martes, 12 de enero de 2021

La cepa colombiana del virus Trump (+Opinión)

Aún flotan, como pesadillas, las imágenes del aquelarre ultraderechista que se tomó el Congreso de Estados Unidos aupado por el propio presidente. “Escenas dignas de repúblicas bananeras” han dicho algunos. No es verdad. Las repúblicas bananeras no se precian de dar lecciones al mundo, no tienen el poder de encender guerras nucleares, no provocan cataclismos políticos y económicos internacionales y, al fin de cuentas, lo que ocurra en ellas le importa poco al resto del planeta. El caso de Estados Unidos es muy distinto, e invita a mirarse en el espejo y sacar conclusiones.

Empecemos por las conclusiones. En esto no hay sorpresas. Si un país elige como presidente a un sinvergüenza, hará sinvergüencerías. Si elige un loco, hará locuras. Si elige a un mediocre, el gobierno será mediocre. Si elige a un autoritario, ejercerá su autoritarismo. Y si elige a un tipo inteligente, decente, preparado y con buenos propósitos, habrá muchas posibilidades de que no le vaya bien, porque abundan los sinvergüenzas, locos, autoritarios y mediocres empeñados en ponerle obstáculos. Esos son los riesgos de la democracia, y mucho más ahora, cuando el agua limpia democrática se revuelve con la mierda de las cloacas.

De vez en cuando unos electores engañados eligen a un gobernante que es, al mismo tiempo, sinvergüenza, loco, autoritario y mediocre, y el resultado de la ecuación es un Trump, un Bolsonaro, un Maduro, un Duterte… Por agruparlos de alguna manera se los llama populistas y son propensos a la mendacidad y la demagogia fácil. Pero, al contrario de lo que muchos piensan, nos son ejemplares únicos y exóticos, sino que responden a una corriente que, como la COVID-19, se expande por el mapa y se reproduce en diversas cepas. A Colombia le tocó la cepa trump-uribista, más leve que la original pero con similar ADN: mentiras, mesianismo, afán de perpetuación, discriminación, etc. Los líderes del Centro Democrático no ocultan su deslumbramiento por el promotor de la asonada. Uribe y Trump han intercambiado piropos y respaldo. No podrán borrar ahora sus trinos ni sus videos de propaganda los senadores uribistas María Fernanda Cabal y Carlos Felipe Mejía, ni negará su participación en la campaña de Trump el embajador de CD en la Florida, Juan David Vélez. En cuanto a otros apoyos, ya no procedentes del partido sino del Gobierno, abundan las acusaciones y ni siquiera Iván Duque niega su complacencia y amistad con el extraño personaje que unas veces lo regañaba y otras lo aplaudía. Hay que ver cuántas cosas ha hecho Colombia por congraciarse con este plutócrata delincuente: compincharse con los republicanos (casi todos ellos apestados por su líder); pelear con Cuba; alinearse contra intereses regionales; plantear la lucha contra la droga a la medida de la Casa Blanca; romper todo contacto con al gobierno de Venezuela (con el cual, aunque no nos guste, compartimos fronteras y problemas) y recibir a los vecinos desplazados, pero no por solidaridad fraterna sino para evitar que emprendan camino hacia el norte, como lo dejó claro el secretario Mike Pompeo.

Estados Unidos es una nación admirable en muchos aspectos, desde su libertad de prensa y la excelencia de muchos de sus institutos, universidades y ONG hasta su capacidad creativa y, en general, la cordialidad de sus habitantes. Pero al ver los monstruos que esta vieja democracia es capaz de elegir, más vale que nos vacunemos cuanto antes contra su cepa colombiana. ->>Vea más...
 
FUENTE: Artículo de Opinión – Los Danieles
 

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