lunes, 4 de septiembre de 2017

(Cataluña - España) Un 'Catalexit' puede ser incluso peor que el Brexit

Los efectos negativos de una hipotética independencia de Cataluña pueden "exceder proporcionalmente" a los provocados por la desconexión de Reino Unido con la Unión Europea, según aseguran desde el banco holandés ING. Y es que si la región rompe con España, en lo que ya se conoce como 'Catalexit' en la terminología anglosajona, esta se hundiría en un largo periodo de incertidumbre en todos los aspectos, no solo a nivel político.
De esta manera, el foco de los mercados internacionales comienza a poner el proceso independentista entre los factores a tener en cuenta por el efecto desestabilizador que pueda tener, como recoge Business Insider. No en vano, las consecuencias trascienden a la propia región de Cataluña, en tanto que sacudirían a la cuarta economía europea que, además, se ha colocado a la cabeza de la recuperación económica de toda la eurozona.

Y es que, según apuntan los analistas de ING, se celebre o no se celebre el referéndum el próximo mes de octubre, la incertidumbre sobre el futuro ya "está en el aire" y los cisnes negros ocurren, como se ha aprendido con la consulta llevada a cabo por Reino Unido en junio de 2016 y que, 'a priori', era casi imposible que saliera adelante y ahora Europa se encuentra sumida en plenas negociaciones para la ruptura con los británicos.
"Como con el Brexit, creemos que un 'Catalexit' hundiría la región en un largo periodo de incertidumbre que muy probablemente sería negativo para el sector privado", ha asegurado el economista de la firma Geoffrey Minne en un informe titulado 'Cataluña: el coste de estar soltera'.

No en vano, aunque el movimiento independentista se está abordando desde un punto de vista ampliamente político, con mítines a favor de la secesión para prosperar y mantener las tradiciones y la cultura de la región, lo cierto es que "se tienen que examinar las consecuencias económicas también", afirma la entidad. De entrada, la caída del consumo de productos catalanes es el impacto más inmediato y obvio. Y eso en el mejor de los casos.
Desplome del consumo en Cataluña
"El punto de partida a la hora de analizar el efecto de un 'Catalexit' en el comportamiento de los consumidores es la incertidumbre que genera", continúa el experto. "Una encuesta reciente de Metroscopia muestra que el 62% de los encuestados en Cataluña están preocupados por el futuro de su región, frente a un 31% que aseguran estar excitados" con la idea.
"Solo hay un paso entre la preocupación y el ahorro preventivo, por lo que si dos tercios de todos los consumidores deciden moderar el consumo, esto hará mella en la demanda privada. Si esa preocupación se convierte en pánico, entonces podría haber una carrera en los bancos y podrían ser necesarios controles de capital".
Y el siguiente paso puede ser incertidumbre para las inversiones en la región. Según Minne, "para los inversores, la incertidumbre puede ser más importante incluso que para los consumidores, y cualquier percepción de inestabilidad política puede afectar enormemente a la entrada de capital extranjero". Y continúa: "Muchas empresas extranjeras, así como algunas catalanas, pueden temer estar fuera del mercado único europeo".
No en vano, una declaración de independencia automáticamente significaría la salida de Cataluña de la Unión Europea. Otra cuestión es la petición formal de entrada por parte de Cataluña como Estado independiente, que en el mejor de los casos supone un periodo de 10 años y necesita la aceptación por parte de todos los miembros, entre ellos España, que ya ha anunciado que en este hipotético escenario bloquearía la apelación.
Desplome de las exportaciones
Así, las empresas más afectadas serían aquellas que exportan directamente a la UE, y no es una cifra menor. De hecho, en los tres últimos años, estas representan un 65% del total, como muestra este gráfico.


Un dato relevante es que el año pasado Cataluña exportó más a Portugal que a Estados Unidos, China y Japón juntos, con lo que abandonar la UE no solo afectaría a los aranceles, sino que se llevarían a cabo nuevos controles administrativos. Esto se traduciría en menores ingresos, menores inversiones y, por lo tanto, menos empleo. En este sentido, la afirmación que hizo Adam Posen, del Instituto Peterson para la Economía Internacional, sobre el Brexit se puede aplicar igualmente para Cataluña: "Poner barreras al comercio es malo para tu economía. La salida de la UE es una manera de poner barreras al comercio. Punto final".
Pero eso no es todo. Otra pregunta que sobrevuela es qué divisa adoptaría el nuevo país. Por un lado, si crea su propia moneda, está en juego su nivel de credibilidad en los mercados. Esa divisa se podría depreciar y con ello elevar la inflación en Cataluña, afectando negativamente al poder adquisitivo de los trabajadores catalanes. Además, los beneficios que supone para la exportación una divisa débil se verían limitados por los costes de las importaciones y las barreras arancelarias de la UE. Mientras que en el caso de mantener el euro sin pertenecer a la UE, como ocurre con Montenegro, aparte de renunciar a la independencia monetaria, si uno de sus bancos se encuentra en una situación de estrés no puede contar con el BCE o el Fondo de Emergencia, por no hablar de las dificultades que encontrarían estas entidades para utilizar la deuda catalana como colateral.
Tan es así que, con el solo anuncio de una posible fecha para la celebración del referéndum este verano, la prima de riesgo de la región sumó 60 puntos básicos frente a la deuda española. En estos momentos, solo el 7,6% de la deuda de la región se corresponde con papel, pero en el caso de un Estado independiente, al Govern no le quedaría otra que aumentarla considerablemente. De hecho, según los cálculos de ING, la deuda pública catalana alcanzaría entre el 105 y el 120% del PIB.
En conclusión, para Minne, puede que "el coste económico para Cataluña proporcionalmente exceda el del Brexit para Reino Unido". "Construir una república catalana es un proyecto caro y la reducción de dichos costes depende de la buena voluntad de los gobiernos europeos, entre los que se encuentra el español". Por ello, "es difícil evaluar las consecuencias de un evento sin precedentes como este, pero en términos generales nos lo podemos imaginar", afirma.

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