lunes, 26 de noviembre de 2018

(Bélgica) Spa, la ciudad del descanso: el paraíso que hace honor a su nombre

Spa es la localidad belga que dió nombre al término tan popular en nuestros días. Se trata de una auténtica villa termal con cien años de historia. De hecho, los promotores de turismo de Bélgica no han de inventarse nada para atraer al visitante a esta pequeña localidad de algo menos de 11.000 habitantes situada en la provincia de Lieja. Son incluso algo modestos en su denominación: Spa es la legítima villa termal. Tiene ese don: sus aguas minerales, sulfurosas y curativas brotan en los manantiales —ahí los llaman 'pouhons'— que emergen en las cuatro esquinas de la ciudad.

Casi tienen nombres de castillo: Pierre-le-Grand, Prince de Condé, Tonnelet, Sauvenière, Groesbeek, Géronstère y Barisart. De hecho cada uno de ellos tiene rango de monumento: su conjunto va hilando rutas que, vistas en el mapa, forman un trazado que invita a ser recorrido plácidamente. Hay quien lo denomina el mejor recorrido termolúdico de Europa o, mucho más fácil, su mejor 'circuito spa'.

Spa es una ciudad pequeña, tranquila y turística ubicada en la región de las Ardenas. Valles y ríos. Poca gente y mucho bosque. Colinas bajas, pueblos encantadores. Al norte queda Maastricht, al noroeste Bruselas, al sur Luxemburgo y al este Alemania.

Tan estratégicamente ubicada, la ciudad fue elegida como residencia por el rey Leopoldo II —que llegó a ser propietario del Congo belga—y su esposa, la reina María Enriqueta de Austria. Al primogénito Alberto I le tocó el trago de la invasión alemana entre 1914 y 1918: la armada teutona instaló en Spa un hospital militar, y utilizó la ciudad como base.

El kaiser Wilhelm II y sus auxiliares -entre ellos un tal Hindenburg- ocuparon también los castillos. En 1920, la Francia del Mariscal Foch —de quien hoy hay una estatua a un paso del Palacio Real— se resarciría justamente en la Conferencia de Spa, que tuvo el objeto de determinar las indemnizaciones a pagar a los aliados tras la guerra. Así la perla de las Ardenas siguió siendo el capricho de la región.

UNA ESCAPADA IDEAL
La escala de la ciudad la convierte en perfecta para el paseo. Por supuesto que los manantiales son de visita obligada. Los más frecuentados son el Pouhon Pierre-le-Grand (nombre del Zar de Rusia que hizo una cura aquí en 1717) y el Pouhon Prince de Condé (donde mana el agua más ferruginosa de Europa; es fácil reconocerlo por su jardín en forma de pirámide).

Pero Spa también tiene numerosos y espléndidos jardines, y fabulosos invernaderos que se pueden visitar. Luego están los museos: entre los que destacan la galería Leopoldo II (antigua residencia del Emperador), el Museo de Spa (antigua residencia de la Reina María Enriqueta, conocido por sus tallas y figuras decorativas de madera de los bosques circundantes), el Museo Equino (los antiguos establos de la Reina), el Museo de la Lavandería, el Museo del Ejército, la Biblioteca Municipal...  ->>Vea más...

FUENTE: Con información de https://www.gentleman.elconfidencial.com
 

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