martes, 27 de noviembre de 2018

(Rusia - Ucrania) Crece la tensión por conflicto en el mar de Azov

El Parlamento de Ucrania aprobó ayer la introducción de la ley marcial propuesta por el presidente Petró Poroshenko, un día después de que Rusia disparase contra varios de sus barcos e hiciese prisioneros a 24 marineros ucranianos. El incidente ha generado un intenso malestar en el país, donde se han producido disturbios y un grupo de manifestantes ha llegado a quemar vehículos y a tratar de incendiar la embajada rusa en Kiev. Como una prolongación del enfrentamiento entre ambas naciones a raíz de la invasión de Crimea y el conflicto armado en el este de Ucrania, los choques en el mar de Azov, de los que ya informó El Confidencial este verano, pueden convertirse en un nuevo frente naval que involucre directamente a las fuerzas regulares de ambos países.

¿Qué ha sucedido exactamente?
La versión rusa y la ucraniana coinciden en una cosa: un barco de los guardacostas rusos, el Don, embistió a un remolcador ucraniano que navegaba junto a dos embarcaciones militares hacia el estrecho de Kerch, en dirección al puerto de Mariúpol, en la costa norte del mar de Azov. De acuerdo con Moscú, los barcos ucranianos estaban realizando “maniobras peligrosas” que requirieron el cierre del estrecho por razones de seguridad. Según Kiev, sus barcos tienen derecho a cruzar a través de Kerch a raíz de un acuerdo firmado entre ambas naciones en 2003, y el abordaje , planificado de antemano, se habría producido en aguas internacionales.

Durante el encontronazo, la marina rusa abrió fuego contra los navíos ucranianos, hiriendo a seis marineros, dos de ellos de gravedad, según Kiev. De acuerdo con un alto funcionario ucraniano, tres de los heridos han sido trasladados a Moscú para recibir tratamiento médico, mientras que los demás permanecen en un hospital de Kerch.

¿Cómo se ha llegado a esta situación?
Ucrania denuncia que la marina rusa lleva meses deteniendo barcos de bandera ucraniana o internacional en el mar de Azov e interrogando a sus tripulaciones, sin otro objetivo que intimidar a los marineros y armadores y disuadirles de operar en esas aguas. Estas retenciones –cuya duración media llegó a las 54 horas a finales de julio- pueden provocar pérdidas de entre 3.000 y 13.000 dólares, según Anton Shapran, director de la compañía de transporte naval Maritime Logistics, con base en Mariúpol, una de las localidades más afectadas por la situación. Muchos observadores lo equiparan con un bloqueo naval de facto, en un espacio cada vez más dominado por Rusia.

El conflicto escaló sensiblemente en marzo, cuando las autoridades ucranianas detuvieron un pesquero crimeano que operaba bajo la bandera rusa, algo que Ucrania considera ilegal. Su capitán y su tripulación fueron arrestados. Moscú aseguró que la marina ucraniana se había comportado como “piratas somalíes”. Desde entonces es Rusia quien se dedica a patrullar las aguas y abordar embarcaciones a conveniencia, algo que puede hacer legalmente a raíz de un acuerdo de cooperación firmado en 2003 entre Vladímir Putin y el entonces presidente ucraniano Leonid Kuchma.

¿Cuáles son las consecuencias de ese bloqueo?
La tendencia se ha acelerado desde la finalización del puente del estrecho de Kerch, que une la región rusa de Krasnodar con Crimea, en mayo. A finales de ese mes, Rusia desplegó tres barcos militares en el mar de Azov, con el objetivo declarado de proteger estas infraestructuras. El FSB, el servicio de inteligencia interior ruso, recibió el encargo de supervisar dicha protección. Según la información disponible, los encargados de abordar las embarcaciones afectadas son guardafronteras subordinados al FSB.

La construcción del puente ha hecho que 144 de los mayores barcos que solían operar en Mariúpol hayan quedado expulsados forzosamente del mar de Azov, al no poder pasar por debajo de esta estructura de apenas 33 metros de altura. Tanto este puerto como el vecino Berdyansk se enfrentan a un pronunciado declive económico debido a la reducción de su actividad comercial, que algunos cifran en hasta un 30%. Ucrania, sin embargo, se ve casi impotente ante esta situación.

¿Qué implica la ley marcial?
Su aprobación ha sorprendido a muchos observadores, puesto que no había sido aplicada ni siquiera en el momento álgido de los combates en el este de Ucrania, en 2014. El estado de excepción implica una movilización militar parcial, la organización inmediata de las defensas aéreas, un estrechamiento de la seguridad en las fronteras con Rusia, una campaña informativa y la vigilancia de infraestructuras críticas. También permite establecer límites a la libertad de reunión, movimiento y expresión. Por ello, varios opositores ucranianos han expresado el temor de que pueda ser utilizada como excusa para cancelar algunas libertades, en un momento en el que la popularidad de Poroshenko está bajo mínimos.

“El Gobierno ucraniano debe sopesar cuidadosamente las consideraciones sobre seguridad nacional y sobre derechos humanos mientras responde a las amenazas de seguridad en el mar de Azov e implementa las provisiones de la declaración de la ley marcial”, ha declarado Marc Behrendt, director regional para los programas de Europa y Eurasia de la ONG estadounidense Freedom House. “Cualquier restricción a las libertades fundamentales debe ser justificada de forma transparente y consistente con una sociedad democrática”, ha indicado en un comunicado.

¿Qué dice Rusia?
Ayer, el Ministerio de Exteriores ruso advirtió al “régimen de Kiev y sus patronos occidentales” de las “serias consecuencias” del incidente. “Claramente, esta es una provocación muy bien pensada que ha tenido lugar en un determinado lugar y de cierto modo y tiene como objetivo crear otro foco de tensión en esa región, y un pretexto para incrementar las sanciones contra Rusia. Por lo tanto emitimos una advertencia a Ucrania de que la política de Kiev, perseguida en coordinación con EEUU y la UE, con la intención de provocar un conflicto con Rusia en las aguas del Mar de Azov y el Mar Negro, está plagada de consecuencias serias”, ha afirmado en un comunicado.

Por su parte, varios medios progubernamentales rusos han señalado que el propósito del incidente es generar tensiones que impidan un encuentro entre Putin y el presidente estadounidense Donald Trump en la cumbre del G-20, que se celebra a finales de esta semana en Argentina.

¿Qué va a pasar ahora?
Es difícil predecir cómo puede evolucionar la situación, pero las perspectivas son alarmantes. Ayer, el presidente Poroshenko aseguró que los servicios de inteligencia ucranianos tienen evidencias de que las fuerzas armadas rusas preparan un ataque terrestre que permita establecer una cabeza de puente en el este del país y asentar las ganancias de los rebeldes prorrusos.

“La gran historia en todo esto es que las fuerzas armadas de Rusia, a plena luz del día, han lanzado un ataque contra barcos de la armada ucraniana. Esto es cruzar una nueva línea. Moscú, es cierto, se anexionó Crimea con su ejército, pero bajo el disfraz de 'hombrecillos verdes' sin identificar. Moscú ha estado llevando a cabo una guerra no demasiado encubierta en el Donbás. Sí, hay miles de oficiales rusos allí y controlan los combates, pero Moscú lo niega. Pero en este caso, no hay negativa”, ha declarado John Herbst, el embajador estadounidense en Ucrania entre 2003 y 2006, a la publicación Newsweek. Otros observadores, sin embargo, creen que el propósito del Kremlin no es tanto provocar un conflicto armado como forzar concesiones por parte de Kiev, como el restablecimiento del suministro de agua a Crimea, cortado tras la invasión de 2014.

No obstante, un nuevo factor podría complicar las cosas: es improbable que, con unos comicios previstos para el próximo marzo y malas perspectivas electorales, Poroshenko esté dispuesto a negociar demasiado. Al contrario, podría concluir que una escalada de tensión puede jugar a su favor. Y lo mismo vale para Putin, cuyo índice de aprobación es el menor desde su llegada al poder tras la polémica reforma del sistema de pensiones, y que tal vez tiene en mente una reedición de lo sucedido en Crimea, cuando su popularidad llegó a máximos históricos del 90%.

FUENTE: Con información de DANIEL IRIARTE - https://www.elconfidencial.com
 

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