lunes, 7 de enero de 2019

(Panamá) Al presidente le falta carácter (+Opinión)

Por: Rafael Carles - Al terminar de escuchar el discurso del presidente Varela ante el pleno de la Asamblea Nacional el pasado miércoles 2 de enero, recordamos una vez más un pronóstico de larga data: las cosas en política terminan mal debido a la falta de carácter. Recordemos que fue el filósofo griego Heráclito quien observó el "ethos anthropoi daimon", que a menudo se traduce como "el carácter del hombre es su destino".

Es decir, el carácter de una persona es fundamental, tanto como la cultura o la moralidad que todos apoyamos firmemente. Cuando Ricardo J. Alfaro, uno de los más grandes panameños de la primera mitad del siglo pasado, volvió su atención académica al carácter, lo hizo como un ejercicio para evaluar el papel de los próceres durante la separación de Colombia y reprender a los moralizadores en la lucha por la soberanía panameña. Para Alfaro, el carácter tenía un contexto más amplio y una definición más humilde de lo que actualmente nuestros políticos suponen: decencia, cortesía, autocontrol, compromiso, honestidad, cooperación, comunicación, disciplina, respeto y la capacidad de pensar en el bienestar de los demás. Extrañamente, llegamos al punto de que cuando decimos que al presidente le falta carácter, muchos se ofenden y sienten que le hemos faltado el respeto.

Sin embargo, estos afanados en lo que se dice o no del presidente se apresuran a refutar que es mentira lo de su falta de carácter y citan proposiciones banales o discutibles: ¡él es un hombre bueno, es leal a su familia, es auténtico, fue un gran amigo en la escuela, es un exitoso empresario, etc. Pero lo vital aquí es que no importa que muchos hombres buenos amen a sus hijos, que sean leales a las personas y admirables a sus simpatizantes. No importa tampoco que él no haya cumplido sus promesas empeñadas el día de su toma de posesión o que haya creado desconfianza en la economía del país. No importa.

Aquí lo más preocupante es que estos defensores están redefiniendo el carácter a imagen de Varela y han terminado deformándolo. Algunos incluso suponen que nos referimos al estilo del presidente, específicamente a sus carencias y defectos, algo totalmente normal en cualquier ser humano. Pero pasan por alto que sus discursos y declaraciones no son simplemente un acto, sino el producto de niveles asombrosos de inseguridad, indecisiones y titubeos. Sus ausencias continuas del país son simplemente una discordancia con la realidad de su cargo y una muestra de la compulsividad ilusoria de que él es otro que verdaderamente no es. El presidente que se hizo popular prometiendo cualquier cosa, en cualquier lugar y de todos modos, ni siquiera es consciente de que nadie le cree, a pesar de todos los esfuerzos que hace para hacer lo contrario. Y lo más triste de todo es que le encanta decir que es presidente, pero ha olvidado que ya no gobierna.

La fuerza impulsora detrás de casi todas las controversias que han atormentado a su administración es su personalidad, no su ideología.
Sin duda, la ideología juega un papel importante pero en el caso de Varela su ira tanto de sus oponentes políticos como de sus propias fallas amplifica sus problemas. Tanto así que con respecto a la crisis con los productores, se olvidó que este es un sector en plena decadencia desde antes del 2014 y que lo único que tenía que hacer era decir presente y escuchar.

Pero su negativa a escuchar hasta a sus asesores; su incapacidad para decir las palabras correctas; su demonización y menosprecio a los empresarios; su hipersensibilidad contra periodistas y medios que publican sobre sus desaciertos; su elogio por la política del secretismo; su necesidad de crear nuevas controversias para eclipsar las antiguas; su inagotable capacidad para pensar que estamos avanzando cuando, de hecho, estamos estancado. Todo esto brota de su naturaleza, de su falta de carácter.

Un día después del discurso, su hermano, el diputado José Luis Varela, ofreció una extraña defensa del presidente: “es absurda la posición de cambiar la Constitución con dos asambleas, cuando hay cambios que se tienen que hacer y que afectan directamente a la propia Asamblea Nacional”. Es decir, el hermano menor en contubernio con el hermano mayor, y ambos convencidos de que lo que están haciendo y diciendo es lo correcto. Pero Popi inadvertidamente trajo un punto a colación, y es que la razón por la que Juan Carlos no cambiará tiene poco que ver con su edad y todo que ver con el carácter.

El autor es empresario

“Casi todos los hombres pueden soportar la adversidad, pero si quieres probar carácter, dale poder.” Abraham Lincoln

FUENTE: Artículo de Opinión - Rafael Carles
 

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