martes, 20 de octubre de 2020

(Colombia) Eufemismos para Duque (+Opinión)

Por: Daniel Samper Ospina -
Un día en Colombia equivale a siete años humanos; a cinco siglos en Canadá; a la historia completa de Nueva Zelanda. Miren la lista corta de los sucesos de estos siete días: pillan en fuera de lugar al ministro de justicia por ver el partido de la Selección con sus hijos; Claudia López aparece súbitamente sentada en posición de flor de loto, en el Bronx, para invocar las fuerzas ancestrales que le permitan gastarse 5 mil millones de pesos pintando buses; Trump dice que Petro es un perdedor, un “loser”, (“a human loser”, digo yo: “the sixth better loser of the world”); Uribe propone un referendo para derogar la JEP; Roy Barreras, un referendo para derogar a Uribe; informan que el exsenador Pulgar habría pagado sobornos para desaparecer audios que lo inculpan. Y hay una minga de indígenas del Cauca y el presidente Duque no se digna a recibirlos: reserva su agenda para asuntos de verdadera trascendencia social, como preguntar al futbolista Santiago Arias por su lesión:

— ¿Cómo va ese pie, Santiago?
— Torcido, presidente: me duele el pulgar.
— En el Congreso también tengo un pulgar que me apoyaba y también resultó torcido.
— Gracias por la llamada, presidente.
— ¿Cuándo puedes venir a mi programa como invitado?
— Otro día, presidente: gracias.
— ¿Cuántas cabecitas sabes hacer?
— Muchas, presidente. Gracias.

Me sumaría al coro de voces que critican a Iván Duque por guardar silencio y no recibir a los indígenas del Cauca que no serán Maluma, claro que no, pero para muchos merecían espacio en la agenda presidencial. ¡Había tantos temas por hablar! Conminarlos a que, puestos a salir en grupo, se guardaran para el próximo día sin IVA que promoverá el Gobierno, en el cual podrán reemplazar las botas de cuero por unos crocs. Porque, como bien lo observó el ganadero y experto en moda José Félix Lafourie, salta a la vista que son guerrilleros porque llevan botas de cuero. Guerrilleros que contagian de Covid: así los define el gobierno de la equidad, de la empatía.

Me sumaría a las críticas, digo, pero la verdad es que he aprendido a valorar los silencios del presidente como solo me sucede con las canciones de Maluma, precisamente. Me gusta cuando calla porque está como ausente. Cada vez que habla, pone en peligro nuestro Estado de derecho. La única rama que respeta de verdad es la margarina. Que guarde silencio, finalmente, es un método seguro para preservar el equilibrio institucional.

La primera vez que el presidente cerró la boca fue para no pronunciar el nombre de Juan Manuel Santos: lo hizo tanto en el libro entrevista de Diana Calderón, como en el discurso de inauguración del túnel de La Línea. En ambas ocasiones aludía a Santos con pistas pero sin nombres: se refería al “director de aquella época de la Fundación Buen Gobierno”; o decía, vagamente, “conocí a un ministro de defensa que se vestía con pantalones color amarillo pollito, incluso cuando no estaba jugando golf en el Country con su esposa Tutina”. ->>Vea más...
 
FUENTE: Artículo de Opinión - Los Danieles
 

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