miércoles, 17 de abril de 2019

(EE.UU.) Investigaciones en cuatro cárceles revelan muertes violentas de reclusos

Es febrero de 2018, y un prisionero de la cárcel de Bullock (Alabama), decide recurrir a los oficiales para comunicarles que siente miedo por su integridad física. Les explica que lleva tiempo recibiendo amenazas, después de que otro recluso le robase el teléfono móvil que él tenía que guardar. Al no pagar el dinero correspondiente por la pérdida, los dueños del aparato le habían golpeado varias veces. Un día después, el prisionero apareció muerto. Según la autopsia, había fallecido a causa de un traumatismo cerebral que había ocasionado sangrado interno y hemorragia en el tallo cerebral.

Mejor suerte –o peor, según cómo se mire– corrió un mes después otro preso, en este caso, de la cárcel de Ventress, a apenas una media hora en automóvil. Uno de los tenientes de la prisión fue informado de que alguien estaba siendo torturado en una de las celdas. Finalmente, consiguió dar con él y le condujo a la enfermería. Según el testimonio del herido, había sido “atado, quemado y torturado durante dos días”. No era lo peor. En el proceso, le habían introducido un palo de escoba por el recto. ¿La razón? Haber denunciado una agresión sexual semejante el mes anterior. Los chivatos no sobreviven.

Un par de años antes, en 2016, los oficiales de la cárcel de St. Clair encontraron un cadáver boca abajo en su cama. Su cara estaba completamente plana, un signo de que llevaba en esa posición probablemente días. La razón de la muerte, estrangulamiento. Pero había otros detalles llamativos en el cuerpo. El número 1636 habían sido tallado en la “caja torácica” del asesinado. Según el lenguaje de las bandas callejeras a las que pertenecía, la cifra significaba “pecado moral”, por lo que muy probablemente había sido eliminado por soplón o traidor. Apenas había durado unas horas desde que fue liberado en confinamiento solitario, donde se encontraba por su propia protección.

No son excepciones, sino dos muestras entre centenares de lo que ocurre en las cárceles del Estado de Alabama. Un informe pionero y recién publicado por el Departamento de Justicia de EEUU ha revuelto la conciencia de los ciudadanos del país, al desvelar que la violencia en las prisiones es “severa, sistémica y exacerbada”. La tasa de homicidios en los centros de dicho Estado es ocho veces la media nacional, y la situación solo ha sido a peor en los últimos años. Durante el último lustro, la violencia entre presos se ha doblado, y entre el 50% y el 75% de los prisioneros poseen alguna clase de arma. No es exclusivo de Alabama: en Oregon y Washington, 306 personas han muerto en la cárcel durante los últimos 10 años, muchos de los cuales han acabado son su vida; en Florida, hasta 428 fallecieron en 2017, como recuerda 'The New Republic'. ->>Vea más...

FUENTE: Con información de HÉCTOR G. BARNÉS - El Confidencial
 

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