miércoles, 28 de noviembre de 2018

(India) "Cometió un error mortal": habla el único superviviente a la isla prohibida

La isla Centinela Norte continúa siendo uno de los lugares más inexpugnables del mundo. La muerte de John Allen Chau, el joven norteamericano de 27 años que quiso tomar contacto con la tribu más hostil del planeta, ha provocado que esta desconocida isla haya saltado a la luz. Especialmente el gran misterio que alberga en su interior: cómo son sus habitantes, qué costumbres tienen, cómo actúan... Pero hay alguien que los conoció y vivió para contarlo.

Poco o nada se sabe de los sentinelenses, la tribu más violenta del mundo. Se trata de un grupo humano que lleva en la isla más de 55.000 años, completamente aislado de la civilización y cuya subsistencia se basa en la recolección y la caza. Se calcula que son unas 150 personas que, evidentemente, son hostiles a cualquier contacto humano del exterior de la isla. Su especial ubicación, en el archipiélago de las islas Andamán (India), es su primera protección ante intrusos.

El arrecife de coral que rodea la isla es otra de las defensas naturales con la que cuentan, pues impide que durante 10 meses sea posible que cualquier embarcación acceda hasta Centinela Norte. Pero, a pesar de ello, varias personas han intentado contactar con la tribu, aunque las leyes indias prohíban expresamente que exista ninguna relación con los sentinelenses. Hasta la fecha, solo ha habido una persona que haya estado allí y haya vuelto con vida.

Ocurrió en el año 1991, cuando el antropólogo indio TN Pandit decidió acudir hasta allí para conocer a la tribu más hostil del mundo. En una entrevista con la BBC, reconoce que fue uno de los momentos más importantes de su vida, pero que no fue nada sencillo. De hecho, asegura que en ningún momento pudo pisar la isla y que recibió varias amenazas antes de entablar contacto. En su opinión, Chau cometió un error que, a la postre, terminó por ser mortal.

Según considera el antropólogo indio, ahora con 87 años, la actitud de los sentinelenses es realmente hostil, lo que provoca que haya que ser muy cauteloso a la hora de intentar tener cualquier contacto con ellos. En su opinión, Chau no fue consciente del riesgo que corría acercándose en la isla: "Estoy muy triste por la muerte de este joven que vino desde Estados Unidos. Pero cometió un error. Tuvo la oportunidad de salvarse, pero insistió y lo pagó con su vida", aseguró.

La isla prohibida
Pero ¿cuál fue ese fallo mortal? Querer pisar la isla. Pandit asegura que acudió a la isla con tres hombres de otra tribu local, los onge, con el objetivo de que pudieran interpretar el comportamiento de los sentinelenses y, además, hacerles ver que venían en son de paz. Tras varios intentos, consiguió convencer a los sentinelenses de que tuvieran un encuentro, pero siempre bajo las condiciones que ellos impusieran: sería en el mar, con el agua a la altura del cuello, y sin poder pisar su isla.

"La reunión se llevó a cabo de acuerdo con sus condiciones. Saltamos del bote y nos quedamos en el agua, que nos llegaba al cuello, dándoles cocos y otros regalos. Pero no nos permitieron poner el pie en su isla", asegura Pandit. Aunque recuerda un momento de tensión: "Cuando iba a regalarles unos cocos, me separé un poco del resto del equipo y comencé a acercarme a la orilla. Un joven sentinelés tomó su cuchillo y me indicó que me cortaría la cabeza. Inmediatamente llamé al barco y me retiré".

Pandit reconoce que, aunque llevaban regalos para ellos como cocos, sartenes, cuchillos o herramientas, en ningún momento se sintieron bienvenidos a Centinela Norte. De hecho, confirma que les regalaron un cerdo vivo en señal de agradecimiento, algo que no se tomaron excesivamente bien: "En lugar de mostrar un gesto de agradecimiento, le clavaron una lanza y, tras matarlo, lo enterraron en la arena". Un pueblo beligerante muy lejano a nuestras costumbres.

Chau posiblemente no llegó a ser consciente del gran peligro que corría si trataba de entrar a la isla. Los pescadores que le llevaron hasta allí aseguraron ante las autoridades que vieron cómo le dispararon varias flechas y que, pese a caminar varios metros más, le terminaron por atar con una soga y meterle al interior de la isla. Poco después, sacaron su cadáver y le enterraron en la arena. Un error mortal que le costó la vida con solo 27 años.

FUENTE: Con información de RUBÉN RODRÍGUEZ - https://www.elconfidencial.com
 

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