viernes, 6 de diciembre de 2019

(España) Sexo, muerte y descuartizamiento, la versión del detenido por la desaparición de Marta

Pasaban pocos minutos de las tres de la madrugada cuando Jorge Ignacio, colombiano de 37 años, decidió entregarse a la Guardia Civil. Lo hizo solo, sin compañía, después de esconderse durante 27 días en un domicilio de la provincia de Valencia. Abrió la puerta del puesto de la benemérita en la localidad de Carcaixent y se identificó ante los sorprendidos agentes: “Soy Jorge Ignacio Palma, el que andáis buscando por la desaparición de Marta Calvo. Vengo a entregarme y colaborar”. A partir de ese instante, los teléfonos comenzaron a echar humo. Despertaron a los agentes de homicidios de Valencia y los de la UCO mientras se hacían las pertinentes comprobaciones de su identidad.

En esencia, su versión es la siguiente: contactó con Marta a través de una página web, fueron hasta la casa del pueblo llamado Manuel, consumieron droga juntos, cocaína, practicaron sexo voluntario y Marta se murió accidentalmente. Jorge no es médico y no puede ofrecer una causa concreta del fallecimiento, pero, según lo describe, apuntaría a un fallo cardíaco.

El detenido, con sus antecedentes, cuenta que se asustó. Sobre sus espaldas, una detención en Italia con nueve kilos de cocaína pura, y en España, conducción temeraria, resistencia y contra la salud pública. Con ese panorama delincuencial, decidió no llamar a emergencias. Además, meses atrás, la Policía lo había interrogado por el fallecimiento de una prostituta en la zona de Ruzafa, en Valencia. En aquella ocasión, contrató los servicios de la meretriz y la hipótesis policial es que, además del sexo, pudieran haber consumido droga juntos. Él salió apresuradamente de la habitación, lo que llamó la atención de las compañeras de piso de la joven. Acudieron a verla y la encontraron en muy mal estado. Había tenido una reacción adversa a alguna sustancia. Avisaron al 112, pero los doctores no pudieron hacer nada por ella y acabó falleciendo.

El cliente, Jorge, no se había identificado y nadie sabía cómo dar con él, pero en la casa, sin que lo supiera, había una cámara de vigilancia escondida. Este aparato grabó una secuencia de apenas cinco segundos en que se le veía el rostro claramente. Se distribuyó su imagen y finalmente alguien lo identificó. Salió airoso del trance porque la Policía Nacional no pudo siquiera imputarle omisión del deber de socorro: no la dejó sola si no con sus compañeras de piso, que la asistieron. ->>Vea más...

FUENTE: Con información de NACHO ABAD - El Confidencial
 

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