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domingo, 31 de julio de 2022

(Colombia) Las dueñas del aplauso (+Opinión)

Por: Ana Bejarano Ricaurte -
Rugió la hinchada colombiana ante el gol de la delantera Linda Caicedo contra Argentina, que le valió a la selección colombiana de fútbol su lugar en la final de la Copa América Femenina. Y ayer un honroso segundo lugar en el torneo ante Brasil. El país entero celebró.

Aplaudió también Ramón Jesurún, el presidente y mandamás del fútbol colombiano. Al salir del camerino en Bucaramanga concedió una entrevista a su medio de comunicación consentido, WinSports, y explicó: “Me llenaron de agua, la verdad es que tengo una relación con ellas muy linda, las adoro, las tengo a todas como mis hijas, de pronto a algunas como mis nietas”. Semejante despliegue de cinismo, descaro e irrespeto. Cuál es la necesidad de ponerse en la posición de padre y abuelo, de infantilizarlas, especialmente porque si de paternidad se trata, Jesurún adeuda alimentos con creces a las mujeres del fútbol.

Estas y todas las futbolistas colombianas solo han recibido rechazo e indolencia de la dirigencia de esa poderosa industria. Señores que se han negado a darles una liga profesional digna y que han insistido sin pausa en denigrarlas, invisibilizarlas y discriminarlas. Trece de las 22 mujeres que nos representan se irán al exterior a continuar con sus carreras y las nueve que se quedan no tendrán un escenario profesional en el cual desplegar su talento. 

Como todo lo que tiene que ver con plata en el fútbol criollo es oscuro y turbio, no se conocen aún las diferencias abismales que en todo sentido existen entre las selecciones masculina y femenina. Aun así, el triunfo del pasado lunes sí destapó que, por ejemplo, mientras que a los jugadores les garantizan dos millones de pesos diarios en viáticos, las mujeres solo cuentan con 100.000. 

Y ese abandono decidido es el resultado de unas organizaciones caducas y corruptas, sumidas en la ignorancia. Tan solo hace cuatro años en una rueda de prensa el accionista mayoritario del Tolima, Gabriel Camargo, diagnosticó así el fútbol femenino en Colombia: “Eso anda mal. Eso no da nada ni económicamente ni nada de esas cosas. Aparte de los problemas que dan las mujeres. Son más tomatragos que los hombres. Pregúntele a los del Huila cómo están de arrepentidos de haber sacado el título y haberle invertido tanta plata al equipo. Y fuera de eso, les recuerdo, es un caldo de cultivo del lesbianismo tremendo”. Después de semejante despliegue de oscurantismo, Camargo pidió excusas, que en todo caso no evitaron el regaño de la Corte Constitucional tres años después.

Comentó el cuestionado campeón Michel Platiní al diario francés L’equipe: “Un equipo de fútbol representa una manera de ser, una cultura”. Y la lucha por la consolidación del fútbol femenino es una perfecta representación de una sociedad que hiede a machismo en cada esquina. Porque las jugadoras no solo han enfrentado con dignidad a la pandilla de la Federación Colombiana de Fútbol, sino en muchas ocasiones a sus propias familias y amistades, que le apostaron a que no alcanzarían éxito alguno; es que el fútbol no es para “niñas”. 

Han cerrado la boca de tanta crítica infundada de quienes no soportan que las mujeres ocupemos los lugares que creen reservados para los hombres. La misma hinchada es oportunista y desagradecida: tardó mucho tiempo en aplaudirlas de verdad, en acompañarlas a los estadios y lo empiezan a hacer ahora porque ellas lo han vuelto imprescindible. 

Esta pintura perfecta del sexismo se traza sobre un lienzo más amplio, pues a nivel mundial pasa algo parecido. En 2015, la emblemática jugadora gringa Abby Wambach denunció que la FIFA organizó el Mundial Femenino sobre canchas sintéticas. ¿Qué dirían los astros del fútbol masculino si los tuvieran disputándose la Copa del mundo sobre campos de plástico? Y así, las diferencias en salarios, entrenamiento, patrocinios y hasta garantías de derechos mínimos son estructurales entre hombres y mujeres en el balompié.   

Esa brecha tiene efectos devastadores para la igualdad de género a nivel social. Empezando porque es otra puerta que las mujeres encontramos cerrada con candado. Otro lugar inalcanzable. El fútbol es un poderoso factor de transformación social, y lo ha sido predominantemente para los hombres. ->>Vea más...
 
FUENTE: Artículo de Opinión – Los Danieles
 

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