domingo, 7 de octubre de 2018

(San Marino) Una gran crisis bancaria en un país diminuto

San Marino, 62 kilómetros cuadrados —13 kilómetros de punta a punta— enclavados en el norte de Italia, abunda de cosas pequeñas y cautivantes. Sus afables habitantes viven en una de las más antiguas repúblicas del mundo. El mito de un cortapiedras cristiano, tal San Marino, que llegó de Rab (hoy Croacia) y aquí fundó la Ciudad-Estado en el año 301 d.C. Un sistema democrático inspirado en los cónsules romanos, con dos capitanes regentes que ejercen como jefes de Estado por seis meses para evitar la acumulación de poder (y que, después, vuelven a ser ciudadanos corrientes). Batallas, guerras y estrategias para evitar caer presa de la potencia de turno y permanecer libres y neutrales, enrocados en sus diminutas tierras montañosas.

Diminuta también ha sido, hasta ahora, su deuda pública. Pero tiene pinta de que va a cambiar. La economía de la ‘Andorra italiana’, como en España se la suele llamar, antaño un paraíso fiscal, está cayendo bajo el riesgo de un nuevo tsunami cuyo origen se sitúa en sus bancos. Sus balances acumulan créditos deteriorados (NPL, en inglés) que equivalen a unos 1.700 millones de euros (última estimación disponible), una nimiedad para gran parte de los grandes países europeos, pero equivalentes al 117% del PIB del país. De ahí que el actual Gobierno sanmarinense esté incluso planteándose pedir un préstamo, al modo de los rescates que se vivieron durante la crisis en Europa. “Quizá al Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque también hay otros organismos con los cuales estamos hablando”, confirma Nicola Renzi, el secretario de Estado de Asuntos Exteriores. “500 millones de euros es la cifra total que necesitamos”, añade Andrea Zafferani, el ministro de Industria y Trabajo.

En la vía empinada que conduce hasta las oficinas de Renzi, en la plazoleta del Titán, se encuentra la sede central de la Caja de Ahorros de San Marino, fundada en 1882 gracias al ahorro de campesinos y obreros, y que en los últimos dos años ha pasado a estar bajo el control del Estado (86%). Es el epicentro de la vorágine. “Todo empezó con una inversión equivocada de la Caja de Ahorros en el Grupo Delta, un banco de crédito italiano que quebró en 2010. Así los problemas de la Caja de Ahorros se convirtieron en la peor crisis bancaria jamás vivida por San Marino”, cuenta Pierpaolo Fabbri, hoy vicepresidente del Banco Industrial Sanmarinense, otro banco del país. “Hoy día, la ratio de NPL de San Marino es más alta que la de Italia. Pues se suman los NPL originados en los impagos de las tantas empresas que se han visto en dificultad en los últimos años”, añade.

Fabbri, quien desde hace 25 años trabaja como banquero y ha sido también responsable de la Asociación de Bancos de San Marino, ha presenciado en primera línea la tormenta que cayó sobre San Marino después de que el país dejara de ser un paraíso fiscal. Cuenta que el diminuto Estado ha vivido, desde 2008, tres crisis económicas consecutivas. No le falta verdad. La primera fue la financiera que se originó en Estados Unidos en 2008 y luego se extendió a Europa, golpeando también a las deudas públicas europeas. La segunda: por el enfrentamiento que, a partir de 2009 y hasta 2014, el pequeño Estado mantuvo con Italia, una especie de lucha de David contra Goliat. Y la tercera, la de ahora, que remite a los bancos y amenaza la supervivencia de San Marino, según sus habitantes. “Dejar de ser un paraíso fiscal era algo debido, un paso hacia el futuro, aunque la modalidad con la cual dejamos de serlo, los ataques unilaterales de Italia, fueron despiadados. Crearon un clima muy negativo”, se queja Fabbri.
Ruina de un (ex) paraíso fiscal

En 2010, sus habitantes se afanaban por defenderse de la ofensiva fiscal iniciada por Roma, las listas negras de la OCDE y el embargo del gobierno italiano. La guerra económica crujía. Los ministros sanmarinenses iban y veían de Roma, para encontrarse y negociar con sus homólogos italianos. La banca de la Serenísima República, de rodillas, languidecía vaciada de miles de millones de euros que huían de sus arcas. Muchos de estos de ricos empresarios italianos que, a partir de los años sesenta del siglo pasado, habían llevado sus capitales a San Marino para evitar pagar sus impuestos en Italia y que ahora, ante las amenazas e incentivos de este país, sacaban su dinero de la pequeña república. Otros, incluso, ligados al crimen internacional, según llegó a denunciar en la época la prensa italiana, y luego investigó también Moneyval.

Las crisis han cambiado el rostro de San Marino. Antes de 2008, en el diminuto Estado existían doce bancos, que acumulaban un capital de 14.500 millones de euros y aportaban grandes ingresos a las arcas del Estado. Hoy son cinco y suman unos 5.500 millones de euros. También se ha reducido un 26% el PIB del país (cayó un 9,47% tan solo en 2011), así como ha decaído casi la mitad la riqueza de los (bastante) ricos sanmarinenses. En concreto, el PIB per cápita de los ciudadanos de San Marino, que era de 78.000 euros al año, hoy no supera los 45.000 euros. Y más aún. También han clausurado decenas de empresas y el sector inmobiliario fue herido de calado. Un maremoto económico de proporciones mayúsculas en un lugar minúsculo.

Ha sido un camino lento y doloroso, que todavía pasa factura. Con el posible préstamo que según el Gobierno el país necesita para sanear a sus bancos, se estima que la deuda pública pasará del 24% del PIB actual (dato de 2016) a un 60%. A renglón seguido, llegarán la austeridad y los recortes. “Después de sanear la situación de la Caja de Ahorro, tendremos que tomar algunas contramedidas, básicamente de reducción del gasto público, probablemente a través de medidas de austeridad, aumentos en los impuestos y recortes en la administración pública”, admite Zafferani. “Sabemos que eso no nos será rentable desde un punto de vista político, pero, ¿qué más podríamos hacer? Las recetas son esas, no hay otras”, añade. De igual modo, el Gobierno sanmarinense, que también está estudiando medidas para aumentar su crecimiento, aspira a una mega-inversión para la construcción de un ‘outlet’ en su territorio y quiere fomentar el turismo.

Alternativas: Criptomonedas, fintech y la UE

“El préstamo del FMI es fundamental para dar credibilidad al país”, dice Fabbri, el banquero, al dar la cosa ya como hecha, quizá porque algunos asesores del FMI ya han dado asesoramiento al pequeño Estado. “Estamos estudiando posibles alternativas para el crecimiento, incluyendo recurrir a las criptomonedas y al modelo de las fintech (startups tecnológicas financieras)”, cuenta, por su parte, Domenico Lombardi, el actual presidente de la Unión de Bancos de San Marino. Pero la crisis coincide también ha con un especial ímpetu europeísta que San Marino —país que ya es miembro del Consejo de Europa y de la ONU— ha emprendido junto con Andorra y Mónaco. Desde 2015 los tres microestados negocian un acuerdo de asociación con la Unión Europea (UE) que se encuentra en su recta final y podría llegar a su conclusión el año que viene.

“Se trata de un acuerdo importante para anular algunos impedimentos, también burocráticos, al comercio de nuestros productos en los países de la UE”, explica Renzi, el secretario de Asuntos Exteriores, al recalcar que hoy día los acuerdos existentes con la UE no le dan garantías de acceso a las inyecciones del BCE a los microestados europeos , así como que tampoco tienen acceso a los fondos de ayuda del club europeo. “Es difícil que las cerremos antes de la próxima legislatura europea, pero hemos avanzado muy rápido”, añade Renzi. “Es un acuerdo importante no sólo desde un punto de vista económico, sino también por todo lo que implica estar integrados más formalmente en la UE”, coincide Marco Podeschi, el jefe del ministerio de Cultura, Tecnologías e Información. “Aunque no seamos parte de la Unión Europea, vivimos en la Unión Europea y nos sentimos europeos”.

FUENTE: Con información de Irene Savio - https://www.elconfidencial.com ->> Ir
 

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