martes, 21 de abril de 2020

(Colombia) Cantante Poncho Zuleta, entre los hombres que habrían intercedido por el “Ñeñe” Hernández

De que el ganadero José Ñeñe Hernández era un hombre muy bien relacionado no hay duda. Sus fotos en redes sociales, más audios y videos que han salido a la superficie recientemente, han dejado ver que departía con altos oficiales del Ejército y la Policía, que se hablaba de tú a tú con el poder de la Costa Caribe y que, incluso, estuvo invitado a la posesión del presidente Iván Duque junto con su esposa, la exreina de belleza María Mónica Urbina. Pero no solo por esa vía se ha hecho evidente su ascendencia en la Costa, especialmente en el Cesar y La Guajira.

El diario El Espectador tuvo acceso a dos entrevistas que dio Carlos Rodríguez Gómez entre 2016 y 2018, realizadas por la Dijín de la Policía y entregadas a la Fiscalía en el marco de la investigación por el asesinato de Óscar Rodríguez Pomar, hijo de Rodríguez Gómez, asesinado el 18 de agosto de 2011 en Barranquilla, justo en frente de la oficina de su padre, la cual él poco solía visitar. “Mi hijo queda expuesto frente al sicario arrodillado, que me lo mata en el suelo”, le dijo Rodríguez Gómez a los investigadores de la Policía. “Él había regresado a mi oficina era a dejarle unas llaves a un técnico”.

Esas dos entrevistas que rindió Carlos Rodríguez Gómez dejan ver cómo se movía y con quiénes se rodeaba el Ñeñe Hernández. En la primera, del 17 de abril de 2016 -casi cinco años después del asesinato de su hijo-, Rodríguez Gómez contó que el 4 de febrero de ese mismo año lo buscó un ganadero de baja estatura, ojos claros, tez morena y poco pelo, de unos 59 años, residente de Barranquilla, llamado Gustavo Gómez Maya. Su propósito: “Hablarme específicamente de una situación del señor Ñeñe Hernández”. Gómez Maya, contó Rodríguez Gómez, lo llamó en la mañana y a las 2:30 de la tarde llegó a su casa.

Según esta versión, el ganadero Gómez Maya empezó contándole a Rodríguez Gómez que se había visto en Riohacha con el Ñeñe Hernández, citado por el propio Hernández, en una casa en la que había generales y comandantes de la Policía y el Ejército. “Ñeñe le había dicho que quería solucionar el problema conmigo”, dijo Carlos Rodríguez Gómez. Agregó que, de acuerdo con las palabras de Gómez Maya, mientras el Ñeñe Hernández manifestaba esa intención mostraba en su teléfono celular el registro de llamadas del exgobernador de La Guajira, Francisco Kiko Gómez.

El mensaje que recibió Carlos Rodríguez Gómez fue que dejara de meterse con Kiko Gómez, quien, para esa época, ya estaba tras las rejas y llamado a juicio por el asesinato de un concejal y dos campesinos de La Guajira con ayuda de Marquitos Figueroa. De acuerdo con esta versión, el abogado del Ñeñe Hernández era “amigo del fiscal (del caso de su hijo)” y el mismo Hernández aseguraba que fue cercano de Óscar Rodríguez, así como que Carlos Rodríguez Gómez andaba cobrándole $2.000 millones. “Él no era amigo de Óscar”, refutó Rodríguez Gómez.

“Yo lo que le respondí a Gustavo era que nunca le había mandado a cobrar con nadie ni lo he amenazado ni le he dicho una grosería”, añadió Rodríguez Gómez, quien señaló que ese día dejó claro que, de su parte, no había interés de retaliaciones sino de justicia: “Que lo decidan los jueces”. El prestamista cerró diciendo que le preocupaba su seguridad: “Realmente he tomado esto como una advertencia de que deje las cosas quietas”. Al final de la diligencia, entregó a los investigadores el teléfono de Gómez Maya. El Espectador llamó a ese teléfono, pero estaba apagado. Gómez Maya ya rindió declaración bajo juramento.

De vallenatos y políticos
La otra entrevista la dio el 20 de junio de 2018. En ella comenzó dando un “relato claro, preciso y conciso” del día en que su hijo fue ejecutado, por petición de los investigadores de la Policía. Carlos Rodríguez Gómez contó que salió de su oficina con su hermano Pedro Rodríguez a recoger una camioneta y que su hijo, que estaba allí casualmente, los llevó. “Yo nunca me había montado en el carro de él”, indicó. “Tampoco era usual que él fuera mucho a la oficina”. Óscar Rodríguez Pomar volvió al sitio de trabajo de su padre a verse con un técnico de aire acondicionado. Esa fue la última vez que lo vio su padre.

“El sicario (Diego Carvajalino), que yo le di el perdón unos años después, me comentó que él se había equivocado, que le habían pagado para matarme a mí, pidiéndome perdón en una cárcel de Barranquilla”, señaló Carlos Rodríguez Gómez. El testimonio de Carvajalino (alias Dieguito), quien pactó un preacuerdo con la Fiscalía, fue esencial para la investigación porque él aceptó haber sido contratado por el clan Figueroa y fue quien dio las primeras pistas de que Marquitos Figueroa estaba involucrado en el crimen. Fue condenado a 21 años de prisión.

“Días antes a los hechos donde mi hijo (murió), el señor alias Kiko Gómez, exgobernador de La Guajira, me llamó hablando de lo que me podía suceder con estos indios de por acá”, dijo Rodríguez Gómez. A renglón seguido, expresó que, desde que mataron a su hijo en una calle de Barranquilla, él dio nombres, incluido el del Ñeñe Hernández, porque eran personas que le debían mucho dinero y que, él creía, podían estar interesados en afectarlo. En esa lista aparecían también Ómar Vanegas, alias Roco, exalcalde de Tenerife (Magdalena) y Edmundo González, alias el Peco, “de nacionalidad venezolana amigo de Ñeñe Hernández”.

Otros deudores que mencionó entonces Rodríguez Gómez eran “Beto Zabaleta” y “Beto López”. Con este último, incluso, tenía un proceso abierto por estafa y robo de ganado. Y aquí, de nuevo, en el relato de Rodríguez Gómez aparecieron más “intermediarios” del Ñeñe Hernández: “Una semana después se presentó una reunión en mi casa de unos señores muy prestantes en Valledupar, entre ellos Nelson Gnecco; Amadeo Tamayo, abogado; Emiliano Zuleta Días y una persona que conozco pero no recuero el nombre, sé que es de Valledupar.

Nelson Gnecco es primo de Kiko Gómez y hermano de Jorge Gnecco, quien, según las autoridades, fue “miembro asociado de las AUC y el mayor contrabandista de gasolina ilegal entre Venezuela y Colombia”. Amadeo Tamayo resultó implicado en una investigación contra Lucas Gnecco Cerchar -hermano de Nelson y de Jorge- hacia 2001, por un contrato mientras Lucas Gnecco era gobernador de La Guajira. Y Emiliano Zuleta Díaz es un famoso compositor vallenato, quien, junto a su hermano Poncho, conformó el grupo musical Los Hermanos Zuleta. Poncho Zuleta, según se ha visto en fotos, era buen amigo del Ñeñe.

Esa reunión, aseveró Rodríguez Gómez, era “para arreglar el problema económico que tenía el señor Ñeñe Hernández conmigo”, pero “yo les manifesté a ellos, con ese dolor, que la muerte de Óscar era la muerte de Óscar y que la deuda de Ñeñe Hernández conmigo era diferente”. Nelson Gnecco, dijo Rodríguez Gómez, era quien lideraba la reunión, y le ofreció “un apartamento como de 500 millones (de pesos) de una deuda de 2.000 millones (de pesos) que me debían, yo le digo, acepto lo que usted me dé”. Según esa versión, Gnecco procedió entonces a llamar al Ñeñe Hernández.

El asunto, sin embargo, no terminó bien. “Yo no voy a pagar un culo porque yo no debo un culo”, fue la respuesta que, según Rodríguez Gómez, le dio el Ñeñe Hernández a Gnecco. “Yo recuerdo que el señor Nelson cogió mucha rabia”, añadió. “Eso quedo así, yo le manifesté en el almuerzo que tuvimos en mi casa que ellos fueron utilizados para ver que sabía yo”. Por último, Rodríguez Gómez contó que “también recibía visitas del señor Lucas Gnecco Cerchar quien es amigo del papa de alias Peco (…) después de la muerte de mi hijo, preguntándome qué (sabía) yo, qué pensaba, por averiguar y saber qué más sabia yo del proceso”.

Esa investigación importa mucho hoy, pues en ella se hicieron unas interceptaciones que la semana pasada pusieron en aprietos al gobierno Duque. En ellas se oye al Ñeñe Hernández hablar de “buscar una plata para pasar bajo la mesa para soltarla en los departamentos”. El tema de la conversación eran las elecciones y la fecha fue el 3 de junio de 2018, justo antes de la segunda vuelta electoral por la Presidencia. El presidente Duque, por su parte, ha señalado que nunca fue cercano del Ñeñe Hernández y que este no puso ni un recurso para su campaña presidencial.

José Guillermo Hernández fue asesinado el 2 de mayo de 2019 en Uberaba, una ciudad ubicada en el estado brasilero de Minas Gerais. Lo que trascendió en ese momento fue que lo mataron por robarle su reloj Rolex, avaluado en varios millones de pesos. Carlos Rodríguez Gómez les contó a las autoridades que se había reunido en Valledupar con Paul Corrales Figueroa, sobrino de Marquitos Figueroa, y que este le aseguró que el clan de su tío nada tuvo que ver con la muerte de su hijo. “(Me dijo) que si su primo Ñeñe Hernández estaba metido, que le cayera el peso de la ley”.

FUENTE: ANÁLISIS URBANO - lanuevaprensa.com.co
 

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