viernes, 3 de abril de 2020

El debate del tapabocas por el COVID-19

La semana pasada, la Asociación Colombiana de Infectología (ACIN), y días después, la Asociación Colombiana de Neumología y Cirugía de Tórax, expresaron su preocupación por el mal uso del tapabocas por la población general e insistieron, acorde con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en que su uso no está recomendado para población general sin síntomas respiratorios.
Esta afirmación, en un momento donde la población extrema preocupaciones, y tiene una alta percepción de riesgo, ha generado rechazo de parte de la población general. En redes sociales, varias personas se mostraron renuentes a acatar la recomendación e incluso atacaron a las asociaciones científicas. Varios señalaron su preocupación, muy comprensible, porque algunos supermercados estaban exigiendo tapabocas para poder ingresar.

Dentro de las críticas a la recomendación se combinan problemas de interpretación, desinformación, pero también dudas que son legítimas y que los expertos deberían explicar mejor a la población para su comprensión y empoderamiento. También es importante explicar que las consideraciones para hacer recomendaciones en salud pública no son exactamente las mismas que para una recomendación a nivel individual. Para la salud pública, es importante no sólo considerar la eficacia de una medida (si funciona o no, bajo condiciones controladas), sino también la adaptación a cada contexto, considerando viabilidad, adaptación cultural y riesgos colaterales. Las decisiones se toman en un escenario de incertidumbre, cambiante y no exento del disenso científico. En ese escenario las recomendaciones se basan en la mejor evidencia disponible, pero también en la evaluación de su validez externa a una población particular por consensos de expertos, con una valoración que también tiene dimensiones cualitativas.

En este texto voy a resumir primero los argumentos y hechos científicos para no recomendar su uso en personas sanas reconociendo las preguntas abiertas. Segundo, aclararé las confusiones que han generado algunos de los que promueven su uso discriminando lo que es cierto de lo que no. Tercero: sintetizaré la evidencia sobre la eficacia del uso de tapabocas. Finalmente haré un llamado a comprender cómo funciona una recomendación en salud pública, tratando de llamar a la comprensión entre expertos y población general.

Hechos/argumentos científicos y preguntas abiertas

COVID-19 no se transmite por el aire

La Organización Mundial de la Salud ha ratificado que no hay evidencia de que el virus persista en el aire como sí sucede con otros virus como el del sarampión. Los estudios que se han realizado la respaldan hasta ahora. La principal vía de transmisión son gotículas eliminadas por enfermos al estornudar o toser que caen a superficies y por esa vía o por las manos contaminadas de un infectado, las partículas virales pueden llegar a ojos, nariz y boca de un susceptible. Por eso insisten en el distanciamiento social y en el lavado, correcto y frecuente, de las manos.

Sin embargo, reconocen una excepción y es el personal de salud, sobre todo durante procesos invasivos (como una intubación) donde se pueden liberar aerosoles. En este caso, insisten en seguir recomendaciones de elementos de protección personal. Esto es relevante porque parte del público general puede confundirse al ver que para ellos si se recomienda su uso, pero es importante entender que el nivel y tipo de exposición son diferentes. ->>Vea más...

FUENTE: Con información de Julián Alfredo Fernández Niño - El Espectador
 

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