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martes, 15 de febrero de 2022

(Colombia) Democracia, confianza y jugaditas (+Opinión)

Por: Catalina Botero - Según el último reporte de The Economist, América Latina es la región que registró la caída más pronunciada en 2021 en términos de deterioro democrático. Ahora no solo somos los más desiguales. También somos los menos afectos a la democracia.

Este reporte no hace sino reiterar la preocupante tendencia regresiva de Latinoamérica registrada en el capítulo regional del informe The Global State of Democracy del instituto IDEA International de noviembre de 2021, en los reportes del Latinobarómetro, en el Informe Global del Estado de Derecho y, en fin, en todos los documentos que juiciosamente miden el estado de la democracia.

Las frágiles e inestables instituciones que América Latina tardó más de cuatro décadas en reconstruir, desde la transición democrática que comenzó en los años ochenta, están siendo meticulosamente destruidas. 

No es difícil identificar las causas de este desencanto con la democracia. Los informes mencionados las identifican bien. 

La gente piensa que las instituciones no han funcionado para promover el bienestar general, sino para aumentar la riqueza y el poder de unos cuantos. Las personas no consideran que sea importante la independencia judicial, toda vez que en la región hay índices de impunidad de más del 90 por ciento, y los poderosos suelen tener fiscales y jueces de bolsillo. Los ciudadanos no confían en los órganos de control, que han servido —con algunas excepciones— para alimentar burocracias clientelistas. Se perdió la confianza en los medios, las fuerzas armadas y hasta en la Iglesia católica que, en nuestros países beatos, era una institución tradicionalmente libre de toda sospecha.

A la desconfianza y la incredulidad se ha sumado una poderosa y generalizada indignación selectiva, que motiva a las personas a actuar conforme a sus intuiciones e impulsos. Mucha gente parece no tener ganas ni tiempo para sentarse a sostener conversaciones incómodas con quienes piensan distinto. Lo que no cabe en un tiktok no existe. Lo que no confirma las razones de mi indignación es falso. 

Y en este desolador contexto, importantes sectores de la población han estado dispuestos a patear el tablero institucional. Si las democracias no sirven, pues que no sirvan en absoluto: por eso aplauden a sus gobiernos cuando asaltan la autonomía judicial; se suman a la manada para acosar a los periodistas que se atreven a hacer denuncias contra sus caudillos; miran complacidos cómo los órganos de control se convierten en herramientas de persecución política; proponen crear consejos integrados por sus copartidarios, a fin de regular los medios de comunicación; estigmatizan cualquier escrutinio y aplauden la represión policial. Eso sí, siempre que las víctimas no sean personas que piensan como ellos. Un desastre. ->>Vea más...
 
FUENTE: Artículo de Opinión – Los Danieles
 

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