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miércoles, 27 de febrero de 2019

El País: La frágil economía de la frontera entre Brasil y Venezuela sufre el embate del cierre

La ciudad brasileña de Pacaraima, con sus 10.000 vecinos, no tiene gasolineras. La más cercana queda, desde el jueves, a 220 kilómetros adentrándose en territorio de Brasil. Hasta entonces todos aquí se abastecían al otro lado de la frontera, en Venezuela, a lo que llaman “precio internacional”: a 1,5 reales el litro (35 céntimos de euro). Es más cara que la subvencionada en territorio venezolano, pero baratísima en comparación con los cuatro reales que cuesta en Brasil. El cierre de la frontera decretado por el líder chavista, Nicolás Maduro, para impedir la entrada de ayuda humanitaria ha eliminado de repente el tráfico en Pacaraima. Nadie mueve el coche. Pero, sobre todo, ha supuesto un duro golpe para los locales porque ha cortado en seco el comercio bilateral que sustenta a esta ciudad y su gemela venezolana. Familias que viven al día en este rincón pobre de la Amazonia.

“Mis ventas han caído un 90% porque Pacaraima vive de Venezuela y Santa Elena de Uairén, de Brasil”, explica en su ultramarinos Antonio Noé Magdalena, nacido en 1964 en Las Palmas de Gran Canaria (España). Su tienda, como el resto de las de la calle principal, se ha quedado súbitamente sin clientela porque ahora el tránsito binacional ha sido sustituido por dos barreras de uniformados y episodios de tensión. “A mí me preocupa más que ellos no coman que yo no venda”, dice Magdalena —también venezolano, hijo de canarios emigrados— sobre sus compatriotas. Su madre, María de las Nieves, de 84 años, insiste en quedarse en Venezuela. “Le dejé la alacena y la nevera completa”, dice. Y es que aquí se abastecen de alimentos y productos que allá ya no hay o están a precios prohibitivos. El brasileño Salomón dos Santos no ha vendido absolutamente nada desde la clausura, cuenta en la tienda de neumáticos que regenta. ->>Vea más...

FUENTE: Con información de NAIARA GALARRAGA GORTÁZAR - El País

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