miércoles, 3 de octubre de 2018

(España) Se vende familia numerosa al mejor postor: la historia de los 16 hijos Jiménez Peral

La familia Jiménez Peral es muy extensa. Parece extraída de una de esas películas que ensalzaban en blanco y negro y voz metálica la fecundidad patria. Son 16 hijos los que han ido criando Ángel Andrés (50 años) y Carmen Encarnación (48) desde que se casaron en 1994. Récord español con todos sus miembros en perfecto estado de revista. Y aún puede crecer, "aunque ahora, en los últimos tiempos, nos hemos ralentizado no sé por qué y la pequeña tiene ya tres años", revela la madre, que no muestra signos externos de embarazo. Así que por el momento son los que son: más o menos la plantilla de un equipo de fútbol. El motivo es, además de una notoria facilidad para procrear, la militancia en las "comunidades neocatecumenales" de sus dos miembros más adultos. Tanto es así, que el mensaje fijo en el WhatsApp del padre es: "Gracias por el don de la vida".

Ahora bien, la rutina diaria con tanta descendencia no es sencilla. Principalmente, porque no caben en casi ningún sitio. Un problema que esta numerosísima familia ha resuelto dejándose querer por los regidores de los pueblos sorianos. Y es que ellos solos, casi, pueden llenar la célebre España vacía (el total de habitantes de la provincia es de 90.000, tocando a ocho personas por cada kilómetro cuadrado).

Hasta el pasado mes de julio vivían en Málaga. Allí, Ángel trabajaba en una residencia para personas mayores. Pero se les acabó el contrato de alquiler y comenzó una infructuosa búsqueda de una residencia adecuada para tantas personas. "Se portaron bien las autoridades con nosotros, eso que quede claro, pero es que allí se han puesto las cosas imposibles con el turismo y los extranjeros que compran viviendas", explica el patriarca. Incluso el consistorio malagueño les ofrecía algunas viviendas sociales, pero, claro, se daba la paradoja de que por su tamaño (en torno a los 90 metros) era ilegal que se hacinase tanta gente en ellas. "Necesitamos una casa muy grande, aunque durante años nos hemos adaptado y dormíamos nueve en una habitación", precisa Ángel.

Así que empezaron a explorar otras soluciones. Les llamaron de un pueblo de Soria, Golmayor. Luego de otro, Los Rábanos. Más tarde de un tercero, "muy chiquitito y en la sierra, demasiado lejos de Soria capital, que es donde tenían que estudiar varios de los niños". Y, finalmente, José Antonio de Miguel, el alcalde de Almazán, pueblo de tamaño más que considerable para la zona (5.648 habitantes) y donde reside desde hace 20 años Jorge, un hermano de Ángel. "Se corrió la noticia de que nos mudábamos y para estos sitios tan chicos es como una lotería que venga tanta gente nueva y joven de golpe", comenta el padre. "Unos nos ofrecían unas cosas y otros otras, al final elegimos el que nos dio mejores condiciones", resume el hombre, que dice que en Los Rábanos (490 habitantes y a escasos kilómetros de Soria capital) les ofrecían llevar el día a día del club social. De Miguel ha tenido una vida política algo azarosa y pasó del PP a Ciudadanos, de donde a su vez se dio de baja tras un episodio en el que pagó, según informaciones de la época, a cargo de la Diputación de Soria una comida de 650 euros en su propio restaurante.

Una casa que es un hotel
La casa donde viven en régimen de alquiler es muy parecida a una residencia estudiantil y está pegada a un colegio religioso del pueblo, el Calasancio. De hecho, la casa donde viven era una residencia estudiantil, con capilla incluida, de la que aún se ve el sombreado de la cruz mientras cinco niñas de muy diversas edades juegan en una cama en la que también reposan una guitarra y un teclado. "Podríamos hacer una orquesta y, de hecho, varios van al conservatorio, donde estudian chelo y piano", informa Ángel. Cada cuarto tiene un papel donde están escritos con rotulador los nombres de sus moradores.

Hay también habitaciones en la planta superior, "pero allí están los mayores y mejor no subir porque vete tú a saber cómo lo tendrán", comenta Carmen Encarnación mientras regaña muy levemente a cinco de los varones, que están viendo los deportes en la tele, porque "al que le tocase no ha recogido la mesa". Por supuesto, comen en una mesa del tamaño de la de un restaurante especializado en bodas, bautizos y banquetes. En el colegio, al que nunca llegan tarde porque está pared con pared de la casa, son un pequeño ejército que se ha notado mucho en clases que no llegan a los 15 alumnos.

"Pedimos todas las ayudas posibles, evidentemente, todo lo que se pueda solicitar lo solicitaré, pero no se crea que esto es un chollo, sobre todo vivimos de mi trabajo", revela Ángel, que encontró una ocupación temporal en una residencia como auxiliar de enfermería nada más llegar, aunque se le acabó hace una semana. "Ahora tengo algunas ofertas y van saliendo cosas", dice cerca del coche algo destartalado que le han prestado y con el que traslada a sus hijos a las diversas actividades. Los lleva por turnos, claro, porque no le caben más que cuatro cada vez.

A Carmen Encarnación le duele la cabeza. Lo que no es extraño, aunque los chicos son más bien tranquilos. La intendencia de la casa es como la de un hotel. Tiene cuatro lavadoras. La ropa, montones de ella, es "heredada" en su mayoría. "Los hermanos de mi mujer tienen también muchos hijos y nos vamos todos pasando la ropa de unos a otros", explica Ángel, que, eso sí, precisa: "De vez en cuando también compramos algo, claro". La leche que consumen es más o menos la que se gasta en un colegio. Y así con todo. "Hemos recibido ayudas de la parroquia también", concede Jiménez.

Misioneros en Brasil
Y es que sus relaciones con la parroquia son muy estrechas, aunque alguno de los 16 hijos "ha tenido sus crisis de fe" y la mayor —licenciada en Historia, de 23 años y residente en Málaga— no es demasiado religiosa. La ligazón con la Iglesia llega al punto de que vivieron como misioneros en Brasil cerca de 10 años y allí nacieron cinco de sus hijos. Se fueron "a vivir a una casita de madera dentro de una favela para servir de familia modelo a esas personas". Se trataba de un barrio marginal a las afueras de Brasilia. "Era muy grande, 120.000 personas, y allí había muchas familias desestructuradas y gente que esnifaba pegamento", relata Ángel. Allí, la parroquia los proveía de alojamiento y alimento. Él se convirtió en una especie de médico rural que se desplazaba en bicicleta por las calles sin asfaltar del lugar, llamado Santa María, aunque su principal misión era "mostrar la dignidad de la persona".

Carlos Vallejo, portavoz de la plataforma ¡Soria Ya!, entiende y comparte las ofertas de los alcaldes a las familias numerosas: "A igualdad de condiciones, nadie se va a venir a vivir aquí", resume con cierto estoicismo. "No sabemos si estas iniciativas valen para mucho o no, pero desde luego es mejor que quedarse cruzados de brazos", insiste. Su organización se creó hace 17 años para pedir más infraestructuras, empresas y mayor facilidad para estudiar. Ahora, subraya, no se ha resuelto nada de todo aquello y además hay más cosas que no funcionan. "Somos muy pocos votos y por eso nadie nos hace ni caso", concluye Vallejo.

FUENTE: Con información de DANIEL BORASTEROS - https://www.elconfidencial.com ->> Ir
 

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