martes, 11 de septiembre de 2018

(España) No volveré a escribir la crónica de la Diada jamás (+Opinión)

Por: Juan Soto Ivars - El 11 de septiembre es el día en que las calles de Barcelona se muestran como han decidido Òmnium y ANC, y yo estoy harto de venir a comprobar el color, porque en días como este la tuve entre mis brazos. Hace dos años no escribí la crónica porque tuve que asistir a mi propia boda. Si negase que elegimos esta fecha para librarme de este curro molesto, mentiría. Podíamos habernos casado el Día de la Región de Murcia para honrar mi tierra, pero lo hicimos en la Diada para que yo no tuviera que contar cómo honran la de Andrea. No te puedes casar dos veces con la misma mujer, así que vuelvo a contarte la Diada. Juro que será la última vez.

La Avinguda Diagonal, de la que el año pasado huyeron las sedes de las empresas, aparece llena de gente disfrazada que aplaude al paso de las banderas más grandes que has visto nunca en manos de un ser humano. Vivo feliz en la fantasía de que han salido de casa para felicitarme el aniversario y pienso que “gracias, poble, ¡gracias!”, pero mi delirio es poca cosa comparado con la 'performance' de hoy. Si el sueño de Puigdemont produce Torras, lo que vemos hoy en la calle es el sueño de Torra y Puigdemont.

Un pueblo. Una nación. Una república. Desde que el día de todos los catalanes fue entregado por el Govern a Òmnium y ANC, los independentistas se persuaden de que ellos son los únicos catalanes. No está la otra mitad en la calle, porque no cabe. En la Diagonal no cabe un alfiler y por eso se suben unos sobre otros haciendo el 'castell'.

Antes de las 17:14 los tractores, que son los tanques de las fuerzas armadas de la República, desfilan por la avenida entre los aplausos de la muchedumbre. Vienen de luchar en la Guerra de los Lazos que se le libra en las zonas agrarias. Van en las cabinas familias enteras de catalanes del campo que reciben el agradecimiento de los catalanes de ciudad, incluso de un mendigo habitual del barrio que hoy viste como el resto de la gente. Me dice que la camiseta se la ha regalado una señora muy buena.

Nunca me ha gustado que la gente vista de uniforme, ni que canten en coro si están sobrios, ni que salgan a manifestarse a favor de su Gobierno en lugar de hacerlo en contra, así que el 11 de septiembre es el día que más lejos está este equidistante del independentismo. El atuendo de hoy incluye la camiseta de color salmón radiactivo y el lazo amarillo, que es como el osito de Tous de esta revolución burguesa.

Qué puedo deciros. Transcurre rutinariamente el día histórico previsto en el calendario. Corren hacia su lugar asignado las mismas chicas jóvenes de siempre con la misma estelada de cada año pintada en la cara, y pienso que fue gracias a esta clase de repeticiones que el pobre Truman empezó a sospechar que vivía dentro de una ficción.

Muchos independentistas lo saben, y otros empiezan a sospecharlo. Este año, algunos políticos del ramo han mencionado que habría que dejar de mentir a su gente, pero la parte visible del movimiento sigue corriendo hacia el sueño. Hay que aprender a leer los labios de esas bocas delicadas porque “dejar de mentir” no significa “no decir mentiras”, sino desmantelar disimuladamente el 'procés', que es borrarlo para que no haya existido nunca. Pelear con Madrid para que el Estado construya vías de verdad, lejos de la unilateral.

Pero cómo renunciar a la foto aérea, a la grandeza del pueblo uno, grande y necesitado de ser libre. Los helicópteros llenan el aire de ruido como en las jornadas espantosas del octubre pasado y los manifestantes sienten la cercanía de la República como en una sesión de espiritismo. Pero empiezo a notar la ausencia de los que no están aquí.

Le pregunto a un hombre y me responde que quienes faltan son los presos, cosa totalmente indiscutible. Son las 17:14 y empieza la fiesta. Minutos de silencio, llamamientos a la república, nombres de activistas y políticos encarcelados, cánticos. Así hasta que termine el día, el helicóptero de TV3 envía en directo las imágenes que Torra usará para decir que Cataluña es él. Las mismas imágenes que aparecen cuando duerme. Como si verdaderamente solo faltasen los presos. Como si en estas calles repletas de gente no faltase nadie más.

FUENTE: Columna de opinión "España is not Spain" - JUAN SOTO IVARS - https://blogs.elconfidencial.com ->> Ir
 

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