Los antiguos egipcios pueden haber sido los primeros en utilizar diamantes en sus herramientas, aunque no existen pruebas consistentes de ello. El uso de diamantes para perforar rocas sí está documentado en el siglo XVIII. La necesidad de brocas fuertes, resistentes al desgaste para la perforación industrial y la búsqueda de petróleo llevó al desarrollo de una nueva clase de material superduro en la década de los 80 que consiste en granos de diamante unidos con cobalto metálico.
Pero la principal desventaja de estos materiales es que comienza a oxidarse a unos 700ºC, lo que lleva a un desgaste severo de las herramientas de diamante a altas temperaturas. Los intentos para aumentar la dureza del diamante por la disminución de su tamaño de grano han tenido éxito, pero a costa de una estabilidad térmica aún más pobre. Este invento acaba de con ese problema.
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