viernes, 6 de septiembre de 2019

(EE.UU.) Pobre niña rica: así cayó la abeja reina de los emprendedores

Durante una exitosa ronda de financiación de 32 millones de dólares, un director financiero detecta horrorizado que el aparato estrella de su compañía —que realiza análisis de sangre— podría ser un timo. “El Theranos 1.0 era en realidad una especie de juego de azar. Unas veces podía obtener un resultado y otras no… La imagen en la pantalla del ordenador, que mostraba cómo la sangre fluía a través del cartucho, era real. Pero nunca se sabía si se iba a obtener un resultado o no… Mosley estaba estupefacto. Pensaba que los resultados se extraían en tiempo real de la sangre que había dentro del cartucho. Eso era, ciertamente, lo que hacían creer a los inversores”.

Tras su caída del guindo, el director financiero se presenta en el despacho de la fundadora de la empresa y le espeta: “Hemos estado engañándolos. No podemos seguir haciendo eso”. Pero la dueña reacciona mal: “La expresión de Elizabeth cambió de repente. Su actitud alegre desapareció y dio paso a una cara de hostilidad. Era como si se hubiera pulsado un interruptor. Lanzó una mirada fría a su director financiero: ‘Henry, no eres un jugador de equipo’ —dijo en un tono helado—. ‘Creo que deberías irte ahora mismo’… Elizabeth no solo le estaba pidiendo que saliera de su despacho. Le estaba pidiendo que se fuera de la empresa, ‘inmediatamente’. Mosley acababa de ser despedido”.

Bienvenidos a la loca historia de una vendedora de crecepelos. O cómo la gran esperanza blanca de Silicon Valley —una emprendedora de 19 años llamada Elizabeth Holmes (1984)— presentó al mundo una ‘startup’ (Theranos) capaz de diseñar una máquina (Edison) que revolucionaría la industria médica: adiós a las agujas; hola a un artilugio doméstico para hacer analíticas con una sola gota de sangre. El iPhone de la sangre, sí, porque los medios vendieron a Elizabeth Holmes como la Steve Jobs femenina, la nueva niña bonita y mimada del Valle del Silicio.

Fondos de capital de riesgo y prohombres (de Henry Kissinger a Carlos Slim) pusieron una tonelada de dinero en sus manos. Theranos alcanzó los 9.000 millones de dólares de valoración antes de lanzar su producto al mercado, pero todo acabó saltando por los aires (otoño de 2015) tras una investigación de John Carreyrou (‘The Wall Street Journal’) en la que ex trabajadores de Theranos desvelaron el trampantojo. La máquina —que se había empezado a usar en ‘clínicas’ de grandes superficies— no funcionaba bien, Theranos hacía artimañas para analizar la sangre porque no contaba con tecnología propia para hacerlo; si uno se hacía un análisis con ellos, corría el riesgo de recibir un diagnóstico equivocado. Estábamos ante uno de los mayores fiascos de Silicon Valley en el siglo XXI. Era la hora de las demandas por fraude y de los cargos penales. ->>Vea más...

FUENTE: Con información de CARLOS PRIETO - El Confidencial
 

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