lunes, 12 de noviembre de 2018

(España) 13 víctimas, dos parejas rotas... Las cloacas del atentado que ETA nunca quiso asumir

El pasado 6 de noviembre, el diario 'Gara' informó de que la banda terrorista ETA llegó a publicar un último boletín interno (zutabe) antes de desaparecer del que no se había hablado hasta ahora. En este folleto, explicó el diario, la organización admitió que estaba detrás de dos atentados que no había reivindicado hasta el momento, el asesinato de tres personas en Tolosa (Guipúzcoa) en 1981 y la bomba que estalló en la cafetería Rolando de la calle del Correo de Madrid el 13 de septiembre de 1974 que se llevó por delante la vida de 13 ciudadanos. Este último fue, por lo tanto, la primera gran masacre perpetrada por ETA y, durante décadas, la mayor hasta que los terroristas hicieron explotar un potente artefacto en el Hipercor de Barcelona en 1987 que mató a 21 personas e hirió a otras 45. Durante más de 40 años, por lo tanto, la banda ha mantenido una mentira en relación al ataque a la cafetería Rolando. Los dos etarras que perpetraron la masacre, Bernat Oyarzábal Bidegorri y María Lourdes Cristóbal Elhorga, no fueron nunca detenidos y, según publicó 'El Mundo' el pasado mayo, ambos viven en Bayona (Francia) como matrimonio.

Sus víctimas, por lo tanto, nunca fueron resarcidas jurídicamente y aún en estos momentos los familiares contemplan la impunidad en la que viven los verdugos. El pasado viernes, la asociación Dignidad y Justicia promovió en la Asamblea de Madrid una proposición no de ley (PNL) en la que reclamaba el reconocimiento de las víctimas de la cafetería Rolando. El grupo popular de la cámara regional hizo suya la propuesta y la elevó formalmente al pleno. La PNL pide que las autoridades impulsen la investigación de los 379 crímenes de ETA que aún siguen impunes, de los que 35 fueron cometidos en Madrid (13 de ellos en la mencionada calle del Correo). La banda no asumió inicialmente la autoría del atentado de Rolando porque hubo una división interna a consecuencia del ataque y se enfrentaron dos sectores. Según cuenta el libro 'Vidas rotas', durante los días previos al asesinato del entonces presidente del Gobierno, el almirante Luis Carrero Blanco, los terroristas que prepararon su atentado se fijaron en la cafetería por su posición estratégica, muy proxima a la Dirección General de Seguridad. Fue Genoveva Forest, su enlace en Madrid, quien sugirió el bar Rolando, al estar normalmente atestado de policías.

En concreto, el 13 de septiembre de 1974, los terroristas colocaron un unos 30 kilos de dinamita rodeados de tuercas para ejercer de metralla en los aseos del local que acabó con la vida de 13 personas e hirió a otras 60. Efectivamente, 11 de los heridos eran policías. El techo de la cafetería se derrumbó sobre los clientes y la onda expansiva derribó los muros. La confusión protagonizó los minutos siguientes. Antonio Alonso Palacín -empleado de la fábrica de motores Abril- y María Jesús Arcos Tirado -telefonista en Alhama de Aragón- contrajeron matrimonio seis días antes. Ambos perdieron la vida tras la explosión. No fue, sin embargo, el único matrimonio que falleció aquel día. Baldomero Barral (de 24 años) y María Josefina Pérez Martínez también murieron. Félix Ayuso Pinel fue uno de los inspectores de Policía que ingresó herido de gravedad en el hospital de la Cruz Roja. Sobrevivió durante dos años y medio, hasta que el 16 de enero de 1977 murió por las heridas que le había provocado el atentado, el mismo día en el que ETA acribillaba a un ciudadano en Las Arenas (Vizcaya), Gonzalo Santos Turrientes, que salvó la vida a pesar de los cinco disparos que se incrustaron en su cuerpo. La profesora de Enseñanza General Básica (EGB) de Valdepeñas (Ciudad Real) Francisca Baeza Alarcón -que había ido a Madrid a hacer unas compras- también perdió la vida cuando tomaba café en Rolando con su prima Maribel González, que fue quien identificó el cadáver.

Pero no solo fallecieron clientes. Gerardo García Pérez, camarero, casado y con tres hijos, fue uno de los tres empleados de la cafetería que perdió la vida. "Yo estaba en la barra, me disponía a cobrar a un cliente cuando, de pronto, sentí una gran avalancha de escombros sobre nosotros e intenté salir para afuera corriendo", recordó un compañero suyo, Emilio Candil, de 23 años, ante los medios, tal y como recoge la mencionada obra 'Vidas rotas'. "Oí gritos de socorro y me pareció como si perdiera el conocimiento; al despertar, vi a muchos que sangraban, igual que yo, en medio de los escombros, fue terrible", añadió. El también camarero Manuel Llanos Gancedo, de 26 años, ingresó todavía con vida en el hospital de la Cruz Roja, pero no llegó ni siquiera a ser intervenido quirúrgicamente. Francisco Gómez Vaquero, cocinero de la cafetería, fue rescatado aún con vida bajo los escombros por los miembros de la Cruz Roja, que calificaron el hecho como "milagroso". Sin embargo, el hombre de 31 años falleció posteriormente en el hospital Clínico de Madrid. Su mujer, de 20 años y con dos hijos, quedó viuda y comenzó a trabajar como asistenta para sacar adelante la familia, pues no recibió pensión de ningún tipo hasta muchos años después, como cuenta José María Calleja en su libro 'Contra la barbarie', una obra que también indica que los etarras querían inicialmente atentar en la Dirección General de Seguridad, opción que desecharon por la peligrosidad que para ellos conllevaba.

El ferroviario sevillano Antonio Lobo Aguado llevaba poco tiempo en Madrid, donde se había trasladado con su mujer y sus dos hijos por motivos laborales, cuando se encontró con la muerte en la calle del Correo. Luis Martínez Marín, Concepción Pérez Paino (administrativa de la Dirección General de Seguridad) y la estudiante María Ángeles Rey Martínez también perdieron la vida. El padre de esta última relató a Iñaki Arteta y Alfonso Galletero, autores del libro 'Olvidados', que su hija acudió a la cafetería con unas amigas, que se acercaron a la barra a pedir mientras María Ángeles fue a coger mesa. "Muchas veces me ha venido a la mente que, por apenas unos metros, mi hija no se salvó", recordó.

La investigación del atentado
"Ocho personas han sido detenidas en relación con el reciente suceso de la calle del Correo. Todas estas son miembros activos del partido comunista ortodoxo de Carrillo. La operación, llevada a cabo por la comisaría general de Investigación Social y la Dirección General de Seguridad, en colaboración con la Guardia Civil, ha permitido desarticular la compleja infraestructura de comandos E.T.A. en Madrid, actuando en conexión con los mencionados miembros del partido comunista".

Así rezaba un fragmento del periódico 'Informaciones' el 24 de septiembre de 1974. ¿Qué relación tenían estas personas con los dos terroristas? ¿Tuvo algo que ver el PCE en el atentado, tal y como aseguraba la policía? ¿Y qué había pasado con Oyarzábal y Cristóbal Elhorga?

Unos días antes de estas detenciones, la policía, todavía sin pistas, filtró a la prensa el nombre y la fotografía del vasco Justo Sansano, creyéndole implicado. Sin embargo, él demostró a las autoridades que el día del atentado se encontraba en Francia. Circularon todo tipo de rumores, como el de que el atentado había sido perpetrado por la ultraderecha.

Eva Forest, enlace de ETA
Pero todo fue más simple. En agosto, antes de la bomba, detuvieron tras un tiroteo al etarra José María Arruabarrena ("Tanque"). Le incautaron una agenda con el apunte "Rolando, 2.15-2:45". Tras el atentado de la calle del Correo, volvieron a interrogar a Arruabarrena y dio el nombre de Genoveva Forest. Comunista y casada con el dramaturgo Alfonso Sastre, fue quien sugirió a ETA atentar en la cafetería Rolando "para hacer algo más grande que lo de Carrero Blanco".

El jefe de la Brigada de Investigación Social de aquel caso, José Sainz, explicó en una rueda de prensa que Genoveva Forest "era la máxima responsable de ETA V Asamblea en Madrid". Además, se encontraron en su casa ejemplares del libro 'Operación Ogro. Cómo y por qué ejecutamos a Carrero Blanco'. Ella era la autora.

Capturada por la policía, Genoveva Forest no tardó en facilitar los detalles de los dos etarras, aunque nunca fueron detenidos, porque escaparon a Francia. Forest también incriminó a personas de la izquierda antifranquista involucradas al haber alojado a miembros de ETA en sus casas.

"Muchos como yo no teníamos nada que ver, pero nos metieron en la cárcel igual", cuenta Lidia Falcón a El Confidencial 44 años después del atentado. La policía encontró en el bolso de Forest unas llaves, que pertenecían a Falcón. Poco después fue detenida. Falcón se sigue arrepintiendo por dejarle las llaves de su casa a Forest (ella vivía en Barcelona). "Si tuviera que volver a nacer haría otras cosas". Unos años más tarde escribiría 'Viernes y 13 en la calle del Correo' (Planeta, 1981).

La "heroína" ante el régimen
Lidia Falcón, que señala a Forest como coautora del atentado y encubridora de ETA, coincidió con ella en la cárcel. Recuerda la primera vez que la vio en la prisión: "Entró al comedor con aspecto de profeta y nos dijo a todas: "Esto ha sido lo más revolucionario que se ha hecho en España desde la Guerra Civil". Ella se veía "como una heroína ante el régimen franquista", aunque en público nunca llegó a reconocer que hubiera participado en el atentado de la calle del Correo.

ETA tardó 37 días en reaccionar, lanzando un comunicado desde París negando la autoría del atentado. Sin embargo, la historia no acaba ahí. El SECED (el servicio de inteligencia español de la época) quiso intoxicar y dividir a la banda terrorista. La revista semanal 'Mundo' publicó un número especial con el título "Así se preparó el atentado", afirmando tener en exclusiva los diarios del terrorista José Miguel Beñaran Ordeñana ("Argala"), el artífice del atentado a Carrero Blanco y pieza clave de ETA por aquellas fechas.

En esos supuestos diarios, Argala hablaba de una reunión entre ETA y el PCE para que los comunistas financiaran actividades etarras en España: "Cuando estuve la semana pasada en París con Carrillo llegamos a un total acuerdo en que era preciso más acción y menos doctrinarismo". Además, mencionaba relaciones sexuales y líos de faldas entre miembros de la banda.

Pero estos diarios eran apócrifos. Lo confirmó Eduardo Álvarez Puga, director de la revista 'Mundo' por aquella época. Un hombre, que se identificó como miembro de ETA, entregó a un periodista de 'Mundo' los documentos por 25.000 pesetas. Nada más recibirlos, Álvarez Puga desconfió, porque en ellos se afirmaba que ETA había mantenido reuniones con grupos de ultraderecha. El director consiguió una carta de puño y letra del mismo Argala y confirmó sus sospechas: eran falsos.

Sin embargo, Sebastián Auger, propietario del grupo Mundo y con contactos en los servicios secretos (SECED), acabó presionando al director para que se publicaran. Estas informaciones se desprenden de la investigación realizada en 2010 por los periodistas Joan Salicrú y Jordi Rovira en el Colegio de Periodistas de Cataluña. Por otro lado, esta tesis queda confirmada en el libro autobiográfico 'Servicio Especial, A las órdenes de Carrero Blanco' (Planeta, 1983), del coronel José Ignacio San Martín López, que fue director general del SECED y más tarde encarcelado por su intervención en el 23F.

San Martín detalla en su libro que una de las operaciones del SECED consistió en inventarse y difundir los falsos diarios de Argala. Este periódico ha contactado con Manuel Fernández Monzón Altolaguirre, compañero de San Martín a finales de los años sesenta. Sin acordarse específicamente del caso, asegura que en el SECED "era normal que se hicieran esas cosas". Altolaguirre, que se dedicaba a "investigar a los posibles futuros partidos políticos", descarta que en 1973 existiera ningún contacto formal entre ETA y el PCE.

Otro proceso de intoxicación del SECED ocurrió el 19 de octubre de 1979. El infiltrado en ETA Mikel Lejarza Eguía -alias "Lobo"- (según la investigación de Salicrú y Rovira) se hizo pasar por terrorista ("Yhon") y concedió una entrevista al semanario belga 'L'Eventail'. Aseguró que ETA había colaborado en el asesinato de Argala (21 de diciembre de 1978) para avivar la discordia. Esto era mentira: el asesinato fue reivindicado por un grupo de ultraderechistas en venganza tras el atentado a Carrero Blanco cinco años antes.

Con la amnistía de 1977 todos salieron en libertad y ni Genoveva Forest fue juzgada ni los terroristas buscados. Pero, ¿por qué ETA ha tardado tanto en atribuirse la autoría del atentado? "ETA no estaba contenta con la actuación de Genoveva Forest. Ella les había dicho que Rolando estaría lleno de policías. Fue un fracaso porque murieron muchos civiles", comenta Falcón.

El misterio del atentado de la calle del Correo fue alimentado tanto por ETA, que sufrió un cisma en la banda, como por los servicios secretos de la época, que lo vieron como una oportunidad para atacar a los comunistas. Los dos etarras han vivido en libertad hasta la fecha cerca de Bayona, en el sur de Francia.

FUENTE: Con información de https://www.elconfidencial.com
 

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