierto de RPC Canal 4, con Álvaro Alvarado, vino al tapete este escándalo, y estuvimos junto con la dirigente de Movin, Annette Planells, el PRD Rolando Mirones y el diputado panameñista José Antonio Domínguez. Álvaro invitó al señor Ángel Rodríguez, quien se hizo acompañar de su hijo. De convicciones cristianas profundas, de un campito de La Chorrera, El Lirio, en las riberas del Canal, trabajó hasta su jubilación en la Alcaldía de esa ciudad, donde me imagino que el salario no llegaba a más de B/400. ¿Cuál fue su sorpresa, cuando del Seguro Social le empezaron a preguntar por el salario que recibía de la Asamblea Nacional desde el 2010 y que, en un momento, llegó a sumar B/2,900 mensuales? No explicó por cuántos años lo tuvo. Lo que le demoró a Ángel demostrar que nunca había recibido ni un centavo de la Asamblea, lugar que nunca en su vida había pisado, fueron varios meses de visitar diferentes oficinas públicas.

Según explicó esa mañana, ante nuestro asombro, años atrás había firmado alguna petición solicitada por el diputado chorrerano Aris de Ycaza, de donde supone sacaron su nombre y su número de cédula. Lo que vio de esos cheques es que alguien le había falsificado su firma (grave delito) y había depositado los cheques en cuenta bancaria de una emisora de radio (otro delito). Cuando todo esto comenzó a ventilarse, Ángel contactó al abogado Raúl Ossa, quien lo puso en contacto con Álvaro Alvarado y denunció lo que le había pasado. Al enterarse el diputado de marras que el asunto se había hecho público, le mandó emisarios, de suponer para comprar su silencio, como han debido hacer con algunos otros. Ángel gallardamente se negó y se mantuvo denunciando el grave ilícito. Le parecía suficiente ese abuso y no quería exponerse a otro más.

Con todo lo que ha surgido de las planillas salen muchas interrogantes ¿Cuántos más como él estaban en la planilla falsa de ese diputado? ¿Cuántos miles de balboas se ha apropiado ése y otros diputados que han hecho de esta práctica una costumbre para disponer de más ingresos además de los B/7,000 que reciben mensualmente?

La manera de evitar este tipo de robo es la siguiente: Que Contraloría contabilice lo que cada diputado de esta planilla obtuvo para sí ilícitamente; acusar al diputado infractor de peculado, secuestrando sus bienes hasta el monto del mismo, más los intereses correspondientes; y enviar a la Corte Suprema de Justicia la correspondiente imputación para que se proceda al juzgamiento del diputado delincuente.

En ese mismo programa señalé que puede darse el caso que haya diputados que no estuvieran en esas trampas, pero ¿acaso no sabían lo que sus colegas hacían? ¿Por qué nadie los denunció para evitar que fuesen considerados cómplices? Hasta sabían -porque es vox populi- que se habían creado especie de comerciantes de nombres dentro de la misma Asamblea, para llenar las planillas de los diputados que no sabían a quiénes nombrar a cambio de porcentaje de los $30,000 adicionales que recibieron. Podría aplicársele aquello de que ‘el que calla otorga'. Imagínense, la presidenta de la Asamblea confesó que ella disponía de 70 asistentes.

Estos robos a la hacienda pública, perpetrados por delincuentes de saco y corbata, que los 1 de julio se visten con un inmaculado blanco, que envuelven a gente sencilla y campechana como Ángel Rodríguez, deben ser sancionados severa y ejemplarmente. Después se molestan por el auge que la campaña ¡NO A LA REELECCIÓN¡ esta cogiendo. Se merecen, más que reelegirse, ir a dar a una cárcel pública, lugar apropiado para ‘honorables' como ésos. Va siendo hora que en Guayabal se siembren guayabas.

ABOGADO, POLÍTICO Y DIPLOMÁTICO

FUENTE: Artículo de Opinión - http://laestrella.com.pa - (PULSE AQUÍ)
 

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