domingo, 8 de marzo de 2020

(Colombia) El último escenario (+Opinión)

Por: Juan David Ochoa - La imagen que querían y debían cuidar, sobre la hecatombe de su desprestigio interno, era la internacional. Era el último escenario en que la legitimidad podía defenderse con las organizaciones y los países de la Unión Europea que seguían interesados en enviar nuevos recursos para las urgencias del posconflicto. Ahora no tienen miedo porque lo perdieron todo. Por eso se atreven, sin escrúpulos ni diplomacias cosméticas, a enfrentar a la ONU con las bravuconadas del presidente: el manzanillo aprendiz de dictador que ruge cada vez más bajo las directrices del prohombre que sigue alucinando con su inmunidad, aunque a sus costados se desplome todo con embajadores salpicados de coca y testaferros financistas con dineros del capo Marquitos Figueroa. Ya nada importa y sobra el disimulo. Si el mundo se evapora y los tiempos de la favorabilidad se hunden hasta el último descrédito, solo queda defenderse con los últimos coletazos de la furia y aferrarse a los entuertos de la ley con sus abogados y peritos en maquillaje. Los muertos siguen apiñándose en montañas y los generales de sus viejos años de intimidación se escapan entre el humo de todos los escándalos, pero quedan el poder y los acuerdos empresariales para la caja que debe seguir cuadrando antes del último plazo. Para afianzarlo y evitar mayores problemas y dramas innecesarios, dedicarán sus últimos esfuerzos a estigmatizar a las organizaciones que entreguen informes sobre los riesgos de los derechos humanos. Amedrentarlas les servirá como bandera de salvamento entre sus pequeñas jaurías, que seguirán repitiendo una infiltración del comunismo y una dirección desde las parabólicas soviéticas.

Desafiar a la ONU suele ser también la última opción de los acorralados por las evidencias de una grave crisis humanitaria agigantada por la desidia o la complicidad. Negarlas y enfrentar a los organismos son los últimos recursos de quien ostenta un poder sin sustento y sin posibilidad de revertir los informes públicos ante el mundo. Es la postura de quien se hunde en el barranco y solo puede culpar del desmadre a sus fantasmas y a sus invenciones, y solo puede agigantar el caos para que su responsabilidad quede opacada por el ruido de la destrucción. Mientras tanto, sus abogados de oficio seguirán aplazando las audiencias y jugando al póker con testigos para que el día del juicio nunca ocurra entre los tiempos prudenciales de la ley. La canciller, Claudia Blum, tiene ahora la función estelar de negarlo todo frente a las cámaras con las recomendaciones agudas de su amigo Francisco Santos Calderón y con los juegos lingüísticos desde el atril de su antecesor, Carlos Holmes Trujillo, quien ahora que debe posar también de ogro solemne para defender la franquicia del poder que lo puso allí para eso. Solo les queda postergar el tiempo entre evasivas y pataletas de indignación, mientras los registros de las evidencias sigan ventilándose al mismo ritmo de su desastre.

P.D. Los audios del Ñeñe Hernández caerán en el Consejo Nacional Electoral. El magistrado Jaime Luis Lacouture, encargado de la investigación, ostentó con orgullo su cargo como jefe de campaña de Iván Duque en La Guajira. Los tentáculos aún resguardan los pactos. Por ahora, el presidente podrá seguir durmiendo y confiando en las instituciones.

FUENTE: Juan David Ochoa - Artículo de Opinión
 

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