lunes, 9 de julio de 2018

Los platos franceses que debes probar sin excusa

El 14 de julio, Francia celebra su fiesta nacional. Es uno de los días más señalados del calendario galo, el cual conmemora la toma de la Bastilla (la prisión-fortaleza símbolo del absolutismo monárquico), un acontecimiento que supuso el ocaso del poder monárquico, el inicio de la Revolución Francesa y el comienzo de la historia contemporánea. En estas fechas, nuestro país vecino se viste con sus mejores galas y una marabunta de franceses salen a las calles para disfrutar los actos que, como cada año, se organizan para este día.
Hay fuegos artificiales en la Torre Eiffel, desfile militar en el Campo de Marte, espectáculos pirotécnicos... Pero en esta fiesta no podía faltar la gastronomía, con recetas que ponen el sabor y la guinda a uno de los días más relevantes y significativos de Francia y, por ende, de Europa.

Cassoulet
Esta receta puede vanagloriarse de ser una de las más antiguas de la gastronomía francesa. De hecho, sus orígenes se remontan a la Guerra de los Cien Años, cuando los ingleses mantenían el asedio sobre buena parte de las plazas francesas. Estos, al ver que comenzaban a tener las despensas vacías, tuvieron la acertada idea de hacer un guiso con las sobras que quedaban. Se le denominó 'estoufett', pero en el XIX adquirió el actual nombre, el cual hace referencia al recipiente de barro –'cassole'– en el que se solía servir esta elaboración. Las habas son el ingrediente base y, dependiendo del lugar de origen, incluye confit de oca o pato, corteza de cerdo, salchicha, cordero, salchicha, perdiz… Un plato de origen humilde no apto para estómagos delicados, pero sí para paladares exigentes.

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Boeuf bourguignon
Este guiso es uno de los manjares más tradicionales del recetario francés. Es oriundo de la región de Borgoña y sus ingredientes principales son carne de buey, vino tinto (si es de Borgoña, mejor), cebolla, champiñones y panceta. El secreto para darle el toque de gracia es la paciencia, es decir debe hacerse a fuego lento durante al menos cuatro horas. De hecho, durante el siglo XIX se cocinaba durante dos días.

Foie gras
No hay mesa festiva en la que no esté presente este emblema del patrimonio culinario francés. Al contrario de lo que muchos creen, el foie gras no es un paté, porque no proviene del hígado de cerdo ni se unta (aunque su versión fría se puede acompañar de un pan tostado, que se aconseja degustar en último lugar), sino que se obtiene a partir de aves concretas, como el pato o la oca. De hecho, quien quiera exasperar a un francés, solo tiene que consumirlo como un paté. Según Josep Pla, autor del libro 'El que hem menjat', el foie gras "es la esencia de las más altas cualidades de la carne" y "se disfruta a bocados, pero a bocados civilizados". (PULSE AQUÍ PARA VER MÁS)

FUENTE: Con información de Sonia Fernández - https://www.alimente.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)
 

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