martes, 2 de enero de 2018

(España) La Guardia Civil investiga si el Chicle cometió otras violaciones entre 2006 y 2016

La Guardia Civil estaba convencida desde noviembre de 2016 de la culpabilidad del Chicle en el caso de Diana Quer, pero le faltaba algo fundamental: las pruebas. Solo con ellas se ha conseguido la reapertura judicial del caso. Su suposición era cierta, pero no lo era tanto la seguridad que mostraban los agentes en que Enrique Abuín no reincidiría. Lo hizo el 25 de diciembre, a pesar de los esfuerzos de los investigadores para que se supiese perseguido. Ese comportamiento lo convierte ahora en sospechoso de otros delitos sexuales o desapariciones en la zona en los últimos años. La Guardia Civil las estudiará una a una por si hubieran sido obra del asesino de Diana Quer.

Si el Chicle intentó secuestrar, y posiblemente violar, a una joven de Boiro el pasado día de Navidad, cuando se estrechaba el cerco sobre él, a los agentes les cuesta ahora aceptar que no cometiese ningún delito similar cuando nada le convertía en sospechoso. Es decir, antes del asesinato de Diana Quer. La revisión de los casos arranca en 2005, fecha en la que se le atribuye una violación que quedó impune: la de la hermana gemela de su mujer, de la que se libró precisamente por el testimonio exculpatorio de esta última. “Es difícil pensar que desde que intentó violar a su cuñada en 2005 hasta 2016 no haya cometido ningún hecho. Se van a revisar los desaparecidos”, reconoce el coronel Francisco Javier Jambrina, responsable de la comandancia de la Guardia Civil de A Coruña. Los casos que se analizarán serán aquellos en los que pueda haber “motivación sexual y víctimas muy jóvenes”.

Jambrina y el responsable de la UCO, Manuel Sánchez Corbí, han comparecido este martes en la sede de la Delegación del Gobierno en Galicia para ofrecer detalles de la investigación que permitió la detención del Chicle como sospechoso de la muerte de Diana Quer y la localización de un cadáver en Rianxo, cuyo ADN, ya es definitivo, coincide con el de la joven madrileña desaparecida en agosto de 2016. Su relato sitúa al Chicle como uno de los principales sospechosos desde el inicio de la investigación y casi el único desde noviembre de 2016, cuando, consciente de que está siendo seguido por la Guardia Civil, llama a los agentes que ya lo habían interrogado meses atrás y trata de sonsacarles qué saben de él. Porque comete un error: dice que pasó la noche intentando robar gasolina. Ya no se sitúa en A Pobra la fatídica noche del 22 de agosto de 2016, como hizo en su primera declaración.

Al Chicle lo sostienen su mujer y sus cuñados, a quienes intenta convencer de que le tratan de imputar un delito que no ha cometido, por lo que les convence de que le construyan una coartada. Los agentes no les creen, y su principal duda es si su mujer es coautora o simple encubridora. Siguen sus averiguaciones, pero el responsable de la muerte de Diana ha limpiado su choche y reseteado por completo su teléfono, por lo que la investigación entra en un punto muerto. Sobre todo, a raíz de que el pasado 19 de abril el juzgado decidiese archivar el caso por falta de pruebas. “Hemos seguido buscándolas, pero es más difícil sin el respaldo judicial”, señalan los agentes.

La investigación de los teléfonos de Diana y su asesino presenta demás un dato extraño, que desconcierta a los guardias. Según la información de los repetidores, ambos entraron aquella noche en la autopista que los conducirá a Rianxo por entradas distintas. Es una incongruencia a la que encuentran respuesta este pasado agosto, cuando, aprovechando las fiestas de A Pobra en las que un año antes había desaparecido Diana, decenas de guardias civiles participan en una reconstrucción completa que aportará un dato fundamental. La red de telefonía móvil se satura. Eso explica que dos teléfonos que viajan juntos encuentren señal en repetidores distintos, lo que despeja el único cabo que quedaba suelto.

Los agentes están convencidos de que en cuestión de “tres o cuatro meses” podrían contar con los informes que hubieran podido convencer al juez de la reapertura del caso, pero los acontecimientos se precipitan por el inesperado intento de secuestro de la joven de Boiro. Fue el preludio de una semana “frenética”, en palabras de Corbí. Por fortuna, todo lo que le podía haber salido mal al Chicle le salió efectivamente mal, porque su delito se vio frustrado y dejó un reguero de pruebas irrefutables.

Una cámara grabó cómo, ese día 25, el sospechoso detenía el Alfa Romeo de su mujer a la altura de la joven, y otra permite comprobar cómo maniobra para esperar a que pase a su lado para abordarla. La joven se resiste, y el Chicle trata de abortar su asalto diciéndole que todo esa una broma de su novio. La cosa no queda ahí. La víctima observa el coche y la matrícula, y entonces él entiende que está obligado a secuestrarla. Trata de introducirla en el maletero amenazándola con un objeto punzante, pero no le resulta fácil con el hombro dolorido como lo tiene a causa de una lesión. Queda fuera del maletero una pierna de la chica que le impide cerrar la portezuela, y ella grita. Aparecen dos jóvenes que corren hacia ellos y el secuestrador se mete en el vehículo y huye. Ella ha salido del maletero, pero casualmente, ha grabado un audio de toda la escena al apretar de forma involuntaria el botón del mensaje de voz de su WhatsApp. Con esa grabación y con los datos que ella recuerda de la matrícula queda claro para los agentes que el autor de la agresión no es otro que el mismo que asesinó a Diana Quer.

Los agentes no pueden permitir que cometa más delitos, ya no queda más remedio que detener al sospechoso, aunque hubiesen preferido esperar a tener pruebas más concluyentes que lo vinculasen al caso de la joven de Madrid. “Son informes que hubiésemos tardado 10 días en hacer, pero que tenemos que preparar en apenas dos”, explican. Y además, una filtración a la prensa publicada el viernes, día 30, vuelve, a precipitar las cosas. A las 10,15 horas de ese día se le detiene a él y cinco minutos más tarde a su mujer, posible coautora a esas horas del delito. Tanto la mujer como su hermana y el marido de esta confiesan que el Chicle les pidió que sostuvieran su coartada, que les dijo con pelos y señales lo que le tenían que decir a los agentes.

El sábado declara que la muerte fue por atropello involuntario, que dejó el cuerpo de Diana en un descampado y que luego lo recogió para arrojarlo al mar en Taragoña (Rianxo). Es una versión descabellada que los agentes no tienen dificultad en descartar. Pero es una versión que aún mantiene el detenido, que, eso sí, tras saber que sus familiares le han desmontado la coartada se derrumba y revela dónde depositó el cadáver de la joven. Está en la tristemente famosa nave industrial de Asados, en un depósito de agua de unos 10 metros de profundidad y con una pesada tapa de hormigón de 1,5 metros de diámetro, pero con una pequeño hueco de 40 centímetros por el que pudo introducir el cuerpo de Diana.

Los buzos de la Guardia Civil extraen a primera hora del 31 de diciembre el cuerpo que se confirmaría como el de Diana. Está bastante bien conservado, desnudo, atado a dos ladrillos de hormigón que sirven de peso para arrastrarla al fondo. En el aljibe aparece también el bolso de la joven y una brida de plástico que pudo servir tanto para estrangularla como para atarla. El Chicle mantiene ante el juez que se trata de un homicidio involuntario por atropello. La autopsia que se le practica al cuerpo permitirá con toda probabilidad descartar esta posibilidad, y quizás revelar si Diana fue objeto o no de una agresión sexual. La Guardia Civil está satisfecha del resultado: “Ninguna policía del mundo podría haber hecho más”.

FUENTE: Con información de PABLO LÓPEZ - https://www.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)
 

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