lunes, 29 de mayo de 2017

Borrachera sangrienta en el castillo Thyssen: así asesinaron a 200 judíos en Rechnitz

Aquella fiesta terminó en borrachera sangrienta. La noche del 24 al 25 de marzo de 1945, Margit von Thyssen –hermana mayor del barón y coleccionista de arte Heinrich von Thyssen– y su marido, el conde húngaro Ivan Batthyány, celebraron una velada en su castillo de Rechnitz (Austria), al borde de la frontera con Hungría e invitaron a los jefes locales del partido nazi, la Gestapo, las SS y las Juventudes Hitlerianas. La II Guerra Mundial tocaba a su fin y el Ejército Rojo se aproximaba a solo 15 kilómetros de la mansión. Llegado el postre, y ya completamente borrachos, los invitados encerraron a 180 prisioneros judíos en un establo, los obligaron a desnudarse, repartieron armas y comenzaron a disparar.

"¿Tía Margit? ¿La de la lengua?". Fue lo primero que pensó un asombrado periodista suizo del Neue Zürcher Zeitung cuando una mañana de 2007 alguien puso un periódico sobre su mesa de trabajo y le preguntó: "Pero ¿qué clase de familia tienes tú?" Sacha Batthyány (Liestal, 1973) dirigió entonces con curiosidad la mirada a aquel diario y se encontró con el siguiente titular: 'La anfitriona del infierno'. "Reconocí al instante a la mujer de la foto. Tía Margit. Se supone que en marzo de 1945 participó en una matanza de 180 judíos en la ciudad fronteriza austríaca de Rechnitz. Al parecer organizó una fiesta, bailó y bebió y, a medianoche, por diversión, apuntó con una pistola a la cabeza de hombres y mujeres desnudos y disparó".

Para Batthyány comenzaron entonces siete años de pesquisas, una investigación que le lleva a recorrer Europa y Latinoamérica guiado por el diario de su abuela y que le sumergió en la negra historia de su famila. El resultado fue 'La matanza de Rechnitz. Historia de mi familia', un libro a caballo entre la memoria y la novela que fue la sensación del pasado año en Alemania y el 30 de mayo llega a España editado por Seix Barral y traducido por Fernando Aramburu, autor de 'Patria'.

"Cuando era niño, solíamos ir tres veces al año a comer con tía Margit", recuerda Batthyány, "siempre a los restaurantes más caros de Zúrich. Mi padre echaba pestes por el camino y fumaba un cigarrillo tras otro dentro de nuestro Opel blanco. Mi madre me peinaba con un peine de plástico. La llamábamos tía Margit, nunca Margit, cómo si 'tía' fuese un título nobiliario. Se había casado con el tío de mi padre, si bien el matrimonio fue un desastre desde el principio. Margit era la Thyssen multimillonaria y alemana; él, el conde húngaro venido a menos. Era alta, con un torso robusto sobre piernas delgadas. En mi recuerdo lleva siempre un vestido abotonado hasta el cuello y fulares de seda con dibujos de caballos. Su bolso de cocodrilo es rojo burdeos y tiene cierres dorados. Y cuando habla de la brama del corzo o de sus travesías en barco por el Egeo, saca en los intervalos entre las frases la punta de la lengua como hacen los lagartos".
Un monstruo en la familia

La historia de la connivencia de las grandes familias industriales alemanas con el nazismo y su papel en el Holocausto ha sido ya bien establecida. Las primeras revelaciones sobre el protagonismo de la familia política de la española Carmen Cervera saltaron a los periódicos a propósito de la publicación en 2007 de 'La historia secreta de los Thyssen' (Temas de hoy) del periodista inglés David R. L. Litchfield. En sus páginas descubría la historia de aquella sangrienta cogorza colectiva en el castillo propiedad de la condesa Margit en los estertores de la guerra.

Tras cazar a los judíos a balazos, Margit von Thyssen y sus invitados continuaron bebiendo y bailando hasta el amanecer

Ante la cercanía de las tropas soviéticas los nazis levantaron fortificaciones para defender el castillo mediante el procedimiento habitual: el uso de mano de obra esclava judía. Centenares de ellos llegaron a pie desde Budapest en las mortíferas marchas de la muerte ideadas por Himmler. Justo la víspera de la fiesta, 600 de ellos se hacinaban en los sótanos de la mansión. Los 200 judíos que se hallaban en peores condiciones fueron los elegidos para la masacre, aunque 18 se salvaron momentaneamente para enterrar a sus compañeros. Tras cazarlos a balazos, Margit y sus invitados continuaron bebiendo y bailando hasta el amanaecer. Al día siguiente los enterradores fueron también asesinados.

¿Participó directamente la condesa Thyssen en la matanza? Sabemos que le encantaban las cacerías y disparar y que era una antisemita entusiasta pero, ¿apretó ella el gatillo aquella noche? El lector tendrá que leer la ópera prima de Sacha Batthyány, elogiada unánimemente por la crítica alemana y comparada con 'HHhH' de Laurent Binet, para obtener algo parecido a una respuesta.

Pero rescatemos para terminar este pasaje: "A un camarero llamado Viktor le llama la atención que los huéspedes que han vuelto a la sala a las tres de la madrugada gesticulan con vehemencia, tienen las caras rojas. El suboficial mayor de las SS Podezin, el presunto cabecilla que hace un rato ha disparado a la cabeza de hombres y mujeres, baila ahora con absoluto desparpajo".  (PULSE AQUÍ PARA VER MÁS)

FUENTE: Con información de Daniel Arjona - http://www.elconfidencial.com