miércoles, 15 de agosto de 2018

(EE.UU.) El matrimonio perfecto que tenía un cuadro robado de 100 millones en el dormitorio

Cuando una empresa de antigüedades de Silver City (Nuevo México) vació el domicilio de los Alter durante el verano de 2017, poco podían imaginarse que entre las pertenencias del matrimonio, de apenas 2.000 dólares de valor, encontrarían un pequeño lienzo que según los expertos vale más de 100 millones de dólares. No podía saberlo el dueño de la empresa, David Van Auker, cuando lo dejó sobre una mesa, hasta que un cliente le llamó la atención: “Parece un De Kooning de verdad”. Otro comprador dijo lo mismo. Y otro le ofreció 200.000 dólares. Así que a Van Auker le dio por buscar en internet el nombre holandés y descubrió que 30 años antes ese mismo cuadro había sido robado muy cerca, en una exposición en Tucson (Arizona), y que desde entonces nadie conocía su paradero.

El resto se podría decir que es historia. Finalmente, los expertos certificaron que el cuadro de De Kooning, 'Mujer ocre' ('Woman-Ochre') no era una copia, sino el mismo que había desaparecido de una galería de arte 30 años antes. Porque esa es otra: el cuadro había desaparecido a plena luz, mientras el museo estaba abierto, delante de la mirada de todos (menos de la seguridad del edificio, se entiende). Sin embargo, aún había otra pregunta en el aire: ¿habían sido Jerry y Rita Alter los verdaderos ladrones o, como suponía la mayoría, se lo habían comprado al verdadero chorizo sin conocer exactamente su origen?

Un año después, y a falta que el FBI dé por cerrada la investigación, nuevos datos parecen confirmar que fueron los Alton quienes se llevaron el cuadro aquel 29 de noviembre de 1985, como ha desvelado el medio local 'Arizona Republic'. El primero y más importante es la aparición de una foto (la que abre este artículo) que fue tomada justo un día antes del robo, durante el Día de Acción de Gracias, en Tucson, mientras la pareja residente en Nuevo México se encontraba de viaje familiar.

No hay más que echar un vistazo al retrato robot que se realizó en su día de los ladrones (y que desde hace 30 años figura junto al marco vacío en el Museo de la Universidad de Arizona) y compararlo con la fotografía para descubrir que hay pocas diferencias. Las gafas de Jerry son probablemente las mismas, así como la forma de las cejas y la boca de los rostros, que sonríen felizmente durante la fiesta familiar. ¿Otro dato bastante concluyente? Los presuntos ladrones abandonaron el lugar de los hechos en un automóvil rojo, y los Alton solo tenían coches de ese color. Además, cuando el cuadro fue retirado de la pared, mostró una gran mancha debajo de él, y el análisis del lienzo demostró que tan solo se había enmarcado una vez más después del robo. De forma bastante 'amateur', por cierto.

¿Por qué?
Incluso en el caso de que la culpabilidad de los Alton quede demostrada –algo que sus familiares y descendientes niegan–, queda una gran pregunta en el aire. ¿Qué lleva a un profesor de música retirado y una especialista en patologías del habla a plantarte en un museo, robar una carísima obra de arte y colgarla en su dormitorio? ¿Un capricho, un reto, una perversión, una inversión, o simplemente, amor desmesurado por las obras de arte, incluso en la era de la reproductibilidad técnica, que diría Walter Benjamin? ¿Un salvavidas en caso de que las cosas fuesen mal en forma de cuadro que se revalorizó desde los 400.000 dólares hasta un millón?

Lo que sí sabemos con seguridad es que el matrimonio era gran amantes del art, y visitaba a menudo museos. También, que tenían pudor: el cuadro estaba oculto detrás de la puerta del dormitorio, por lo que solo se veía cuando esta estaba cerrada. Quizá, después de todo, se trataba de un divertido secreto entre los Alton para darle un punto de picante a la relación, un pacto secreto que soñaban con llevarlo a la tumba. ¿Y qué pasa con su hijo Joseph (que ha sufrido problemas mentales desde los 80 y está actualmente hospitalizado en una institución mental), que cuando su primo le enseñó el cuadro parecía no recordarlo y tan solo dijo que era “uno de los más feos” que había visto?

¿Cómo consiguió, fuese quien fuese el autor del hurto, llevarse el cuadro del museo? Los testimonios cuentan que una mujer mayor y un hombre bastante más joven entraron en el museo a las 9 de la mañana, nada más abrir, después de que el guardia de seguridad le franquease el paso a otro trabajador. Una vez dentro, la mujer se acercó a uno de los trabajadores para preguntarle por un cuadro. Mientras tanto, fuera de su vista, el hombre se acercó hacia el De Kooning, cortó el lienzo, lo ocultó debajo de la chaqueta y, apenas unos minutos después, la pareja salió corriendo para no ser vista nunca más. El caso sorprendió a los investigadores, porque es tremendamente raro que un cuadro sea robado a plena luz del día; por lo general, se sustrae durante su transporte o de un almacén.

Un enigma sin resolver… ¿o no?
Quizá, en realidad, los Alter siempre quisieron ser descubiertos. O, más bien, tenían un elaborado sentido del humor. Jerry publicó un libro llamado 'The Cup and the Lip' (aún disponible en tiendas como Amazon) una recopilación de historias “derivadas de mis experiencias personajes o de registros históricos”, y en el que relataba un robo como el que tuvo lugar en 1985. En concreto, desvelaba 'The New York Times', un relato corto llamado 'The Eye of the Jaguar' recogía la historia de una abuela y su nieta que robaban una preciada esmeralda de un museo, mientras la atención del guardia está puesta en otra parte.

“¡Habiendo escapado sin ningún testigo presente, los ladrones no dejaron absolutamente ninguna pista que la policía pudiese utilizar para encontrarlos!”, escribió Alter en el relato ¿autobiográfico? en el que los protagonistas guardaban la joya en casa de la abuela, donde “solo podrá ser visto por dos pares de ojos”. La ficción imita a la realidad: si hace tan solo unos meses descubríamos la historia de Liu Yongbiao, el escritor que asesinó a cuatro personas en los años 90 y lo contó en una novela antes de ser descubierto, es posible que lo Alter hiciesen lo mismo. En su caso, tuvieron mejor suerte: nunca pagaron por su crimen y pudieron disfrutar durante décadas de tener un De Kooning para ellos solos en la intimidad de su dormitorio: Jerry murió en 2012 y Rita, en 2017. También para el público que, gracias a la generosidad de Van Auker, pronto podrá disfrutar de nuevo del cuadro.

FUENTE: Con información de HÉCTOR G. BARNÉS - https://www.elconfidencial.com ->> Ir
 

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