miércoles, 13 de mayo de 2020

(Colombia) Corrupto-20 (+Opinión)

Por: Adriana Arjona - Hemos oído decir que lo urgente no debe desplazar lo importante. Pero ¿qué pasa cuando lo urgente es a la vez lo importante? Ahora, cuando el COVID-19 y el aislamiento acaparan toda nuestra atención, porque son urgentes e importantes, vale la pena preguntarse qué pasará con todo lo demás, que no es tan urgente pero sí importante.

Por ejemplo, ¿qué pasará con el tema de la compra de votos de la campaña de Duque? ¿Será que el manejo de la crisis que tantos le celebran hará que el país olvide la gravedad de este acto de corrupción? ¿Se le sumará a este asunto el escándalo del contrato de 3.500 millones para mejorar su imagen?

¿El Coronavirus nos hará olvidar que, justo antes de la pandemia, Duque le negó la entrada al país al representante de la ONU que tenía listo el informe sobre violación de derechos humanos en Colombia, alegando que estaba protegiendo nuestra soberanía?

Aquí lo olvidamos todo muy rápido. Hay que ver cómo las multitudinarias marchas de noviembre de 2019 se diluyeron con la natilla y los buñuelos en diciembre.

En Colombia tenemos una memoria muy cortita. Días antes del aislamiento, la Ministra del Interior salió a decir que en Colombia “berreamos” (sí, con esa palabra) por la masacre de líderes sociales, pero no por las personas que son asesinadas para robarles el celular. Olvidamos la mediocridad y el pobre sentido de la realidad de personajes como éste, y poco se habla de que ni la cuarentena ha logrado mantener a salvo estos líderes.

Me pregunto si lo urgente e importante, el virus, nos hará olvidar que le quitaron la curul a Mockus, mientras que las 56 denuncias abiertas en la Comisión de Acusaciones y las 28 investigaciones de la Corte Suprema de Justicia en contra de Uribe Vélez no han hecho mella alguna en el nervioso andar de caballito de paso de El Innombrable.

Ahora solo se habla de tapabocas y guantes, poco o nada se dice de Odebrecht o Hidroituango. Oímos a diario de desinfectantes y jabones, nada de la suciedad de Reficar. Se explica a diario la importancia del lavado de manos y el aislamiento social, apenas si se volvió a hablar de los nuevos falsos positivos o de los seguimientos ilegales del DAS ordenados por nadie quiere saber quién.

Se sabe, eso sí, de personas con poder que se han atrevido a obtener beneficios de la tragedia. Gente sin escrúpulos que saca provecho de esta emergencia. Algunos duplican el precio de los alimentos destinados a las familias más necesitadas; otros han puesto absurdos sobre costos a los uniformes para médicos y enfermeras; los más descarados han otorgado créditos a las grandes empresas en lugar de a los pequeños agricultores. Los corruptos aprovechan cualquier situación para conseguir más.

Hace poco leí que hicieron una investigación en la University College de Londres sobre la manera en que funciona el cerebro de un corrupto. Durante el estudio se hicieron diferentes experimentos en los cuales se inducía a los participantes al fraude. Al inicio, la amígdala manifestaba una fuerte reacción de rechazo ante los actos deshonestos pero, como lo indica la publicación Nature Neuroscience, “en la medida en que se repetían, sus respuestas eran cada vez menores, hasta llegar casi a no reaccionar, cuando éstos se convertían en frecuentes”.

Se sabe que la amígdala es la estructura encargada de interpretar las experiencias y los estímulos, y que el cerebro las acepta o rechaza de manera inmediata. Pero, como todo, a fuerza de repetición la amígdala también cede, y lo que antes le producía reacción de rechazo, con la frecuencia pasa a ser paisaje. Normal. X.

La amígdala se relaciona directamente con la deshonestidad, descubrieron en el estudio de la University College de Londres. Me pregunto qué pasaría si los científicos diseñaran un virus que atacara a todos aquellos cuya amígdala ya no reacciona ante actos de corrupción. La idea es que diseñen un virus que acabe con la parranda de ladrones que nos gobierna. CORRUPTO-20, podría llamarse. Un virus así se propagaría en Colombia de una manera mucho más acelerada que la del Covid-19. En poco tiempo, Colombia quedaría sin gobernantes. Sobrevivirían muy pocos. No por nada obtuvimos el indecoroso primer lugar dentro de los países más corruptos del mundo, como lo reveló en enero de 2020 el estudio realizado por la ONG alemana Transparencia Internacional.

Mientras no exista ese virus, el CORRUPTO-20, mientras nadie lo cree en un bienaventurado laboratorio, los corruptos en Colombia seguirán reproduciéndose como ratas de alcantarilla y llenarán cada vez más sus cuentas bancarias. Y si los pescan, pagarán una bien corta pena en casa por cárcel. Nada pasará. Para ellos, lo urgente e importante, seguirá siendo descubrir una nueva forma de vaciarnos los bolsillos y llenar suyos.

Ahora, si alguien diseñara el CORRUPTO-20 nos pondría en una difícil situación: los colombianos tendríamos que aprender a oír a los nuevos aspirantes a cargos públicos. Tendríamos que aprender a leer los programas de gobierno.

Tendríamos que aprender a elegir. Tendríamos que aprender a pensar, cosa que poco o nada se ha enseñado en este país. Eso no ha sido ni urgente ni importante.

FUENTE: Artículo de Opinión - Adriana Arjona - La Nueva Prensa de Colombia
 

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